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Latinoamérica, ¿segura?

Al hacer negocios en la región hay que tener en cuenta el riesgo por seguridad que se asume en algunos países.

José Marulanda* / Especial para El Espectador

27 de diciembre de 2008 - 05:00 p. m.
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Con un invierno tempranero y la expectativa de la posesión del primer presidente negro en la historia de Estados Unidos, nos reunimos en Washington D.C. cerca de 200 especialistas, analistas, expertos e interesados en los temas de seguridad. Representantes del gobierno norteamericano, de multinacionales europeas de seguridad y de muchas reconocidas empresas transnacionales, echamos un vistazo a los hechos, pero sobre todo al horizonte que se avizora en 2009.

El narcotráfico continuará dominando la escena como generador de altos índices de violencia e intranquilidad. América Latina seguirá con el mayor número de muertes violentas con armas de fuego en el mundo, al tiempo que se consolidará como el continente con el mayor porcentaje de población habitando en ciudades, lo que lleva, entre otros fenómenos, a que el secuestro exprés, el secuestro “virtual” y la extorsión telefónica sean predominantes.

La violencia del narcotráfico se ha desplazado hacia México y Venezuela como consecuencia de la exitosa política de Seguridad Democrática en Colombia. Las rutas de los carteles, sus centros de acopio y sus teatros de operaciones se han focalizado por ahora en las fronteras México-E.U., México-Guatemala y Colombia-Venezuela. La República mexicana es actualmente, y lo será en 2009, el foco de preocupación de la comunidad de seguridad empresarial. La migración de este tipo de crimen organizado es también evidente desde Colombia hacia Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia. A pesar de todo el dinero invertido por Estados Unidos en el Plan Colombia y toda la sangre colombiana derramada en esta operación, se siguen produciendo cerca de 1.000 toneladas anuales de cocaína, que terminan en las narices de los norteamericanos y de los europeos, especialmente los españoles.

Las Farc, aunque debilitadas, aún representan un riesgo latente para Colombia y sus vecinos, mientras en Perú, Sendero Luminoso parece resurgir. Argentina, además, se avizora como un futuro escenario de narcotráfico aprovechando su intranquilidad política.

El año que llega, Colombia ya no será el primer país en las preocupaciones acerca de la inseguridad en la región. Ahora será México, y a renglón seguido, Venezuela.

* Consultor Internacional en Seguridad y Defensa

México

La violencia se incrementará y aunque la empresa privada no es hasta el momento un objetivo específico del crimen organizado, ya ha empezado a ser afectada de diversas maneras. La extorsión telefónica, por ejemplo, suplantando a Los Zetas —el sanguinario ejército privado de los carteles— está a la orden del día. La clonación de vehículos empresariales o el uso de autos verdaderos de las empresas para transportar drogas ilícitas ha aumentado.

En medio de la batalla gubernamental contra los carteles mexicanos y el desconcierto que ésta genera, la delincuencia común ha aprovechado para aumentar su actividad. El secuestro se incrementó en 2008 con 430 casos registrados, aunque cerca del 30% de los secuestros no se denuncian. El narcotráfico genera 400 mil millones de dólares anuales, produciendo como secuela cultural la corrupción, la desinstitucionalización y la violencia indiscriminada.

Venezuela

El cuadro estadístico delincuencial venezolano es dramático, con 130 asesinatos por cada 100.000 habitantes, uno de los más altos del mundo en el momento. El secuestro ha crecido cerca de un 400% y algunos organismos internacionales señalan a Caracas como la capital mundial del “secuestro exprés”. Con el aumento de la pobreza como fondo, los carteles de las drogas han tomado ventaja, en un proceso similar al de las favelas brasileñas de Río y São Paulo. El promedio de 30 robos diarios utilizando armas de fuego en Caracas —más de uno cada hora— da una buena idea de lo que está sucediendo.

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La frontera suroriental con Colombia se ha convertido en una tierra dominada por paramilitares, grupos de las Farc y narcotraficantes, antes mayoritariamente colombianos y ahora con participación venezolana. Los temores por las políticas de nacionalización en este país están vigentes en el mundo empresarial y el narcotráfico sigue corrompiendo todo lo que encuentra a su paso.

Perú

Aunque reducido y confinado, Sendero Luminoso ha resurgido recientemente emboscando al Ejército y a la Policía, en una reconocida alianza con el narcotráfico. A pesar de que el gobierno creó la región militar especial del VRAE (Valles de los ríos Apurímac y Ene) para combatir esta alianza criminal, la estrategia parece no estar dando resultados mientras la imagen virreinal del presidente García pierde estruendosamente su popularidad.

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Durante 2007 se registraron 70 conflictos sociales mayores, mientras este año hasta septiembre se han visto 170. Lima sigue siendo una ciudad con evidentes índices de inseguridad y violencia, aunque el secuestro que hace unos dos años parecía desbordarse, ahora se ha reducido. El narcotráfico representa un problema mayor y la presencia de núcleos de las Farc, especialmente en el departamento de Loreto, intranquiliza a las autoridades regionales.

Colombia

Aunque la política de seguridad democrática ha rendido sus frutos, lejos está este país de sobreponerse a su historia de violencia y confrontación. El crimen ha disminuido notoriamente, especialmente en lo relativo a secuestros y asesinatos. Resalta en este panorama el dramático retroceso de las huestes de las Farc que vienen siendo afectadas no sólo por la muerte de sus cabecillas, sino por la diaria deserción de sus efectivos y la desmoralización de sus mandos medios. El frente sur de las Farc, con más de 3.000 efectivos armados, parece seguir intacto en el suroriente del país, mientras su nuevo jefe máximo anuncia la continuación de la lucha. Con plazos cortistas y triunfalistas como los colombianos, aún está por verse qué rumbo sólido toma el security en este país.

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Ecuador

La delincuencia común ha venido aumentando lenta pero inexorablemente. Quito registra una estadística criminal de asaltos callejeros y robos a comercio y a residencias que antes no se veía. Y aunque después de muchos años es evidente una presencia real de autoridades militares y policiales en la zona limítrofe colombiana en las provincias de Carchi, Sucumbíos y Orellana, esta franja fronteriza se sigue identificando como parte de la retaguardia estratégica de las Farc, además de estar fuertemente influenciada por el narcotráfico. 

El temor de nacionalizaciones es una de las consideraciones principales de la gerencia multinacional. Y a pesar de que Correa se prevé sólido en su reelección, síntomas de impaciencia se empiezan a notar en la sociedad ecuatoriana.

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Otros escenarios

En Bolivia, los niveles de delincuencia son bajos. Sin embargo, el conflicto boliviano, que involucra diferencias territoriales, económicas, étnicas e ideológicas, además de vitales intereses argentinos, brasileños y venezolanos, está lejos de solventarse. En Brasil, la inseguridad como resultado de los niveles de pobreza y la actividad del narcotráfico, especialmente en São Paulo y Río de Janeiro, continuarán en 2009. En Argentina, el  narcotráfico empezará a marcar un derrotero en la inseguridad, de la mano de nuevos conflictos sociales que podrían perturbar seriamente el funcionamiento normal de muchas empresas.

Por José Marulanda* / Especial para El Espectador

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