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Kleiman es el editor de la revista especializada Journal of Drug Policy Analysis, profesor de política pública en UCLA y Harvard, y el académico estrella en el lanzamiento en inglés del libro Políticas antidroga en Colombia: éxitos, fracasos y extravíos, de la Universidad de los Andes, durante la Semana de Colombia en Harvard.
A lo largo de tres días, en la universidad mejor ranqueada del mundo, el Consulado de Colombia en Boston logró reunir a expertos de primera línea en temas como la primera infancia, la minería, el comercio y la política de drogas, con funcionarios y ejecutores de políticas públicas colombianos, como el general Óscar Naranjo y el director del ICBF, Diego Molano.
Para Naranjo, el libro de los Andes sobre drogas, editado por Alejandro Gaviria y Daniel Mejía, no es nuevo. Ya había estado en su lanzamiento en Colombia, junto al expresidente César Gaviria, quien escribe el prólogo. De hecho, algunos de los apuntes académicos han entrado en la discusión de las políticas antinarcóticos de la Policía.
Dicen expertos que, en la política antidroga hay dos fracasos monumentales: la política en sí y la discusión sobre esa política. Por décadas ha existido un abismo inmenso entre lo que dice la academia y lo que sucede en las políticas públicas. El evento en Harvard se suma a otra serie de gestos que indican la intención del gobierno del presidente Juan Manuel Santos de cerrar esa brecha y abrir una discusión basada en hechos. En efecto, fue el mismo presidente de Colombia quien abrió el debate hace varios meses, durante un viaje al Reino Unido, y más recientemente al plantearlo como un tema para la VI Cumbre de las Américas, que se realizará en Cartagena entre el 14 y 15 de abril.
“Aquí está la clave”, dice Mejía, “porque si esta discusión no se da con seriedad, por ejemplo en la Cumbre de las Américas, podría ser un debate que nace muerto”.
Mejía le reveló a El Espectador que los Andes va a abrir un nuevo Centro de Estudios sobre Drogas y Seguridad, cofinanciado por el Gobierno y el Open Society Institute. “En nuestro país hay disponible una cantidad importante de datos”, dice Mejía, y el Plan Colombia ofrece un antes y un después para hacer preguntas comparativas claves que hoy son interesantes en Colombia y en otros países, como México.
La relación entre la violencia y la lucha contra las drogas es uno de los puntos candentes del debate, pues la posición que EE.UU. expondrá en la cumbre es que la violencia en América Latina es causada principalmente por las instituciones débiles y no por las drogas.
Sin embargo, en un artículo inédito de varios de los expertos colombianos se pronostica que con una caída del 10% del consumo de cocaína en Estados Unidos, la tasa de homicidios en Colombia se reduciría en cerca del 36%. Por eso argumentan que la pregunta sobre si legalizar o no es secundaria. Se trata de encontrar una política de drogas que ataque la violencia y la adicción, y no las drogas en sí.
Según le dijo el general Naranjo a El Espectador, “tenemos que condenar a los narcotraficantes por asesinos y no por narcotraficantes”.
Sin embargo, hay una cantidad de opciones sobre la mesa que no incluyen la legalización. Kleiman, por ejemplo, ha propuesto estimular la disminución de la violencia en los carteles, enfocando los esfuerzos de la Fuerza Pública sobre los más violentos, y no sobre los que más drogas mueven.
Adoptar este tipo de ideas sería romper con el paradigma y darle un poco de sensatez a toda la discusión. Según Kleiman, eso sería un deber moral ante los fracasos de la guerra contra las drogas, pues, en cuestión de políticas públicas, concluye, “es inmoral intentar lo imposible”.