“La situación está terrible y los ataques fueron brutales. Hay muertos y heridos que no tienen nada que ver con la guerra y no apoyan a Hezbolá”. Najat Saliba, parlamentaria libanesa, está en Beirut, allí donde el miércoles ocurrió el ataque más violento del último mes, luego de que el grupo armado atacara a Israel por solidaridad con Irán en el enfrentamiento con Estados Unidos: más de 300 muertos y 1.150 heridos. No puede hacer mucho para mantenerse segura, solo evitar las zonas que pueden ser bombardeadas, que suelen ser aquellas consideradas como bastiones del grupo respaldado por Teherán. La vida entre bombas se ha reducido a comprar lo necesario en la mañana, pues en la tarde todo es mucho más callado. Cuando llega una alerta, no importa la hora, las personas tratan de buscar refugio. Ellas abandonan sus casas, dejan todo detrás, para tratar de encontrar, de alguna forma posible, un espacio seguro.
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Para algunos, como la periodista Sawssan Abou-Zahr, no existen palabras para describir el horror. Se le viene a la cabeza el término apocalipsis, pero también imágenes de la explosión de 2020 en Beirut o de la ocupación israelí de 1982: “Lo del miércoles fue casi una nueva versión de todo eso”. Es el shock que trae la brutalidad, pero también una sensación de impunidad: “El mundo parece tolerar una masacre tras otra. No hay forma de llevar a Netanyahu al sistema de justicia internacional, no hay forma de hacer un impeachment. Todo está relacionado”, y con ello también piensa en la Franja de Gaza.
De fondo, mientras habla conmigo, suenan los drones. No puede hacer nada. Solo quedarse en casa. Dice que es una forma de intimidación o de recolección de datos para un posible ataque, pero no tiene forma de saber con certeza. Lo único cierto es que de madrugada no puede dormir. Esa es su nueva rutina en Ain El Mreisseh, en Beirut. Entre la angustia, cada día lo gasta repasando en su cabeza a quién le falta llamar para saber si está bien. Apenas el miércoles, su sobrina le dijo que su casa estaba temblando. Le respondió que la suya también. Mientras tanto, recolecta historias de lo que está pasando. “La vida entre la tregua y las bombas no es vida. Respiro, pero no me siento viva. Entre la brutalidad, la locura, la rabia, la tristeza y el miedo, muchas veces me siento indefensa y abrumada”.
Netanyahu aseguró que no hay cese al fuego con Líbano y “ordenó abrir negociaciones directas lo antes posible” para, entre otros asuntos, desarmar a Hezbolá. Pero Abou-Zahr no habla de eso, habla de otra cosa: de un intento de ocupación israelí, sobre todo en el sur, y de los más de 1.2 millones de personas desplazadas (hacia las montañas y hacia el norte) que ha dejado esta guerra desde marzo. No quiere que su país termine en las mismas condiciones que Cisjordania y teme por Sidón, su ciudad natal, donde los ataques desde el otro lado de la frontera han dejado casas en ruinas y han matado personas.
El caos se ve en todas partes. Saliba menciona que todos los refugios en Beirut están llenos, incluso tienen sobreocupación. En los apartamentos abandonados se han asentado al menos dos familias y las calles están tan congestionadas que las ambulancias no pueden llegar a los sitios donde se presentan emergencias. Por eso cualquier ataque contra la capital resulta en tantas muertes, además de que al menos unos 10 km del sur del país han sido invadidos. “Nos preocupa que esto sea una anexión, e Israel no lo oculta. Es un reclamo amenazante y no lo aceptamos. Será muy difícil presionar a Israel para que retroceda en medio de los ataques diarios. Eso debe ser un punto clave al momento de una negociación, luego de que el ruido de la artillería cese”.
De llegar a suceder, cree que Egipto y Jordania podrían mediar unas discusiones, sin olvidar los países del golfo Pérsico y de Europa. Sin embargo, los Estados árabes llevan semanas conteniendo los ataques en forma de represalia desde Irán, tanto con misiles como con drones, y ya han dicho que su paciencia tiene límites. Aun así, Saliba se mantiene firme con la idea de que no hay una forma diferente de acabar una guerra que con conversaciones de paz: “Necesitamos un acuerdo de cese al fuego para que las negociaciones comiencen. Ojalá esto ocurra más temprano que tarde”. La resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU, aprobada en 2006 para poner fin a las hostilidades entre Hezbolá e Israel, y el acuerdo de cese al fuego en 2024 son el punto de partida, según la parlamentaria, para que se ejerza presión internacional hacia esa dirección. El otro pendiente es encontrar la forma de evitar que Teherán interfiera con la política libanesa y cese su apoyo a grupos armados.
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