Sin embargo, Homs está por estos días teñida de sangre. Según activistas de la oposición siria, en los dos últimos días han muerto 27 personas entre dicha ciudad y la de Bab Amro. De acuerdo con el Observatorio sirio de los Derechos Humanos, han resultado heridas también 124 personas, en su mayoría alcanzadas por el fuego de los bombardeos efectuados por la Fuerza Aérea.
Es paradójico lo que sucede. El grupo de observadores de la Liga Árabe aterrizó en Damasco, ayer, después de que una avanzada abonara el terreno para su llegada desde el jueves. Se trata de una delegación de 50 personas, dirigidas por el general sudanés Mustafa Dabi. Su primera labor consistió en dividirse en cinco subgrupos de diez que recorrerán los que parecen ser los puntos de mayor violencia desde que comenzó la revuelta contra Al Asad, hace 10 meses.
Con los últimos hechos a la vista, el grupo decidió visitar Homs de forma prioritaria, “debido a que este es uno de los lugares más turbulentos”, según informó una fuente de la misión que pidió reservar su nombre.
El Consejo Nacional Sirio, que agrupa a la oposición que exige la salida de Al Asad del poder, informó a través de su presidente, Burham Ghaliun, que desde la noche anterior algunos de los delegados de la Liga Árabe que evaluarán la zona ya se encontraban en Homs, pero les fue imposible comenzar con sus trabajos: “Declararon que no pueden ir a los lugares donde las autoridades no quieren que vayan”.
De acuerdo con cifras de Naciones Unidas, la represión en Siria ya alcanza la cifra de 5.000 muertos, en la lucha más extendida y dura de la Primavera Árabe.