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“Dos años de pesadilla”: los servicios médicos en Gaza enfrentan una nueva amenaza de Israel

Israel notificó a Médicos Sin Fronteras que bloqueará su operación en Gaza desde finales de febrero por la negativa a entregar información de identificación de su personal. Desde Amán, Jordania, Felipe Ribeiro, coordinador de emergencias de MSF, reitera que continuarán mientras tengan existencias de suministros.

Hugo Santiago Caro

12 de febrero de 2026 - 06:00 p. m.
Palestinos heridos reciben tratamiento en el Hospital Nasser en Khan Younis, Franja de Gaza.
Foto: EFE - HAITHAM IMAD
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¿Qué significa en términos prácticos para MSF la orden de expulsión de la Franja de Gaza? ¿Qué servicio médico específico se vería afectado de inmediato si eso ocurre?

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En primer lugar, no vamos a detener nuestras operaciones el 1 de marzo. Eso debe quedar claro. En realidad, el gobierno israelí nos informó que a partir del 28 de febrero ya no se nos permitirá operar. Sin embargo, seguimos registrados en Palestina. Básicamente operamos en la región bajo dos registros principales. Uno con Israel, porque controla todo el acceso a Palestina y no tenemos otra opción cuando se trata de ingresar personal o suministros. Pero estamos principalmente registrados ante la Autoridad Palestina, es decir, oficialmente estamos autorizados a trabajar en Palestina.

El problema que vamos a enfrentar ahora, y que ya hemos empezado a sentir, es que no podemos ingresar personal internacional ni traer más suministros. Pero aún contamos con existencias que nos permiten mantener las operaciones durante bastante tiempo, lo que nos da margen, si así lo decidimos, para encontrar alternativas y posibles soluciones.

En ese intercambio con Israel, fue clave en la negociación con MSF la información de su personal, ¿cuál fue el punto de quiebre con las autoridades israelíes que llevó a MSF a decidir no entregar esos datos?

El punto de quiebre fue que no pudimos reunirnos ni mantener una discusión abierta sobre todo el proceso. Es decir, ¿qué significa concretamente proporcionar la lista del personal a Israel? ¿Qué iban a hacer con esa información? ¿Dónde se almacenaría? ¿Con quién se compartiría? ¿Qué pasaría si luego regresaban a nosotros señalando a alguien y bajo qué argumentos?

Podrían fácilmente marcar a alguien diciendo que esa persona está señalada por razones de seguridad. Pero qué significa eso en términos concretos, no lo sabemos. Ante la ausencia de garantías, de información y de un diálogo abierto, llegamos a la conclusión de que no estábamos en condiciones de compartir esa lista.

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También debemos tener en cuenta que, en los últimos dos años, 1.700 profesionales de la salud han sido asesinados y 500 trabajadores humanitarios han muerto, incluidos 15 de nuestros colegas. Y como también es sabido, entre los objetivos de Israel durante la guerra, los periodistas estuvieron entre los principales blancos. La prensa internacional sigue teniendo prohibido el acceso.

Los profesionales médicos, así como los trabajadores humanitarios, estuvieron igualmente entre los principales afectados por la guerra. En ese contexto, es fácil entender por qué fuimos muy reacios a proporcionar datos de identificación personal de ciudadanos palestinos que viven en Palestina a una de las partes del conflicto.

Según su experiencia en otros conflictos, ¿qué riesgos específicos enfrentan los trabajadores locales cuando se les exige compartir una lista del personal humanitario?

Si me permite, haré una especie de analogía; no es una comparación exacta, sino una analogía. ¿Qué pasaría si mañana Rusia nos pidiera en Ucrania los nombres de nuestros colegas ucranianos? De eso es precisamente de lo que estamos hablando. Estamos hablando de una potencia ocupante que libra una guerra desproporcionada, que ha tenido a los trabajadores humanitarios como objetivo desde el primer día, y que ahora quiere acceder a la lista de las mismas personas que, en la práctica, ha estado atacando durante los últimos dos años. Esa es la realidad.

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¿Cómo describiría el estado actual del sistema de salud en Gaza? ¿Hasta qué punto depende de las organizaciones humanitarias internacionales?

El sistema de salud ha sido destruido por Israel. Más de la mitad de los hospitales están solo parcialmente funcionales. Hay menos de 2.300 camas hospitalarias para una población de dos millones de personas.

Puede imaginar lo que eso significa. Los servicios básicos no están disponibles. Israel impone numerosas restricciones y bloqueos a la importación de insumos médicos debido al llamado “doble uso”, es decir, el riesgo de que ciertos materiales puedan ser utilizados con fines militares. Hablamos de cosas tan básicas como mesas de operaciones, básculas para bebés o jeringas. Es una pesadilla lograr que entren suministros. Otra particularidad del contexto es que la gente no puede salir, está atrapada. En un mismo lugar se concentra todo al mismo tiempo: un sitio donde las personas son desplazadas, donde son enterradas, donde son atacadas.

Nuestros colegas, después del trabajo, cuando regresan a casa, no tienen casa. No hay viviendas. En el mejor de los casos, viven en tiendas de campaña y aun así enfrentan el riesgo de bombardeos, ataques, combates o lo que sea. Y, para ser claros, la situación es mejor que antes. Hay un alto el fuego. Sin embargo, desde el inicio del cese al fuego, más de 500 palestinos han muerto y más de mil han resultado heridos. Eso significa que seguimos en una situación en la que la violencia continúa.

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La gente no tiene adónde ir. No puede huir. Uno de los derechos más básicos cuando se está en un campo de batalla es poder escapar. Aquí eso no ocurre. Y la orden israelí no afecta solo a los médicos. Afecta a muchas organizaciones.

¿Qué impacto prevé en indicadores específicos como la mortalidad, el acceso a cirugías, el tratamiento de enfermedades crónicas o la atención que ya era insuficiente?

Enorme. Y no solo en el sistema de salud. Lo mismo ocurre, por ejemplo, con el suministro de agua: más del 50 % es proporcionado por ONG. En el caso de MSF, estamos operando y gestionando cerca de una tercera parte de las camas, es decir, entre el 20 % y el 25 % del total. Si realmente tuviéramos que cesar nuestras actividades —nosotros y nuestros colegas de otras organizaciones—, el impacto en la vida diaria de la población sería enorme.

Y, quizá aún más importante, si nos vemos obligados a cesar operaciones y marcharnos, eso significaría que el ya muy limitado número de testigos capaces de informar sobre lo que está ocurriendo desaparecería. Nos enfrentaríamos al riesgo de un conflicto de baja intensidad, pero a puerta cerrada, sin nadie que pueda reportar lo que sucede.

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¿Cree que esta decisión podría sentar un precedente para la labor humanitaria en otros conflictos? ¿Por qué?

Sí lo hace. Si uno revisa la historia, Israel nunca ha mostrado realmente una voluntad clara de acatar el derecho internacional humanitario. Y esta vez han ido incluso un paso más allá. Según el derecho humanitario, la potencia ocupante tiene la obligación de permitir que las organizaciones humanitarias operen en el territorio que controla, así como de garantizar los servicios básicos para la población. Durante años no lo han hecho, y ahora han ido todavía más lejos al pedir a las ONG, en nombre de la “transparencia” o lo que sea, que proporcionen garantías de seguridad a la propia potencia ocupante.

Eso representa un cambio profundo en la forma en que se aplica el derecho internacional humanitario. ¿Podemos imaginar que mañana Rusia les pida a las ONG en Ucrania que garanticen la seguridad de los soldados rusos? No me cabe en la cabeza.

¿Existen otros mecanismos que podrían explorarse para mantener algún tipo de apoyo médico incluso sin una presencia directa en el territorio?

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Sí tenemos una presencia directa. Si se mira el terreno, de las más de mil personas que trabajan actualmente con MSF, hablamos de unos 50 trabajadores internacionales y más de mil palestinos. Eso significa que, de una u otra forma, seguiremos allí con nuestros colegas nacionales, que continuarán la labor. El principal problema será cómo garantizar que podamos seguir apoyando las instalaciones.

La presencia de personal internacional también es clave. No porque seamos más competentes, ni mucho menos. Nuestros colegas locales son, en muchos casos, mucho más competentes que nosotros. Pero nuestra presencia funciona, de algún modo, como una protección. Una “protección por presencia”. Como extranjero, puedo estar en una mejor posición para manejar negociaciones difíciles en un contexto extremadamente restrictivo. Puedo alzar la voz con mayor facilidad. Puedo reportar, porque tarde o temprano yo podré salir.

Por eso la presencia de personal internacional es importante: por solidaridad, por el aporte de experiencia o conocimientos específicos, pero sobre todo por nuestra capacidad de afrontar situaciones difíciles, dar testimonio e informar sobre lo que ocurre.

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El personal en Gaza probablemente es el centro de toda esta discusión. En este contexto, ¿cómo está afectando esta situación a ese equipo, especialmente al personal local?

Están bajo un nivel de estrés enorme. Han atravesado dos años de pesadilla. Tengo más de 25 años de experiencia en el terreno y nunca había visto una situación así. Estamos hablando de un territorio muy pequeño donde todo ocurre al mismo tiempo. Comes, duermes, entierras a tus seres queridos, estás bajo ataque, sin posibilidad de escapar. Esa ha sido la realidad durante los últimos dos años, y sigue siéndolo hoy.

Todo está destruido. El nivel de devastación es inimaginable. Las zonas de Gaza que hoy controla Israel están inundadas. No queda nada. Israel controla más del 50 % del territorio, y los dos millones de personas de las que hablamos sobreviven ahora en menos de la mitad del espacio donde antes vivían. Y uno de los elementos más duros es la incertidumbre. No saben cómo podrán sobrevivir. No saben cuál es la razón. ¿Cuál es su futuro? ¿Cuál es el futuro de sus hijos? Nadie les ofrece realmente una respuesta.

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Mirando hacia adelante, ¿cuáles son los escenarios más probables que prevé para la relación con las autoridades israelíes y para un eventual regreso de las operaciones de MSF en Gaza?

Creo que todavía es demasiado pronto para decirlo. Necesitamos dejar que la situación se asiente, porque todo ha ido demasiado lejos. Como seguramente ha visto, también ha habido una campaña de desprestigio, con acusaciones de todo tipo contra MSF. No es momento aún de pensar en cómo retomar el trabajo conjunto, pero en algún punto tendremos que reabrir ese diálogo.

En algún momento habrá que encontrar una solución, a menos que Israel decida simplemente abandonar Gaza, algo que no creo que vaya a suceder. Tarde o temprano tendremos que sentarnos a dialogar. Y, una vez más, no estamos pidiendo que Israel nos registre. Ese no es el problema. Ni siquiera deberíamos estar atravesando este proceso. Lo que pedimos es simplemente que nos permitan ingresar suministros y personal, tal como están obligados a hacerlo según el derecho internacional.

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Por Hugo Santiago Caro

Periodista de la sección Mundo de El Espectador. Actualmente cubre temas internacionales, con especial atención a derechos humanos, migración y política exterior.@HugoCaroJhcaro@elespectador.com
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