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Luiz Inácio Lula da Silva es el primer mandatario latinoamericano que se reúne con el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en la Casa Blanca. Lo hará el próximo sábado 14 de marzo, por iniciativa del estadounidense, que lo llamó días después de la cumbre de urgencia del G-20 a finales del año pasado en Washington, para felicitarlo por “su liderazgo para encontrar salidas a la crisis financiera global” y para invitarlo a discutir sobre el tema “personalmente”. Igual que lo hiciera George W. Bush con Álvaro Uribe, Obama decidió que su mejor socio en América Latina fuera Lula da Silva.
Esta no es una elección gratuita. Obama sabe que ningún otro mandatario latinoamericano tiene la influencia política y económica de Lula. El brasileño es el único que se da el lujo de reunirse con la izquierda más radical de la región —encarnada por Hugo Chávez, Rafael Correa y Evo Morales— mientras presta sus buenos oficios de mediador en países como Colombia. No en vano, el mandatario venezolano recurrió a Lula para acercarse a la administración estadounidense.
Gracias a estos dos principios: moderación y discreción, Lula se mueve como pez en el agua en el plano internacional. Eso, sumado a los excelentes indicativos a nivel doméstico, lo llevan a la cita con Obama como un líder indiscutible que no está dispuesto a asumir el papel de mensajero.
“Somos un continente democrático y pacífico, y Estados Unidos debe mirar hacia acá con un enfoque progresista y no sólo pensando en narcotráfico y en crimen organizado”, aseguró el jefe de Estado brasileño. En un rápido contacto con la prensa, Lula dijo que el principal objetivo de su viaje a Estados Unidos es convencer al presidente norteamericano de ser “socio” de Latinoamérica y de ayudar a fortalecer el continente.
El petróleo, la agenda oculta
Pero tras bambalinas, a lo que ambos gobiernos le apuntan es al mercado petrolero, asunto que, según algunas fuentes diplomáticas estadounidenses, ocupará casi toda la agenda del sábado. Está claro que Washington les tiene el ojo puesto desde hace meses a los recién descubiertos pozos frente a los litorales de Río de Janeiro y São Paulo. Y también es evidente que Brasil quiere aumentar su presencia en el mercado de hidrocarburos norteamericano, aunque ello implique una colisión frontal con los intereses venezolanos.
Hasta ahora, Venezuela coloca entre el 40 y 70% de su producción en el mercado energético estadounidense. Sin embargo, el crudo brasileño es muy atractivo para el sector en ese país. Explican los expertos que es de alta calidad, más ligero que el de Venezuela y se requeriría una menor inversión para refinarlo. Si Lula llegara a concretar ese acuerdo, Caracas perdería un ingreso de US$80 millones diarios.
“No creo que Lula vaya a interceder por Venezuela. Él es competidor y componedor al mismo tiempo. Brasil ya sustituyó a Venezuela en un tercio del suministro petrolero a Estados Unidos y ahora necesita el capital norteamericano para la explotación de sus reservas. En una palabra, Brasil va a destronar a Venezuela como un proveedor confiable, muy a pesar de Chávez”, explicó el ex canciller venezolano Simón Alberto Consalvi.
Y es que a pesar de la retórica explosiva del mandatario venezolano, es bien sabido que Caracas necesita a Washington como socio energético. “Con la crisis financiera mundial, el precio del petróleo por abajo de los 50 dólares y la situación interna cada vez peor, Chávez podría querer buenas relaciones con Obama, pero para cuando se dé cuenta, Lula ya habrá ganado mucho terreno”, sostuvo Marta Sánchez, politóloga de la Universidad Central de Caracas.
“No creo que las relaciones entre Lula y Chávez se dañen por esta visita. El brasileño siempre ha hablado claro, le ha dicho a Chávez que le baje el tono al discurso y ha sido como un muro de contención para Venezuela. Si Lula se mueve mejor, el problema es de Chávez”, agrega Sánchez.
La metamorfosis
Este es sólo un ejemplo del “lulismo”, como fue bautizado el estilo de hacer política del mandatario brasileño y que le ha merecido en ocasiones la acusación de oportunismo y cinismo político. “Durante sus primeros cuatro años de gobierno, Lula fue muy cauto, demasiado. Después decidió que tenía que convertirse en un estadista popular, en un hábil político que pudiera moverse entre las aguas populistas de la región y, a la vez, en los grandes foros mundiales”, asegura Geraldo Mendez, analista político de São Paulo.
Desde el año 2006 cuando fue reelegido, el ex sindicalista se propuso poner a Brasil en el lugar que muchos de sus antecesores soñaron y no lograron. Gracias a su intuición política, el brasileño creó un ambicioso plan que fue pulido por sus hombres más cercanos.
Lula dedicó buena parte de su gobierno a las relaciones internacionales: se propuso revitalizar el Mercosur y construir una América estable y unida; se reunió con todos los mandatarios latinoamericanos y con un discurso claro y respetuoso los convenció de su liderazgo. Tanto así, que luego de la crisis tripartita —Venezuela, Colombia, Ecuador— desatada por la
operación colombiana contra Raúl Reyes , Lula da Silva capitalizó la crisis. Hizo saber que de este conflicto podría surgir una iniciativa común de defensa y, un año después, logró que los 12 ministros de Defensa de la región consolidaran el Consejo de Defensa Suramericano. Con su astucia diplomática, Lula logró el sí de países tan contrarios como Bolivia y Colombia.
Éxito interno
Con el mismo carácter de su diplomacia, Lula logró en casa lo mismo que hizo su cuerpo diplomático en el exterior: unir los polos más distantes, las grandes empresas y los sindicatos, los ejecutivos y los habitantes de las favelas, lo que le ha permitido que hasta hoy, según el último Latinobarómetro, su gestión cuente con el 79% de aprobación y su desempeño sea el mejor evaluado de toda la región.
Su principal apuesta fue la educación. En su primer gobierno creó un fondo oficial focalizado en la educación primaria y un intensivo programa de becas universitarias; a 2007, el Estado entregó 265.000 becas en 1.985 instituciones de educación superior y extendió la cobertura en educación básica al 97,6% de los niños y niñas entre siete y catorce años. “Educación es inversión”, recalcó esta semana Lula ante los rumores que presagiaban una reducción en el presupuesto educativo.
Pero no todo ha sido rosas para el gobierno brasileño. Más allá del anuncio de construir 12 millones de viviendas antes de 2010, la oposición política ha sido implacable con Lula. Sobre todo con los grandes escándalos que involucraron a funcionarios públicos: el desfalco de 240.000 dólares en 2006 que le costó el puesto a Walfrido Mares Guía, ministro de Trabajo, o la acusación contra su hijo Fábio Luís por enriquecimiento ilícito al firmar un contrato por US$6 millones con una empresa de telecomunicaciones de la que el Estado es accionista.
Aún así, la popularidad de Lula se mantiene por los aires. Ni siquiera el último escándalo de interceptación de llamadas a opositores, descubierto la semana pasada, ha logrado reducir ese índice. Y a pesar del respaldo, ya dejó claro que no se postulará para un tercer período. “A este país le costó mucho consolidar su democracia y no seré yo quien acabe con ella”, aseguró Lula da Silva a quienes tratan de endulzarle el oído para que se vuelva a presentar a las urnas para las elecciones de 2010.
Por lo pronto, Lula ha conseguido quedarse en la memoria de su país. Así lo demuestra los casi US$5 millones que ha logrado conseguir el director de cine Fabio Barreto para filmar la película Lula, el hijo de Brasil.
Aún falta mucho, sin embargo, para que en la historia Lula se convierta en el protagonista de una película inmortal. Tendrá que dejar un país capaz de ser una potencia petrolera, sin arruinar otros sectores de la economía, y deberá profundizar la lucha contra la corrupción estatal; Lula deberá dejar un Brasil capaz de seguir creciendo sostenida y equitativamente, así caigan los precios de los alimentos. Un primer gran indicador será superar la ola de recesiones que se cierne sobre el mundo. Y algunos afirman que, de hecho, será la única economía emergente en lograrlo.
A nivel internacional le queda un gran reto: conseguir el anhelado asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. Después de esto tal vez se escuche con más frecuencia al mandatario insistir en lo que ya ha sugerido tantas veces: “Dios es brasileño”.
Los hombres clave del presidente brasileño
Marco Aurelio García
Principal Asesor de Lula
Cada vez que estalla una crisis a nivel internacional, es este hombre el que viaja en representación de Lula. Dicen que es el estratega y negociador de Brasil.
Celso Amorim
Ministro de Relaciones Exteriores
Es el hombre clave de las relaciones de Brasil con el resto del mundo. Acompaña a Lula desde 2002 y ha sido el gestor de la campaña internacional del gigante suramericano.
Roberto Mangabeira
Ministro de Asuntos Estratégicos
Mangabeira Unger se desempeñó como profesor en la prestigiosa Universidad de Harvard y tuvo como alumno al presidente de los Estados Unidos Barack Obama.