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Como preámbulo, el gobierno israelí anunció que construirá mil nuevas viviendas en los territorios palestinos ocupados. La noticia sólo aumenta la desesperanza reinante en esta reanudación de diálogos.
El ministro de Vivienda de Israel, Uri Ariel, confirmó la construcción de nuevas edificaciones en Cisjordania y Jerusalén Este. Fue un anuncio precedido por otras autorizaciones para construir 800 viviendas, legalizar alrededor de 200 e incluir 90 colonias israelíes en el grupo de poblaciones que recibirán ayuda extraordinaria del Gobierno. Estas decisiones han sido condenadas por EE.UU., la Unión Europea y la Autoridad Nacional Palestina.
Saeb Erekat, jefe del equipo negociador de Palestina, ha dicho que a Israel le falta seriedad para negociar, porque lo hace “desafiando el derecho internacional”. La construcción de asentamientos es considerada un crimen de guerra por la Corte Penal Internacional y es rechazada por múltiples resoluciones de la ONU. La Corte Internacional de Justicia, en una opinión consultiva no vinculante, dijo en 2004 que el muro israelí y su régimen de asentamientos, infraestructura y caminos exclusivos para israelíes constituyen una grave violación a la ley internacional y a las obligaciones del poder ocupante.
Para los palestinos, el problema de dialogar mientras crecen los asentamientos israelíes, es que su territorio está cada vez más reducido y fragmentado, lo cual aleja las posibilidades de negociar un Estado soberano. En una entrevista con este diario, Erekat habló de los obstáculos para iniciar un proceso en el marco del derecho internacional: “Queremos un proceso significativo, donde existan claros términos de referencia. No uno que sólo sirva de cortina de humo para que Israel continúe con sus políticas de colonización, como fueron 20 años de negociaciones en los que Israel casi triplicó el número de colonos de 180.000 a más de medio millón. Debido a eso no hemos logrado la paz, porque para algunos es más importante el proceso que la paz”.
Antes de las reuniones preliminares que las delegaciones de ambos países tuvieron en Washington el 30 de julio, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu dio una “muestra de voluntad de paz” al anunciar la liberación de 104 presos palestinos. Pero, días después, el diario israelí Maariv reveló que, para lograr que su consejo de ministros aprobara la liberación, Netanyahu habría hecho un pacto secreto con el partido ultranacionalista Hogar Judío (que controla el Ministerio de Vivienda), en el cual se comprometía a impulsar la construcción de miles de asentamientos en territorios palestinos.
Netanyahu ha respondido a las acusaciones de Erekat diciendo que son una “incitación al odio” y que “envenenan” a las nuevas generaciones con el repudio al Estado de Israel.
El panorama actual no es distinto al de los previos intentos de diálogo que fracasaron. Barah Mikail, investigador de Oriente Medio de la Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior, dijo a este diario que “hay que reconocer que a pesar de que israelíes y palestinos no están de acuerdo sobre la solución que cada uno quiere, es Israel el que sigue rechazando las negociaciones serias. Israel prefiere el statu quo. Le conviene más que negociar algo que lo llevaría a reconocer que está ocupando los territorios palestinos”.