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"No soy un monstruo, pude haberlos matado a todos"

El 'carcelero de Amstetten', quien mantuvo 24 años a su hija en un sótano y tuvo con ella siete hijos, se defiende ahora a través de unas declaraciones reveladas por su abogado a un diario austriaco.

El Espectador

07 de mayo de 2008 - 03:46 a. m.
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Josef Fritzl, el electricista austriaco que mantuvo cautiva durante casi un cuarto de siglo a su hija, con la que tuvo siete hijos, ha dicho no ser un "monstruo" porque contó con la posibilidad de matar a sus víctimas sin ser descubierto y no lo hizo.

Son parte de las declaraciones que Fritzl ha hecho a su abogado, Rudolf Mayer, y que éste ha revelado al diario sensacionalista austriaco Österreich. "Podría haberlos matado a todos, entonces no hubiese pasado nada. Nadie me habría descubierto", ha asegurado el jubilado de 73 años.

La Fiscal del Estado federado de Baja Austria interrogó este miércoles por primera vez al mostruo de Amstetten, quien ha mostrado su "disposición a cooperar" con la justicia, ha declarado Gerhard Sedlacek, portavoz de la Fiscalía.

Según ha señalado Sedlacek, el primer interrogatorio a Fritzl estuvo centrado en su vida privada. El portavoz precisó que la fiscal, Christiane Burkheiser, no va a revelar el contenido del interrogatorio, que duró unas dos horas. La próxima entrevista con el acusado se celebrará en un par de semanas.

En su intento por defenderse de las atrocidades que se le imputan y minimizarlas, Fritzl recuerda en la declaración que su abogado ha filtrado al diario Österreich que el pasado 19 de abril fue él mismo el que decidió sacar del sótano y llevar al hospital a Kerstin, de 19 años, la mayor de sus hijos-nietos, para salvarla debido a la gravedad de su estado de salud.

Fritzl encerró durante 24 años a su hija Elisabeth en un sótano bajo su casa en la localidad de Amstetten. Allí la violó sistemáticamente y tuvo siete hijos con ella. Uno de ellos murió al nacer y Fritzl se deshizo de él quemándolo en un horno de la vivienda.

Adoptó a tres y los hizo vivir en su casa con su mujer, mientras que en el sótano mantuvo a los otros tres, que nunca vieron la luz del sol, y a Elisabeth, a la que recluyó con 18 años y que ahora tiene 42.

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Kerstin nació en el calabozo subterráneo hasta el día en que su padre-abuelo la sacó, en estado inconsciente. Fue la aparición en el hospital de esta joven, que en ninguna parte estaba registrada ni tenía documentación y presentaba un cuadro clínico extraño, al parecer una enfermedad genética propia del incesto, lo que alertó a las autoridades y llevó finalmente a descubrir el peor caso de abuso e incesto que se conoce en Austria.

Por El Espectador

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