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Este lunes los presidentes de Colombia, Juan Manuel Santos, y de Venezuela, Nicolás Maduro, intentarán resolver la crisis diplomática desatada tras el cierre unilateral de la frontera, desde el 19 de agosto, la deportación de miles de colombianos y la expulsión y retorno “voluntario” de casi 20.000. A la cita en Quito llegan gracias a la mediación de los presidentes de Ecuador, Rafael Correa, y Paraguay, Tabaré Vásquez. El Espectador habló con Juan Fernando Bautista, primer embajador del gobierno Santos en Venezuela y exalcalde de Cúcuta para analizar qué esperar de la reunión de hoy.
¿Cuál puede ser el planteamiento que lleve el presidente Santos a la cita con Maduro?
Lo primero, el rechazo a las medidas tomadas por el gobierno Venezolano de cerrar la frontera y, lo peor, de expulsar a ciudadanos colombianos que solo están contribuyendo al desarrollo de Venezuela con su trabajo y esfuerzo; separando familias que en un gran numero tienen parejas e hijos nacidos a uno o a otro lado de la frontera, terminando con sus sueños. Las medidas solo castigan a muchas personas que con sus pocos esfuerzos llegaron a construir sus propias viviendas, con fuertes y entrañables nexos familiares en los dos países. El segundo punto, es el desmonte de esas decisiones unilaterales y equivocadas que se han adoptado por parte de vecino país , y finalmente resolver la cuestión de cómo permitir que los que se vieron afectados puedan volver, si así lo desean, a Venezuela.
El presidente Maduro debe asumir que el contrabando tiene su origen en la complicidad de algunos funcionarios venezolanos que participan de este delito, junto a la laxitud y la misma complicidad de funcionarios colombianos que lo permiten. El contrabando no se controla expulsando colombianos ni cerrando la frontera, sino aplicando la ley a quienes forman parte de este inmenso e ilegal negocio. Hoy por ejemplo, se sigue vendiendo gasolina ilegal traída de Venezuela en varios puntos de la frontera, ¿cómo sale y cómo entra a Colombia?
¿Cree que el gobierno venezolano va a abrir la frontera tras el encuentro en Quito?
El cierre tiene dos implicaciones: una explicable y es parar el contrabando de extracción de productos básicos y gasolina a Colombia y, la otra, absolutamente injustificada como lo ha sido la expulsión de nuestros compatriotas. La continuidad del cierre será un fracaso para los dos gobiernos. No veo otra salida a la crisis que reabrir la frontera: cómo se haga, en cuánto tiempo y con qué controles es lo único que se puede negociar. Venezuela también sufre un impacto porque la línea binacional es viva, llena de un permanente intercambio de personas y mercancías legales y lamentablemente también ilegales, su vigor y actividad solo es comparable al paso fronterizo entre México y Estados Unidos. Conocí siendo embajador al presidente Maduro, en ese entonces canciller del presidente Chávez, y conversé con él en varias oportunidades: nunca ví un asomo de antipatía por nuestra nación o de anticolombianismo, por eso creo que esto se podrá superar y permitirá el regreso de quienes deseen volver a Venezuela, donde tienen y han construido una vida.
¿Qué cree que va a pedir Maduro a Colombia en este encuentro?
Un control eficaz al contrabando de productos subsidiados por el gobierno venezolano y a los combustibles que salen de allí. Para ello deberá y tendrá que tomar medidas contra sus propios funcionarios que estén ligados a esa actividad. El presidente Santos, por su parte, tendrá que comprometerse a endurecer y hacer efectivos los controles a este lado y sancionar a los funcionarios y personas que hoy participan de esa actividad.
Cuando usted estaba como embajador, la frontera tenía los mismos problemas. ¿Entonces el gobierno venezolano ya pensaba en medidas para esa zona?
Una frontera extensa con cuatro millones de personas viviendo a lo largo de la misma y con las desigualdades cambiarias de las monedas siempre ha vivido estas tensiones, lo que nunca se vio fue una expulsión masiva y un maltrato a nuestros connacionales, como el que han sufrido en las pasadas semanas, generando una crisis humanitaria sin antecedentes en América Latina.
¿Ve una intención electoral detrás de las medidas que tomó el presidente venezolano?
No la descarto pero es una lógica equivocada: renunciar a los votos de los colombianos con doble nacionalidad, a los de sus hijos y nietos venezolanos de padre o madre colombianos, es un gran error. Entre los miles de colombianos que conocí allí, había chavismo y militantes de la oposición pero no existía antigobiernismo. El anticolombianismo que practicaron los gobiernos precedentes al chavismo nunca dio votos, menos los dará hoy cuando los propios venezolanos viven escasez, inseguridad y la polarización política interna. Tienen suficientes problemas para pensar que cerrando la frontera se puedan solucionar.
¿Cómo vio el manejo diplomático de la crisis?
Diplomáticamente La Cancillería colombiana ha hecho lo que debe y es intentar llevar la discusión a un escenario multilateral, donde claramente sería difícil que se apoye a Venezuela sobre todo frente al tema de la expulsión de nuestros compatriotas. Igualmente es difícil romper relaciones o subir el tono. No se puede romper el canal de comunicación o el diálogo, si se hiciera sería un gran error. La crítica de algunos sectores a la demora en la respuesta que reclamaban los directamente afectados, no tiene en cuenta la complejidad de la relación bilateral y las implicaciones de diverso orden que conlleva. Los venezolanos, por su lado, han sido hábiles en no permitir que la OEA y los otros organismos regionales discutan el tema, saben que encontrar apoyo es poco probable de darse el debate.
Cúcuta no estaba preparada para recibir a más de 20.000 personas que regresaron. ¿Las medidas adoptadas por el gobierno son suficientes?
Ninguna ciudad en Colombia está preparada para un éxodo de esta magnitud. Esta situación se suma al abandono histórico de los gobiernos centrales de nuestra frontera, donde hay un gran atraso, una baja inversión en infraestructura y escaso apoyo a la maltrecha actividad industrial. Hoy es fácil evidenciar desesperanza y desconcierto por el futuro. El país esta en mora de fortalecer, proteger e impulsar el desarrollo fronterizo. Muchos documentos y estudios, pero muy pocas ejecuciones.