Francisco Assis hace campaña tras las rejas. Desde su celda, a la que llegó el 31 de mayo de este año porque supuestamente asesinó al esposo de su directa rival en las elecciones, la candidata Terezinha Ramos, espera llegar a la alcaldía de Mariana, una ciudad al sureste brasileño dentro del estado de Minas Gerais.
Luis Carlos Costa también se prepara para las elecciones detrás de los barrotes de una cárcel brasileña. En la ciudad de Delmiro Gouveia, al noroeste de Brasil, Costa espera que la acusación que pesa en su contra por planear la muerte del político Fernando Aldo, asesinado en octubre de 2007, sea eliminada o ratificada, mientras busca votos a su favor.
Luis y Francisco hacen parte de más de un centenar de candidatos que están acusados formalmente por la justicia de Brasil y que aspiran a ser elegidos como alcaldes o concejales en los comicios del próximo domingo.
Según la prensa, es común en el país que personajes condenados por homicidio, narcotráfico y otros delitos graves se refugien en las elecciones para intentar convertirse en diputados o senadores y, de esta forma, conseguir inmunidad parlamentaria. Una vez elegidos, sólo podrán ser juzgados por el Supremo, lo que hace más largo y complicado el proceso y más fácil la victoria de los acusados.
También resulta sencillo para los candidatos sacar partido en las urnas si se cambian el nombre. En estos comicios, dos políticos se han robado el protagonismo político: Barack Obama y Luiz Inácio Lula da Silva. Son la Obamanía y Lulamanía cariocas, que gracias a una polémica ley electoral permitió aprovechar la fama de ambos personajes.
Uno de los primeros que incorporó el nombre del candidato demócrata estadounidense fue Alexandre Nunes Jacinto, un vendedor de equipos de aire acondicionado, de 48 años, quien se postuló a la alcaldía de la ciudad de Petrolina (al noroeste de Brasil) con el nombre de Alexandre Barack Obama. Nunes Jacinto leyó la biografía del senador por Ilinois hace cuatro años y quedó impresionado con su forma de superar las barreras raciales. “Al igual que Barack, yo creo que el racismo es algo que tenemos que dejar atrás”, dijo Nunes a The Associated Press. Y añadió, “desde que registré mi nuevo nombre, Alexandre murió. Ahora todo el mundo me llama Barack”.
Entre los otros Obama que están postulados a las elecciones en todo el país, y que ya suman ocho, se encuentran también David Cardoso, en el estado de Minas Gerais, últimamente conocido como el ‘Obama del Asentamiento’, por su condición de agricultor; y Epaminondas Bernardes do Nascimento, el ‘Obama Brasileño’, inscrito como aspirante a concejal en la provincia de Mendes, Río de Janeiro.
Pero el Barack Obama más conocido en Brasil es Claudio Henrique dos Anjos, candidato a la alcaldía de un municipio cercano a Río de Janeiro que pretende emular la posible hazaña de su “ídolo”: ser el primer alcalde negro de Belford Roxo. Henrique dos Anjos también goza del despliegue mediático del original Barack Obama. Periódicos y noticieros de todo el mundo como The Guardian, del Reino Unido, y CNN Internacional ya registraron al homónimo brasileño del demócrata norteamericano.
El nombre del presidente de Brasil también ha sido aprovechado por algunos candidatos que, en medio de la creciente popularidad de Lula, buscan favorecer sus campañas y lograr votos extras. Y qué mejor arma política que el 69% de aprobación popular que la consultora Ibope le dio hace dos días al mandatario brasileño, el mayor apoyo logrado por un presidente en la historia de ese país.
Es ese el soporte que buscan 179 candidatos, según los datos del Tribunal Superior Electoral. Tan sólo en Pernambuco, de donde es originario el presidente brasileño, 53 aspirantes a las curules incorporaron el Lula a su nombre. Lo que causa más curiosidad es que apenas 23 representan al Partido de los Trabajadores que fundó Lula; diez son candidatos del opositor Partido Social Demócrata de Brasil; e incluso existen Lulas derechistas.
Los eslóganes del mandatario no fueron ajenos. Marta Suplicy, candidata del Partido de los Trabajadores en São Paulo, encargó los audios de su campaña al mismo músico que creó el jingle publicitario de la reelección de Lula: “La voz de Dios es la voz del pueblo/mira a Marta ahí de nuevo”, una frase casi calcada de los versos escritos para el presidente en la época de elecciones presidenciales.
En Río de Janeiro las encuestas no mienten. El obispo evangelista Marcelo Crivella, cabeza de una coalición ultraderechista, está en un vertiginoso ascenso en la intención de voto de los ciudadanos después de copiar la frase de campaña que le dio la victoria en las urnas a Lula da Silva en 2002: “¡Lula ya!”. El obispo únicamente puso su nombre en el eslogan y lo que siguió fue el reconocimiento instantáneo.
Y a pesar de que en las últimas elecciones, el Tribunal Electoral de Río falló contra Crivella por uso inapropiado de la imagen del presidente, Crivellla insistió: “Citaré a Lula en mi campaña. No lo haré en televisión porque la legislación no lo permite. Pero somos aliados desde 2003”. Por ley, el presidente Lula sólo puede aparecer en espacios electorales de su partido.
La violencia también ha puesto su cuota en las campañas electorales. Grupos paramilitares ofrecen seguridad a quienes quieran hacer campaña en las zonas más deprimidas del país, como las favelas de la capital brasileña. Según medios de comunicación, los dueños del negocio son algunos políticos que buscan su victoria o la de sus partidos. Las cifras demuestran lo peligroso que puede resultar la política en Río de Janeiro: de los 379.176 candidatos inscritos, ocho ya han sido asesinados a tiros.
“La elección municipal es la más importante, pero la más peligrosa, porque es una cuestión local, profundamente personal. La implicación de dinero también es muy grande, se disputan las regalías del petróleo y otros intereses; no se disputa sólo políticamente. En algunos casos lo que se busca es un empleo o un medio para ejercer la corrupción”, dijo Motta Moraes, vicepresidente del Tribunal Regional Electoral.
A pesar del prontuario delictivo de algunos aspirantes a los cargos regionales, desde hace dos semanas ninguno de los políticos en campaña puede ser arrestado; únicamente serán privados de su libertad en caso de flagrante delito. Según la máxima autoridad electoral de Brasil, la medida busca impedir que la policía pueda interferir en las campañas por presión de los actuales alcaldes y gobernadores.
Con este panorama, el primer Obama que ganaría unas elecciones no será el original sino una de las tantas copias que surgieron en Brasil. Falta ver si la Obamanía carioca se contagia en Estados Unidos el próximo 4 de noviembre.
El sucesor de Lula
Cuando en Brasil se habla de quién podría suceder al presidente Luiz Inácio Lula da Silva en las elecciones de 2010, emerge el nombre de Aecio Neves (foto), gobernador del estado de Minas Gerais.
El mandatario de Minas Gerais cuenta con una popularidad envidiable para cualquiera de sus rivales, la misma que le permitió anular la oposición en su región.
Según una encuesta, publicada por a consultora Vox Populi y difundida hace unas semanas, Neves se consagra como el gobernador mejor evaluado de Brasil, con 66% de apoyo, superando incluso a José Serra, su homólogo de Sao Paulo que cuenta con un 50% , opositor de Lula y favorito del PSDB para disputar las presidenciales de 2010.
“Cuando Aecio termine su gobierno tendrá dos opciones: postularse al Senado o a la presidencia. Esperemos que quiera la presidencia” , dijo a la The Assossiated Press el diputado estatal Lafayette de Andrada, secretario general del PSDB en Minas Gerais. De lanzar su candidatura para reemplazar a Lula, Neves tendría que enfrentarse a José Serra, quien perdió en el 2002 contra Lula da Silva.