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Oriente Medio: ahora es una guerra por el agua y el medio ambiente

Los recientes ataques a plantas claves en el golfo amenazan la supervivencia de millones de civiles y recuerdan que para los países de la región el agua es más vital que el petróleo.

Camilo Gómez Forero

09 de marzo de 2026 - 07:35 a. m.
Las consecuencias de esta catástrofe ambiental y humanitaria no se limitarán a las fronteras de Irán.
Foto: EFE - ABEDIN TAHERKENAREH
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Israel atacó el sábado en la noche los depósitos petroleros en los alrededores de Teherán, Irán, lo que produjo la liberación de cantidades masivas de hidrocarburos tóxicos, dióxido de azufre y óxidos de nitrógeno. Estos químicos, mezclados con el agua de lluvia, provocaron precipitaciones ácidas que pueden causar quemaduras en la piel y daños pulmonares, según informaron Frederik Pleitgen, corresponsal de CNN en la zona, y la Media Luna Roja. Pero lo peor no estuvo ahí.

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A las densas columnas de humo negro que salieron de las refinerías impactadas y oscurecieron el Sol, con una lluvia saturada de petróleo cubriendo la ciudad, se sumó la alerta por los ataques a las plantas desalinizadoras en la región. El domingo, Baréin afirmó que un ataque con un dron iraní impactó una de sus plantas que suministra agua a unas 30 aldeas.

Teherán, que no se ha atribuido la responsabilidad del ataque, informó que dos de sus plantas de desalinización fueron atacadas. También se reportaron daños en el complejo de energía y agua Fujairah F1, en los Emiratos Árabes Unidos, y en la planta desalinizadora Doha West, en Kuwait.

Ahora mismo hay un duelo de narrativas sobre quién tiene la responsabilidad. El domingo, Alí Rashid al-Nuaimi, presidente del Comité de Defensa, Interior y Asuntos Exteriores del Consejo Nacional Federal de los Emiratos Árabes Unidos, negó los informes de medios israelíes que acusan a su país de estar detrás de los impactos.

“Estas son noticias falsas. Cuando hacemos algo, tenemos el valor de anunciarlo”, declaró.

El capitán Tim Hawkins, portavoz del Comando Central de Estados Unidos, dijo que las fuerzas estadounidenses no eran responsables del ataque a las plantas de Irán, según recogió “The New York Times”.

Y es que nadie quisiera estar detrás de los ataques a este tipo de infraestructuras, pues está en juego un recurso mucho más importante que el petróleo para los países del golfo: el agua. Esto quiere decir que definitivamente se está cruzando un nuevo umbral en la guerra, con infraestructura civil como objetivo.

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La importancia de las plantas desalinizadoras en el golfo

Ante las escasas lluvias por el clima árido y las pocas fuentes naturales de agua dulce, los países del golfo han encontrado la salvación en las aguas subterráneas y las plantas desalinizadoras. La primera fuente, sin embargo, se ha visto reducida por el cambio climático, lo que agrega más peso sobre la segunda. Para 2020, según el Centro de Investigación del golfo, las más de 400 plantas que hay entre Emiratos hasta Kuwait representaban el 90 % del agua para la región.

Lo que hacen estas plantas es calentar el agua hasta que se evapore, para eliminar la sal, las algas y los contaminantes, y luego condensarla de nuevo en líquido para el uso de humanos. Algunos países son más dependientes de esta fuente que otros. El agua de Arabia Saudita, por ejemplo, depende del 70 % de estas plantas; en Kuwait, la cifra asciende al 90 %. Irán, con más ríos y presas, no dependía a ese nivel de estas plantas. No obstante, cabe destacar que, antes de llegar la guerra, el país había entrado en una severa emergencia ambiental que amenazaba a millones de personas en la capital.

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La emergencia climática, el otro frente de Irán

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Como destaca Rachel Jolley, editora de medio ambiente en “The Conversation”, Irán no solo tiene una crisis ambiental, sino la unión de muchas: escasez de agua, hundimiento del terreno, contaminación atmosférica y fallos energéticos. “En conjunto, la vida es una lucha por la supervivencia”, dice la experta.

Esta convergencia de crisis, de hecho, fue uno de los factores que avivaron las protestas masivas a finales de 2025 en el país. El aire de Irán está tan contaminado, registrando una concentración de partículas PM2,5, según la Compañía de Control de Calidad de Aire de Teherán (las más peligrosas para el humano), que ha llevado al cierre de centros educativos y al aumento de diagnósticos cardíacos y enfermedades respiratorias. A principios de enero Teherán era considerada la ciudad más contaminada del mundo.

La tierra, por otro lado, está agrietándose, lo que ha obligado a las familias agricultoras a abandonar sus tierras y hogares, y huir, pues ya “no es posible cultivar ni mantener vivos a los animales”. Esto ha desencadenado una crisis de alimentos también. Según registró “El País” en enero, las altas temperaturas por encima de 50 °C han agravado la situación. Pero es el agua, sin embargo, la crisis más severa de todas.

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Con más del 70 % de las reservas subterráneas agotadas, una veintena de presas a punto de secarse y en menos del 5 % de su capacidad, la disminución de las lluvias y la pésima gestión gubernamental que, a través de concesiones corruptas al entorno de la Guardia Revolucionaria, ignoró las soluciones recomendadas por expertos, Teherán se encaminaba al “Día Cero” antes de la guerra.

El último umbral

No es la primera vez que este tipo de infraestructura es atacada. Durante la Guerra del Golfo, Irak destruyó casi todas las plantas de desalinización de Kuwait. Aunque las actuales condiciones climáticas acentúan la gravedad de los ataques, pues ponen una carga extra sobre una población que ya permanece asediada por la guerra y las represiones internas.

Según el investigador ambiental Naser Alsayed, hay un gran impacto psicológico de entrada. “El agua es esencial para la vida humana, y la percepción del riesgo puede causar miedo y pánico, lo cual es particularmente difícil en la situación actual de la región, donde las autoridades trabajan para mantener la calma”, le dijo a “Al Jazeera”.

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Un informe de la CIA de 2010 apuntó que sobre las plantas de agua recae la verdadera estabilidad regional, advirtiendo que los ataques desencadenarían crisis en varios Estados del golfo.

“Es probable que los efectos se sientan más agudamente en Estados más pequeños que dependen en gran medida de la desalinización, como Catar, Baréin y Kuwait, que tienen reservorios estratégicos mínimos”, agregó.

Ahora queda el interrogante de cómo va a responder el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) a estos ataques y si impulsará la seguridad hídrica como una prioridad regional, permitiendo una desescalada. O si, por el contrario, permitirá que se manejen los ataques de manera independiente, alentando el duelo de narrativas y la posibilidad de que los sabotajes continúen.

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