30 Jun 2021 - 11:55 p. m.

Partido Comunista Chino: las claves de un polémico centenario

El Partido Comunista de China nació en un país sumido en el caos hace un siglo, pero sobrevivió a todas las crisis y sigue siendo la organización política más poderosa del mundo. Ni el COVID-19 pudo aguarle la fiesta. Así celebró el presidente Xi Jinping la fecha.

Redacción Mundo

Internacional

Pocas organizaciones llegan a los 100 años. Por eso China celebra este 1° de julio con fuegos artificiales (prohibidos en otras ocasiones), espectáculos artísticos (ensayados desde hace dos años) y tambores y trompetas (100 trompetas suenan en cada evento) el centenario del Partido Comunista Chino, la organización política más poderosa del mundo y por la que pocos daban un peso.

El partido se fundó en una casa de Shanghái en 1921, cuando China afrontaba uno de sus peores momentos sociales y políticos, azotado por la hambruna y el caos. Entonces, un pequeño grupo fundó en la clandestinidad la organización política que ha gobernado el país durante 72 años sin elecciones; además convirtió el desastre en un milagro económico reconocido mundialmente: hoy China es la segunda economía del planeta. “Los comunistas chinos son los autoritarios más exitosos del mundo”, señalaba The Economist.

El presidente chino Xi Jinping afirmó que el renacimiento de China es un “proceso histórico irreversible”, durante un discurso con motivo del centenario de la fundación del Partido Comunista en el poder.

“El pueblo chino se ha levantado. ¡El tiempo en el que el pueblo chino podía ser pisoteado, en el que sufría y era oprimido ha terminado para siempre!”, dijo Xi frente a una muchedumbre congregada en la plaza Tiananmen, en el corazón de Pekín.

“Es difícil sintetizar una historia tan compleja sobre cómo un pequeño grupo de patriotas fundó un partido que en menos de 30 años derrotó primero a Japón en China en 1945, luego a la alianza del Kuomintang y a Estados Unidos en 1949, y fundó una república que realiza la utopía nacionalista y patriótica de China de volver a ser una nación próspera, independiente y poderosa, representante de una civilización avanzada”, escribía en este diario Guillermo Puyana Ramos, profesor de historia contemporánea china.

¿Qué ha hecho que esta organización se mantenga por tanto tiempo? No solo son sus 100 millones de miembros, que la convierten en el segundo mayor partido político del mundo, detrás del BJP del primer ministro indio, Narendra Modi, con 180 millones de miembros. Es el inmenso poder que ostenta, pues no se mueve una hoja en China sin el consentimiento de los miembros del partido: el PCCh está arropado por un manto de secreto, clave a la hora de tener el monopolio del poder y el debate público en el país.

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Durante uno de los espectáculos por el centenario se hizo un repaso por todos los momentos de la historia de la China comunista. En una gran pantalla se mencionó a los principales líderes, desde Mao Tse-tung hasta Xi Jinping, al son de la música de 100 trompetas. Pero no se mencionó nada sobre los capítulos más sombríos de esta historia: hambrunas, purgas de la era de la Revolución Cultural, la represión del movimiento de protesta estudiantil en la Plaza Tiananmen de Pekín y el movimiento prodemocrático en Hong Kong.

“Es la más grande sociedad secreta del mundo”, como lo calificó el sinólogo Jean-Pierre Cabestan, que vive en simbiosis con el Estado chino. Por eso es tan difícil evaluar su influencia sobre el país separadamente del de la administración, porque muchos edificios públicos albergan órganos del Estado y del partido, y muchos funcionarios son al mismo tiempo dirigentes del PCCh.

Entre sus miembros más famosos está Jack Ma, el multimillonario más famoso de China, y aunque su presupuesto no es público, se sabe que recibe cuotas de sus miembros que aportan entre 0,5 y 2 % de sus ingresos.

En 2016, un diario oficial citó la cifra de 7.080 millones de yuanes (US$1.104 millones al cambio actual) como el total de ingresos por cuotas el año precedente. Dividido por el número de afiliados, significa un aporte de 80 yuanes (US$12) por persona cada año.

“El partido está al frente de un imperio financiero y administra empresas, como hoteles y fábricas, explicó a AFP Jean-Pierre Cabestan, de la Universidad Bautista de Hong Kong.

Los grandes encuentros públicos del partido, como son el Congreso quinquenal, se cierran sistemáticamente con la adopción de decisiones casi unánimes. Pero en las altas esferas, las reuniones del Comité Central, de 200 miembros, y el Buró Político, 25 miembros, se celebran a puerta cerrada.

La televisión pública se limita a retransmitir los monólogos del secretario general, Xi Jinping. Los debates, si los hay, no son públicos, como tampoco los resultados de las eventuales votaciones.

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The Economist atribuye la longevidad del Partido Comunista de China a tres razones: es despiadado, ágil ideológicamente y es astuto. “Sí, titubeó antes de aplastar las protestas en la Plaza de Tiananmen en 1989. Pero finalmente respondió a los megáfonos con balas, aterrorizando al país hasta la sumisión”, señala la publicación.

Dentro de China, la popularidad del PCCh crece. De acuerdo con cifras oficiales, la tasa de satisfacción y apoyo del pueblo al PCCh y al gobierno asciende al 90 %. A pesar de las denuncias de violación de derechos humanos, el uso de la tecnología para aplacar la disidencia (reconocimiento facial y cámaras en cada calle del país), los chinos sienten que su calidad de vida ha mejorado.

Pero China es víctima de su estricta política de natalidad: su población envejece a pasos agigantados y se debilita su fuerza laboral. El partido sabe que esa es su principal amenaza y por eso en la última reunión del buró, presidida por el presidente Xi Jinping, se determinó: “En respuesta al envejecimiento de la población (…) las parejas serán autorizadas a tener tres hijos”.

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Una noticia que llegó después de la pandemia de COVID-19, cuya gestión ha sido calificada como un éxito por Xi. Este jueves el presidente chino presentará la lucha contra la pandemia como una victoria de la organización del Partido Comunista y una prueba de la resiliencia de los chinos.

“El coronavirus está prácticamente erradicado en China y la economía se ha reactivado”, repite Xi, que mira con sospecha al mundo, mientras el mundo sospecha de él. Ninguno de los miembros de la Unión Europea aceptó la invitación a participar en la celebración de hoy, y en la reciente cumbre del G7 la tensión se hizo palpable.

Aunque Joe Biden y Xi, dicen los reportes de la época, tuvieron muy buena relación cuando ambos eran vicepresidentes, hoy la desconfianza abunda y aquella sintonía es historia.

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