“Yo creo en el poder de la gente. Después de todos estos años, tengo mi fe intacta porque sé lo que somos capaces de hacer; veo que somos capaces de transformar la sociedad. La gente joven ha desafiado las ideologías de las generaciones”, dice Patrisse Cullors, activista estadounidense y cofundadora del movimiento Black Lives Matter. El movimiento que ayudó a levantar atravesó las fronteras de Estados Unidos y se hizo global, pero no considera que sea la lideresa de este proyecto. “Los movimientos no tienen a un solo líder”, señala, y por eso pide que se formen más.
“El liderazgo significa muchas cosas para mí. Necesitamos más líderes, más personas dispuestas a dirigir y confrontar el fascismo, el racismo, la homofobia y el machismo a escala global. Pero no se trata de inspirar a líderes, sino de construirlos. Yo puedo inspirar a alguien, pero eso no lo ayudará a convertirse en un líder. Necesitamos crear los organismos y mecanismos para que las personas puedan convertirse en los líderes que ya son. Si no podemos hacer que las personas trabajen juntas, podemos crear modelos para que se vea como un trabajo en equipo y establecer una agenda común que sea compartida”, apunta.
Cullors continúa sintiéndose desprotegida. “En una cultura como la que vivimos, la protección parece significar sentirse defendido de la supremacía blanca, del impacto del racismo, del odio, la injusticia y la violencia de la Policía y la tortura de esta”. Todos esos síndromes que contaminan la democracia aún no han desaparecido.
“No me siento protegida. No hay nadie que proteja a los afroamericanos, honestamente. Somos vulnerables frente a todos; pero podemos comenzar a protegernos todos si practicamos la abolición en nuestras interacciones diarias, si nos conectamos y comprometemos con la dignidad de los demás y su sanación, y si creamos una visión compartida de valores”.
Esta activista no ha parado de repetirle al mundo que hay que desafiar principalmente los miedos que hay en su interior. “Las personas blancas tienen en su ADN un temor a las personas negras y eso tiene que salir de su comportamiento. Eso no tiene sentido”, señala Cullors. Pero hay otros miedos a los que sí les encuentra sentido: la pobreza, el hambre, la violencia y el no tener acceso a la salud. “Lo que podemos hacer es convertir ese miedo en acción. Es la forma en la que podemos cambiar el mundo”, concluye.