25 Aug 2020 - 10:01 p. m.

Personal médico, una víctima de la desinformación

Durante el primer semestre de 2020, los ataques violentos contra el personal de la salud se multiplicaron en el mundo. ¿Por qué los amenazan y agreden? Esperanza Martínez, colombiana jefa de la Unidad de Salud del Comité Internacional de la Cruz Roja en Ginebra (Suiza), lo explica en una entrevista en donde habla de los problemas del personal médico durante la pandemia.

Redacción Mundo

Internacional

El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) registró en todo el mundo más de 600 casos de violencia contra profesionales de la salud durante el primer semestre de 2020, relacionados con la pandemia del coronavirus. El personal médico ha sido estigmatizado, de manera errónea, de ser un transmisor del COVID-19, por lo que ha sido blanco de agresiones físicas o amenazas de muerte. Esto, para la doctora colombiana Esperanza Martínez, jefa de la Unidad de Salud del Comité Internacional de la Cruz Roja en Ginebra (Suiza), supone un grave problema para todos, considerando que los sistemas de salud serán cada vez más frágiles. En entrevista, Martínez habló sobre estas amenazas.

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¿Qué tipos de violencia se presentan? ¿Cómo son los ataques?

Con respecto a la pandemia, podemos hablar de tres grandes grupos: el primero es el bloqueo a la misión médica, es decir, a ambulancias o personal sanitario que va a hacer rastreo de contagios. El segundo es el bloqueo a servicios como medicinas o equipos de protección personal, así como la estigmatización contra los profesionales de la salud. Algo que ocurre en todo el mundo: los trabajadores de la salud son acusados de transmitir la enfermedad o de beneficiarse económicamente de la situación. Y el tercero es la violación de la confidencialidad de los datos de los médicos que conduce a ataques violentos.

¿Cuál era el panorama general antes de la pandemia del coronavirus?

Hay que destacar que estamos acostumbrados a registrar casos y violaciones por parte de actores armados, pero en esta situación vemos que se ha incrementado la agresión física y verbal por parte de comunidades, es decir, visitantes o pacientes de servicios sanitarios. Estos ataques se presentan por la desinformación. El miedo genera mucha violencia, y es lo que vemos en esta pandemia, aunque no es un fenómeno nuevo. El ataque al personal médico con relación al ébola ha sido bastante marcado en la República Democrática del Congo, por ejemplo. Y no solo contra médicos y enfermeras, sino también contra voluntarios que ayudan a la movilización de los restos de personas que han fallecido. Las comunidades han recibido información o tienen la idea de que este personal propaga la enfermedad, y por eso reaccionan de forma violenta.

¿Cuáles son los retos para el registro de violaciones contra el personal médico?

Siempre ha sido difícil el registro porque muchos de ellos pasan en zonas que no tienen buena comunicación. Estos más de 600 casos no son los únicos que han ocurrido, sino los que hemos podido reportar con datos recolectados por personal del CICR, otras organizaciones y haciendo un rastreo de las denuncias en redes sociales y medios de comunicación. Por eso podemos esperar, con seguridad, que el número sea mucho más grande. No es fácil enterarnos de la agresión que sufrió un médico en la mitad de la selva, o la enfermera que fue asaltada y obligada a irse de la comunidad donde trabajaba en medio de un desierto. Entonces hay muchos casos que no nos enteramos porque son muy aislados. Ahora, tenemos organizaciones que están tratando de llevar un registro abierto, que intentan documentar, como la Organización Mundial de la Salud. No puedo decir que vamos a lograr un registro perfecto de los casos, pero se está trabajando en ello.

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¿Cuál es el panorama en Colombia?

Destacamos que el país tiene uno de los mecanismos más adelantados y sofisticados para registrar casos de violencia contra la infraestructura médica. En Colombia se estableció hace muchos años la Mesa Nacional de la Misión Médica, una estructura que básicamente une en un sentido común a los estamentos del Gobierno, las medidas humanitarias, la Cruz Roja de Colombia, el CICR, la Policía y las Fuerzas Armadas para tratar de reducir los ataques contra el personal médico. Eso lo hemos resaltado como un gran ejemplo en el mundo porque además se han propuesto medidas legislativas para proteger la misión médica, y son uno de los pocos ejemplos que existen en el mundo. Desafortunadamente, a pesar de eso, el incremento de casos de violencia relacionados con COVID-19 ha sido significativo.

Pero si comparamos los primeros seis meses de 2019 con el mismo período de este año, vemos un incremento de entre el 20 y 25 % de casos de violencia contra el personal médico. Esto significa que, a pesar de los avances, el problema de la información falsa no se ha manejado a un nivel que permita que la población no ataque al personal médico. Esto es preocupante porque Colombia ya tiene que enfrentar los efectos del conflicto armado y de la violencia urbana, y encima de eso el tema generado por COVID-19 agrega un problema más. Todo pone al personal médico en una situación muy frágil en un momento en el que se necesitan de manera desesperada.

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¿Cómo enfrentar el problema?

Uno de los temas principales es identificar la información falsa y tratar de clarificarla. Son actividades pequeñas y cotidianas las que hacen la diferencia. Primero, necesitamos tener entidades de salud y autoridades que diseminan el mensaje correcto. El hecho de reconocer que porque mi vecino es médico no significa que estoy en peligro, porque él se está protegiendo para prestar sus servicios y no contaminar a su propia familia. Necesitamos un sentido de solidaridad colectiva, porque si no adoptamos eso ahora vamos a salir muy mal equipados de la pandemia para lo que sigue, que es un escenario bastante desesperanzador porque las necesidades serán muy grandes.

No estamos tarde para reaccionar porque todavía estamos en medio de la pandemia. Pero si no protegemos al personal de salud ahora nos vamos a quedar sin personal de salud, y eso es un problema global. Tenemos que cuidar al personal que presta el servicio ahora y que continuará prestándolo después de la pandemia, porque el impacto económico, la pobreza y la fragilidad de los sistemas de salud van a ser bastante significativos. Actuar en este momento es una inversión para el futuro.

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La pandemia ha deteriorado la salud mental de todos. ¿Hay programas para el personal de la salud?

Hay muchas iniciativas conectadas con la Cruz Roja o la Media Luna Roja. Hay programas como “Help the helpers” (Ayuda a quien ayuda), para asistir al médico, la enfermera o el conductor de ambulancia que están en la primera línea. Y básicamente la idea es ayudarlos a mantenerse activos y a poder soportar el estrés que esta situación genera, porque tenemos que pensar que cada uno de ellos está trabajando en una zona de riesgo y al mismo tiempo tienen familias. Tienen una doble presión en su trabajo. Estos programas ofrecen auxilios a nivel de salud mental y a nivel de apoyo psicosocial. También hay gobiernos que tienen sus programas de salud mental, un área en la que vamos a tener que trabajar mucho en el futuro.

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