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El país sufre un terremoto en forma de inflación (el 1’400.000% al año) que amenaza con arrasarlo todo. Los millonarios de Zimbabue salvo unos pocos, muy cercanos al poder están en realidad hambrientos.
Los salarios apenas suben y la mayor inflación del mundo se los come al instante. Subirse en un atestado microbús que va de la periferia al centro cuesta hoy 30 millones de dólares zimbabuenses, ida y vuelta, con lo que en una semana y media se evapora el salario de un mes. Ir a trabajar sale a menudo mucho más caro que quedarse en casa.
En 1980 el dólar de Zimbabue estaba a la par con el estadounidense. Hoy la relación es de uno a 40 millones. “Todo el mundo está comprendiendo que la responsabilidad de lo que pasa es del Gobierno y de su afán por imprimir más y más dinero”, subraya Lucy Makaza-Mazingi, economista que trabajó en la Hacienda Pública.
El país que hace apenas 30 años era la joya de África está hoy en quiebra total. No sólo es la inflación: los cortes de luz y agua son continuos; los maestros están en huelga, en los hospitales apenas hay medicinas y la esperanza de vida ha caído en picada: de 61 hasta 37 años.