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“El patriarcado es uno de los problemas que hay que enfrentar. Los otros son el racismo, el colonialismo, el capitalismo”, dice Francia Márquez.

Cuando Francia Márquez afirma que “el patriarcado es uno de los problemas que hay que enfrentar. Los otros son el racismo, el colonialismo, el capitalismo (…) Yo soy un eslabón de la cadena y la cadena no se rompe acá”, propone una imagen políticamente efectiva. En vez de imaginar la política como división y ruptura bajo la fórmula de la lealtad con el amigo en contra del enemigo, o “ellos” contra “nosotras”, la reimagina en la forma de una cadena de equivalencias entre identidades políticas diferenciales que lejos de romperse en lealtades minúsculas entran en alianza para tomar una posición política común.
Dicha posición es el punto de llegada, no el de partida. No se asume la homogeneidad original e interna del grupo en tanto que forma social dada o previa al duro trabajo político, sino que se parte del hecho de la pluralidad y se orienta el trabajo político conjunto hacia la producción de una sociedad mejor. Mejor, esto es, si se la compara con la del presente. En la sociedad presente, la política se entiende y practica como un intento por sostener el reinado del terror mediante la reproducción del sistema del grupo unipolar.
En el grupo único y particular, el pluralismo moral es impensable. Dado que se lo presupone homogéneo, tan solo se lo puede concebir como un ensamblaje constante, con actitudes colectivas bien templadas y fundamentales en el sentido de la templanza virtuosa o el de la arquitectura de los castillos, los baluartes y las fortalezas defensivas. Esta figura de la templanza y la fortaleza ha justificado las empresas de colonización del expansionismo euro-moderno hasta la imperiofilia del populismo nacional-cristiano en las Américas de nuestros días.
Se trata además de defender y conservar el territorio conquistado en una guerra que se supone justa, ideal y perfecta. Por ello, la empresa política del grupo unipolar no es solo conservadora sino también bélica: la autodefensa. Su figura es el héroe que se hace inmortal al morir en el campo de batalla en defensa del ideal perfecto. Y es, por supuesto, una figura masculina. El rey Creonte, el Fuhrer o el líder del corazón grande, el pulso fuerte y la mano firme. La alianza por la cual optan Márquez, otros y otras como ella, se pone en la posición de Antígona, de sus hermanas y sucesoras, de Ismene a Phillis Wheatley, y Angela Davis hasta Mireille Franco o Alicia Garza, la cofundadora de Black Lives Matter. Si aquella define la política como policía, con sus balas y batones, esta la entiende como producción y trabajo. Aquella destruye, esta produce.
Solo existe futuro con esta ultima, como lo han entendido bien los movimientos de protesta global cuya convergencia en los dos últimos anos nos da no tanto esperanza sino energía común para realizar el mundo mejor aquí y ahora.
