El mes que viene, Argentina elegirá un presidente que, por primera vez en doce años, no será un Kirchner: la presidenta Cristina Fernández de Kirchner o su difunto esposo Néstor. Es una perspectiva que llena de alegría a muchos inversores, ansiosos por dejar atrás el populismo de izquierda de los Kirchner. Pero esa herencia podría resultar más perdurable de lo que esperan.
En el último año, Fernández nombró a nueve de los diez miembros del directorio del banco central, incluido su presidente. Creó un nuevo organismo de inteligencia y puso al frente de él a un miembro de su círculo íntimo. Transfirió la supervisión de las actividades de intervenciones telefónicas a la oficina de la procuradora general, donde en 2012 instaló a una aliada.
La comisión de valores, la agencia impositiva, el ente regulador de las comunicaciones y empresas estatales como YPF SA, Aerolíneas Argentinas y Enarsa tienen directorios colmados de kirchneristas. Una ley que la presidenta está tratando de hacer sancionar prohibirá al gobierno vender sus acciones en una empresa estatal si no obtiene una mayoría de dos tercios en el Congreso. Alrededor del 60 por ciento de los jueces y los fiscales han sido designados por los Kirchner.
“El conflicto entre Cristina y el futuro presidente, cualquiera sea, es inevitable”, expresó en un correo electrónico Rosendo Fraga, director de Nueva Mayoría, consultora política. Sus altos índices de aprobación y la conducción de su partido “le dan un buen punto de partida para mantener el poder. Quiere volver en 2019”.
Fraga destacó que otros presidentes han tratado de conservar su influencia una vez terminado su mandato y pocos lo lograron. Sin embargo, Fernández dejará su cargo con un índice de aprobación más alto –de por lo menos un 38 por ciento a fines de agosto- que cualquiera de ellos. Además, sigue presidiendo el Partido Justicialista, que domina el poder en la Argentina desde hace medio siglo.
Si bien el nuevo gobierno podría modificar algunas de sus designaciones, muchos cargos tienen mandatos fijos.
Scioli y Macri
En las elecciones de octubre, Fernández apoya a Daniel Scioli, gobernador de la provincia de Buenos Aires, después de que este aceptó nombrar a Carlos Zannini, uno de los hombres de más confianza de Fernández, como su compañero de fórmula. Scioli le lleva una ventaja de 9 puntos porcentuales al jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires Mauricio Macri.
El estancamiento del crecimiento, una inflación anual que ronda el 25 por ciento y la caída de las reservas de divisas obligarán al ganador a pensar en modificar las políticas económicas de Fernández. La diferencia entre los dos candidatos parece estar en la velocidad con que implementarán esos cambios. Scioli prefiere un enfoque más gradual para mitigar los efectos negativos sobre la inflación y el crecimiento.
“Si, al tratar de evitar un enfrentamiento con Cristina, Scioli se toma su tiempo para afianzar su liderazgo, no sé si el mercado lo va a esperar”, dijo Carlos Pagni, columnista del diario La Nación.
Néstor Kirchner fortaleció el poder de la presidencia y Fernández continuó con ese enfoque manteniendo, por ejemplo, una ley de emergencia económica que le permite prescindir de la aprobación del Congreso para modificar el presupuesto.
En consecuencia, las cartas ahora favorecen tanto a la persona que ocupe la Casa Rosada que, a menos que el nuevo presidente decida recortar sus propios poderes, muchos analistas dudan de que Fernández sea quien mueva los hilos.