¿Qué significa el ataque terrorista del Estado Islámico a Irán?

Los atentados de este miércoles en Teherán son la punta del iceberg de la complicada rivalidad religiosa entre chiitas y suniitas. La torpeza diplomática de Estados Unidos y el accionar del Estado Islámico complican aún más la situación.

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redacción internacional
07 de junio de 2017 - 11:50 p. m.
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El parlamento iraní y el mausoleo del líder espiritual de la revolución de 1979, Ruhollah Khomeini, fueron el escenario de un atentado doble que el autoproclamado Estado islámico (EI) no tardó en atribuirse. El resultado hasta ahora son 12 personas muertas pero las acusaciones del gobierno en Teherán, que insiste en que los ataques fueron auspiciados por Arabia Saudí, podrían traer graves consecuencias en la estabilidad de la región a largo plazo.

La revolución islámica de Irán hizo que el país quedara organizado alrededor de la fe musulmana en su vertiente chiita. Por su parte, el Estado Islámico

 defiende la rama sunita del Islam, algo que dentro de su lógica extremista, hace de Irán su enemigo natural junto a Occidente.

La sospecha de que Arabia Saudí está involucrada en los ataques viene de la acusación de las autoridades en Teherán según la cual el gobierno de Riad es uno de los financiadores más generosos del Estado Islámico.

En un comunicado las fuerzas de seguridad de Irán destacaban que los ataques sucedieron “una semana después de la reunión entre el presidente de Estados Unidos y la cabeza de uno de los gobiernos retrógrados de la región que apoya constantemente grupos fundamentalistas”. En referencia a la reunión entre el rey Salman de Arabia Saudí y Donald Trump en la que además se selló una importante venta de armamento por parte de Estados Unidos.

La disputa entre Irán y Arabia Saudí por quién logra tener más influencia en el mundo árabe tomó nuevos aires gracias a la última gira internacional de Donald Trump.

A pesar de que la administración de Obama había hecho varios esfuerzos diplomáticos para reducir las tensiones entre Washington y Teherán – y que llegaron incluso a regular el programa nuclear del país árabe –la visita de Trump a Medio Oriente sirvió para retomar el tono beligerante que durante décadas existió entre ambos países.

El primer afectado del apoyo implícito de EE.UU. a los países que están en contra de la expansión de la influencia iraní fue Catar. Esta semana, varios países árabes con gobiernos Suniitas cortaron relaciones con Catar argumentando que el pequeño país de la península arábiga financia grupos terroristas. Sin embargo, detrás de la medida estarían filtraciones de supuestas conversaciones del emir de Catar en las que criticaba la posición de los países de la región frente a Irán.

Las filtraciones, que varios medios atribuyen al Gobierno ruso se deben añadir a otro factor de inestabilidad en la región: el debilitamiento de los grandes bastiones del Estado Islámico.

El ataque terrorista en Irán se da en medio de los golpes que el Estado Islámico está recibiendo en Siria e Irak, donde la ofensiva militar los tiene a punto de perder el control sobre Raqa y Mosul, dos de las ciudades más grandes que el grupo yihadista tenía bajo su control. La presión militar ha hecho que el Estado Islámico haga visible su actividad en lugares no tradicionales como en Filipinas e Irán y sus acciones son cada vez más impredecibles. Así las cosas, si a la rivalidad religosa entre Irán y Arabia Saudí se le añade el carácter impredesible del Estado Islámico, las relaciones en la región son más volátiles que nunca y la paz en Medio Oriente parece estar cada vez más lejos. 

Por redacción internacional

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