Christian Wulff, el más joven presidente alemán, elegido el 30 de junio de 2010 gracias a la insistencia de la canciller Ángela Merkel, quien promovió su nombramiento por encima de un candidato de la oposición al que los sondeos mostraban como el preferido por los alemanes, renunció en medio de varios escándalos.
Wulff fue acusado por la prensa alemana de haber obtenido, en condiciones muy favorables, un préstamo para comprar una casa; de haber gozado de vacaciones gratuitas, gracias a ricos empresarios, en Italia, Mallorca y Estados Unidos, y luego, de haber tratado de presionar a periodistas, en particular los del poderoso semanario Bild, para impedir nuevas revelaciones.
Ninguna de ellas una conducta delictiva, pero sí impropias de un político. “Admito que cometí errores, pero no tengo nada que ocultar”, aseguró Wulff al presentar su dimisión. “Estoy convencido de que las investigaciones conducirán a un total descargo de mi persona, pues siempre he sido honrado en el ejercicio de mis funciones como presidente de Alemania y anteriormente como jefe del Gobierno del estado federado de Baja Sajonia”, agregó.
En Alemania se han producido ya cuatro dimisiones durante el gobierno de Ángela Merkel. Tuvieron que renunciar dos ministros de Defensa, uno en activo, Karl-Theodor zu Guttenberg, y el otro, Franz-Josef Jung, cuando ya había asumido la cartera de Trabajo. Guttenberg, que era una de las estrellas del equipo de Merkel, renunció en 2011 tras salir a la luz que su doctorado había sido un plagio. Jung, por su parte, tuvo que dejar su carrera por motivos lejanos a la corrupción: al político se le acusó de haber ocultado información sobre un bombardeo en Afganistán ordenado por un oficial alemán y que produjo más de un centenar de víctimas.
Aunque Wulff es el primer presidente que renuncia por sospechas de corrupción, Europa ha sido escenario de varios escándalos políticos. El más reciente, los juicios contra el exministro italiano, Silvio Berlusconi, quien enfrenta varios cargos de corrupción. O el que llevó recientemente a la condena del expresidente Jacques Chirac.
En el Reino Unido también hay casos. Sólo durante el gobierno de David Cameron se han producido tres dimisiones por abusar del sistema de dietas parlamentarias, favorecimiento de amigos y otras infracciones. En Irlanda, el primer ministro Bertie Ahern presentó en mayo de 2008 su dimisión por su supuesta implicación en un caso de corrupción urbanística en los años noventa, investigación que sigue abierta. Y en Francia, el ministro de Presupuesto, Éric Woerth, terminó dejando el Gobierno ante los numerosos escándalos de corrupción que lo relacionaban con la multimillonaria Liliane Bettencourt, heredera del imperio de cosméticos L’Oréal.