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Durante esta semana, el Partido Demócrata busca consagrar a su candidato, el primer afroamericano en ser proclamado candidato a las elecciones de Estados Unidos. Un momento “histórico”, no cesan de repetir sus miembros. Y sin embargo, también un momento incómodo, por las secuelas que haya podido dejar el feroz combate que mantuvieron sus dos principales cabezas: Barack Obama y Hillary Clinton, durante la reñida e impudorosa campaña durante las pasadas primarias.
Gran paradoja: para ganarle a Clinton, Obama tuvo que sintonizar su retórica para desvirtuar los logros de los Clinton durante su paso por la Casa Blanca (1992-2000). Y sin embargo, esta semana, los necesita unidos, a su lado y con vehemencia, si quiere salir de la Convención con una colectividad unida y un sentimiento claro frente a quién es su verdadero enemigo: John McCain.
Este martes, con el discurso de Hillary Clinton y el miércoles, con el de su esposo, Bill, se pondrá a prueba el nivel de convencimiento de ambos políticos frente a la campaña de Obama. Mensajes imprescindibles, si se tiene en cuenta el capital electoral de la pareja (la senadora obtuvo 18 millones de votos durante las primarias).
Sus apariciones, sin embargo, vienen antecedidas por otro agravio: la negativa de Obama de aceptar a Clinton como fórmula vicepresidencial. “Es el tema más importante de esta Convención”, reconoció este lunes el ex representante demócrata Domingo García desde Denver, en una rueda de prensa virtual con Bogotá. “Muchos en el Partido querían que Hillary fuera la candidata... hay un malestar entre aquellos que la apoyaron”.
El malestar entre los partidarios de Clinton no es irrelevante. Ejercieron tanta presión, que Obama accedió a que el jueves votaran simbólicamente por Hillary. El senador por Illinios enviaba así un mensaje amistoso y procuraba mantener al partido unido, pese a la “disidencia” Clinton. Sin embargo, la división se ha recrudecido: con sólo transcurrir un día de iniciada la Convención, ya muchos partidarios Hillary lanzaban el movimiento “Demócratas con McCain”, que sostiene que la plataforma del candidato republicano se acerca más a la planteada por Hillary Clinton.
Aunque Hillary ha pedido públicamente el apoyo de sus partidarios a Obama, e incluso creó un “equipo de látigo” para garantizar la disciplina de sus seguidores durante la convención, al parecer no ha sido lo suficientemente contundente como para lograr que los 18 millones de votos que sacó en las primarias se trasnfieran a Obama.
En una encuesta publicada esta semana por el Wall Street Journal, sólo el 52% de los partidarios de Clinton votarían por Obama. Con estas cifras, un poco menos de 9 millones de votos de Clinton estarían en juego entre el candidato republicano y el candidato demócrata.
McCain ha aprovechado esta disyuntiva. el lunes lanzó desde una oficina a pocas cuadras del Pepsi Convention Center, donde transcurre la Convención Demócrata, una campaña televisiva para seducir a los partidarios de Clinton. “Hillary no está en la fórmula presidencial”, dice el aviso . “No está porque dijo la verdad” frente a la inexperiencia de Obama en materia de gobierno y relaciones internacionales.
La pregunta es si, con la misma ferocidad con la que hicieron campaña durante las primarias de hace unos meses, Hillary y Bill Clinton se consagrarán a Obama en sus discursos de este martes y miércoles. Sus apariciones son cruciales, en un momento en que los demócratas necesitan lograr que la discusión electoral pase a cuestionar de nuevo las desventuras del gobierno republicano, antes que la inexperiencia demócrata.
Quizá sea verdad que, en esta Convención, como dijo un editorial, pese a ser la semana de Obama, “todo se trata de Hillary”.