La cadena de hechos comenzó el miércoles en la estación central del sistema férreo, Chhatrapati Shivaji, donde los terroristas dispararon indiscriminadamente contra la gente. El Café Leopold, un bar en el sur de la ciudad frecuentado en su mayoría por turistas fue al parecer el segundo escenario de la noche del terror. Luego el lobby del hotel Oberoi fue escenario de disparos y explosiones. Pocos minutos después la Puerta de India y el hotel Taj Majal se teñían de sangre. Las terribles horas habían comenzado.
Pánico en el cuarto número 1468
G. Higueras / Especial de El País. Bombay
“La seguridad del hotel nos llamó para decirnos que nos iban a sacar de la habitación y poco después nos advirtió que los terroristas habían bajado a la planta 14”, declara Álvaro Rengifo, con la aquiescencia de su compañero de odisea, Alejandro de la Joya, dos empresarios españoles que se alojaban en el hotel Trident-Oderoi, uno de los puntos atacados por los terroristas. “Permanecimos dos horas a oscuras y en silencio. Estábamos muy asustados. No sabemos si los terroristas estaban en nuestro piso, pero los tiros se oían más cerca y había ruidos de pasos”, añaden.
Los terroristas les cortaron el teléfono, el agua y la televisión. Aunque tenían luz, los dos empresarios españoles no se atrevieron a encenderla, para no despertar sospechas. Aunque la policía encontró en el hotel los cuerpos de 24 personas, los empresarios creen que los terroristas no hicieron una búsqueda de rehenes cuarto por cuarto y se sienten “unos privilegiados”. “Lo que más miedo nos daba —continúa Rengifo— era ir al baño, porque la pared daba al pasillo y podía saltar por los aires en cualquier momento”.
Rengifo y De la Joya se habían refugiado en la habitación 1468. Cuando el fuego comenzó a extenderse por el hotel, los dos españoles rompieron los vidrios de las ventanas al sentir que el humo los ahogaba. “Escuchamos las detonaciones de al menos 40 ó 50 granadas. Cuando al salir vimos los agujeros que tenían las paredes de las otras habitaciones, comprendimos la impresionante suerte que hemos tenido”, cuenta Rengifo, quien dice lo que más le sorprendió de su camino de vuelta a la libertad fue encontrar todas las escaleras llenas de zapatos que la gente perdía en la huida.
“Definitivamente fuimos afortunados. No sólo salimos ilesos, sino que tampoco vimos de frente a la muerte: algunos vieron cómo acribillaban a balazos delante de sus ojos a varias personas”, recuerdan.
Salvado por un empleado
Dos hombres llegaron al centro judío, lugar cercano a un Pub y lanzaron una granada a una gasolinera colindante. Entraron en el centro del grupo judío ortodoxo Jabad Lubavitche y mataron a dos personas. El ruido de las balas alertó a la niñera del hijo del rabino Gavriel Noach Holtzberg y su esposa, Rivka. En medio de la confusión, la mujer sacó al pequeño, de tres años, envuelto en cobijas. Escapó del horror, pues los padres del niño murieron a manos de los terroristas. Luego de 12 horas de enfrentamiento con los delincuentes, las autoridades indias descubrieron el dantesco cuadro: cinco rehenes habían muerto a manos de sus captores.
Moshe Holtzberg, el pequeño que escapó de la muerte, era el segundo hijo de la pareja. El primero murió de una enfermedad genética, que afecta al sistema neurológico y que es padecida especialmente por judíos descendientes de Europa Oriental.
Moshe cumplió años ayer en la ausencia de sus padres. Ahora se encuentra con sus abuelos que todavía no salen del horror.
Cómo interpretar los atentados en la India
Jane Perlez / The New York TimesNews Service
El ataque terrorista en Bombay ocurrió justo cuando India y Pakistán, históricamente archienemigas, avanzaban hacia mejores relaciones, con el aliento de Estados Unidos y la entrante administración de Barack Obama. Los veinte terroristas que atacaron siete puntos del corazón financiero de la India no sólo acabaron con la vida de más de 150 personas, también con la posibilidad de que estas dos naciones dejaran de lado años de guerra.
Pero si India descubre la huella de la inteligencia paquistaní (conocida como ISI) en los ataques de Bombay, la relación regresaría a un punto muerto. Y esa quizá haya sido la motivación de quienquiera que haya perpetrado los ataques.
Lo grave es que todos los caminos conducen a Pakistán. En un principio, la autoría de los atentados se atribuyó a la organización islamista Deccan Muyahidiny, que había reivindicado las acciones. Sin embargo, tres de los terroristas detenidos en el transcurso de la contraofensiva del ejército indio confesaron ser miembros de la célula rebelde con base en Pakistán Lashkar-e-Taiba (Ejército de los Puros), según informó la prensa india.
Lashkar-e-Taiba es uno de los grupos de milicianos islamistas más influyentes en Asia. Según el libro La búsqueda de Al Qaeda, escrito por Bruce Riedel, uno de los asesores del presidente electo Barack Obama en el área del sur de Asia, Osama bin Laden trabajó con la dependencia de inteligencia paquistaní a finales de los años 80 para crear el Lashkar-e-Taiba como un grupo yihadí enfocado a desafiar el mandato indio en Cachemira, la región ubicada al norte de la India y por cuya soberanía los dos países vecinos han tenido tres guerras. El control de esta zona es clave para el dominio de la región.
Moonis Ahma, conferencista de la Universidad de Karachi, aseguró que: “Bombay es una conspiración bien pensada con miras a desestabilizar las relaciones entre ambos países”.
Atrapados en el Taj Mahal
En declaraciones a la cadena estadounidense CNN, Carrol Mackoff relató el horror que vivió durante 48 horas en el hotel Taj Mahal, de Bombay. La nativa de Chicago estaba en una habitación con su marido, su hermana y un amigo cuando escucharon los primeros disparos, complementados por gritos y explosiones.
Pocos minutos después sonó el teléfono y un funcionario del hotel les explicó que el lugar estaba siendo atacado, que no podían salir por ningún motivo y que debían asegurar la puerta. Los turistas procedieron a fortificar la entrada de la habitación con su equipaje y, aterrorizados, se resignaron a esperar qué suerte les esperaba.
Carrol se dedicó a enviar mensajes de texto continuamente a sus hijos, al consulado estadounidense en Bombay y a la corresponsal de CNN Sara Sidner. Pero también se atrevió a acercarse a la puerta y mirar por el ojo mágico. Cuando fue liberada, le contó a la cadena estadounidense, con gran detalle, lo que presenció.
“Podíamos ver hombres corriendo por los corredores; estaban armados. En un momento vimos cómo uno de ellos hablaba por celular, como si estuviera coordinando con alguien”. Los terroristas incluso timbraron en su habitación, pero no obtuvieron respuesta. Carrol no se volvió a acercar a la puerta.
“Me contaron que del otro lado del corredor los terroristas habían derrumbado la puerta y lanzaron granadas dentro del cuarto. Sólo pensábamos: ‘Por favor, que no traten de explotar esta puerta’. Afortunadamente, no lo hicieron. No parece real, es algo imposible de asimilar”.
Durante 20 horas los estadounidenses estuvieron en total oscuridad y taparon el ojo mágico con cinta. Finalmente, un hombre del ejército indio los llamó y les dio una contraseña que identificaría al grupo de rescate que los sacó del infierno.
“Salimos en silencio, evitando vidrios rotos, zapatos y sangre que estaban por todo el lugar”.