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Torre de Tokio: adiós japonés a Carlos Holmes Trujillo

Columna para acercar a los colombianos a la cultura japonesa.

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Gonzalo Robledo * @RobledoenJapon / Especial para El Espectador, Tokio
31 de enero de 2021 - 02:00 a. m.
Carlos Holmes Trujillo en una conferencia en la Universidad de Sophia, en diciembre de 2018. /
Carlos Holmes Trujillo en una conferencia en la Universidad de Sophia, en diciembre de 2018. /
Foto: Foto de Gonzalo Robledo
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El fallecimiento de Carlos Holmes Trujillo, anunciado en Japón por la agencia de noticias Kyodo a las pocas horas de haberse confirmado en Bogotá, provocó un pequeño incendio en las redes sociales niponas sorprendidas de que un país dejara morir a su ministro de Defensa, convirtiéndolo así en una víctima más de un supuesto complot chino.

La muerte del excanciller tuvo eco por su vinculación a Japón, donde vivió seis años y durante los cuales fue cónsul y encargado de negocios en la Embajada de Colombia. También cursó un posgrado en culturas comparadas en el Departamento de Lenguas Extranjeras de la Universidad de Sophia, en Tokio, institución jesuita hermanada con la Javeriana de Bogotá.

A pocas horas de aparecer en el portal Yahoo! News la noticia, acumulaba unos 400 comentarios, entre los que había condolencias y reflexiones preocupadas por el avance imparable de la COVID-19. Un usuario cuestionó el sistema médico colombiano. “Esto no pasaría en Japón”, dijo, y fue corregido por otro que comentó: “He oído que el nivel de los médicos colombianos es muy alto”. (Lea aquí más columnas sobre Japón).

Pero con la velocidad del fuego, el hilo de la conversación llegó al origen del virus. Surgió entonces ese fuerte sentimiento antichino que comparten grupos nacionalistas radicales y ciudadanos comunes, como un grupo de cosmopolitas señoras de mi barrio que consideran a Donald Trump el mejor presidente de Estados Unidos por haberse enfrentado contra China. “No creo mucho en las conspiraciones, pero las armas biológicas son muy buenas para debilitar un país”, decía otro comentario. El siguiente instaba a reclamar daños y perjuicios a China por crear un “virus artificial”.

El sentimiento antichino dejaba de vez en cuando un resquicio para apuntes sensatos, como el que preguntaba si el ministro, fallecido a los 69 años, no padecía otra enfermedad subyacente que aceleró su muerte.

Trujillo representó a Colombia en la entronización del emperador Naruhito en 2019, y en diciembre de 2018, recién nombrado como canciller, pronunció una conferencia en la Universidad de Sophia en la que tocó el Acuerdo de Paz, la crisis migratoria de Venezuela y la necesidad de más inversión nipona en Colombia.

En esa visita prometió que para 2022 el 50 % de las embajadas del mundo estarían dirigidas por diplomáticos de carrera. Poco después, desde Bogotá, anunció que el entonces representante de la Federación Nacional de Cafeteros en Tokio, Santiago Pardo, pasaba a ser el nuevo embajador en Japón.

El puesto de embajador en Tokio ha recaído repetidas veces en ejecutivos vinculados a la FNC, además de un importador de motocicletas japonesas y una directiva bancaria, hija de un expresidente de la FNC, y Trujillo con su nombramiento confirmó la percepción de que la diplomacia colombiana en Japón suscribe tres principios fundamentales que son: comercio, comercio y comercio. Al revisar de nuevo el hilo de Yahoo! News, el mensaje que más likes tenía (5.514) decía: “Rezo por el alma del ministro”.

* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.

Por Gonzalo Robledo * @RobledoenJapon / Especial para El Espectador, Tokio

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ricardo(37054)31 de enero de 2021 - 02:38 p. m.
Por el hijo de este man ahora nos toca aplicar visa para ir a Japon.
Carlos(19865)31 de enero de 2021 - 01:29 p. m.
El SARS-COV-2 no es consecuencia de la experimentación y, por consiguiente, no puede concebirse como un arma usada por China con fines geoestratégicos. ¡Este cacareo ignorante y repetitivo ya me resulta molesto!
Berta(2263)31 de enero de 2021 - 12:45 p. m.
Ese "ministro" ni fue gran hombre, ni deja ningún legado importante; pasará a la historia como un fascista que buscaba sentarse en la Casa de Nari a cuestas de la represión del pueblo colombiano y del regreso infame del glifosato. No me alegra la muerte de ninguna persona; aún así no puedo decir que lamente la muerte de un posible cómplice del genocidio colombiano.
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