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Torre de Tokio: castigo de Babel

Columna para acercar a los colombianos a la cultura japonesa. Hoy, la dificultad de hablar inglés.

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Gonzalo Robledo * / Especial para El Espectador, Tokio
14 de febrero de 2021 - 02:00 a. m.
El exfutbolista Fernando Morientes, de visita en Tokio, habla con el robot Pepper, capaz de comunicarse en ocho idiomas.
El exfutbolista Fernando Morientes, de visita en Tokio, habla con el robot Pepper, capaz de comunicarse en ocho idiomas.
Foto: Foto de Gonzalo Robledo
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Contrariado por haber llegado tarde a una conferencia suya en Tokio, el escritor español Camilo José Cela atribuyó su retraso a problemas de comunicación con los empleados de su hotel y sentenció: “Me acabo de dar cuenta de que ustedes los japoneses hablan inglés patrióticamente mal”.

El autor de La familia de Pascual Duarte parecía insinuar que el maltrato sufrido por el inglés cuando es hablado por los japoneses era una represalia contra Estados Unidos por la derrota de la II Guerra Mundial. Aunque es cierto que siguen existiendo en Japón poderosos grupos nacionalistas ávidos por reescribir la historia y cobrarse los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, el origen del calvario de muchos japoneses al hablar el idioma de Hamlet se debe buscar en sus colegios.

Para explicar la gran dificultad que tienen los ciudadanos de la tercera potencia económica mundial a la hora de hablar inglés, los expertos citan el énfasis de la educación japonesa en las llamadas “habilidades silenciosas”: leer y escribir. En vez de promover la conversación y la práctica del idioma vivo, los métodos japoneses obligan a memorizar centenares de reglas gramaticales que serían muy valiosas para dominar un idioma si su único objetivo no fuera responder las preguntas escritas de un examen. (Lea más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).

En las encuestas, muchos japoneses afirman que no tienen interés en el inglés más allá de las aulas, porque nunca esperan usarlo en sus vidas, una realidad palpable para millones de personas en todo el mundo que viven sin necesidad de expresarse en otro idioma.

Pero al ser conscientes de la importancia de los idiomas extranjeros para un país que exporta a todo el mundo, y cuya habla solo es lengua nativa en su archipiélago, los gobiernos japoneses han propuesto sucesivas reformas educativas para mejorar el nivel de conversación en inglés de todos sus ciudadanos. Los resultados, sin embargo, han sido exiguos. Aun hoy, el turista que sale a caminar por Tokio con la esperanza de que todo el mundo entienda el inglés suficiente para auxiliar a un extranjero extraviado se lleva una gran decepción cuando ve que los corteses peatones japoneses desvían la mirada hacia el cielo o reciben un repentino mensaje de texto que les urge cambiarse inmediatamente de acera.

En previsión de que en el año de los Juegos Olímpicos unos 40 millones de turistas llegarían a Japón, las empresas de tecnología desarrollaron robots políglotas, aplicaciones de traducción digital y hasta un dispositivo del tamaño de una cajetilla de cigarrillos que traduce entre el japonés y otros 60 idiomas. Con la tecnología, los japoneses dejarán de sufrir el castigo de Babel y evitarán comentarios sarcásticos como el del fallecido Premio Nobel de Literatura, cuyo inglés debió ser modelo de perfección, pues su apellido completo era Cela Trulock, gracias a su madre británica.

* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.

Por Gonzalo Robledo * / Especial para El Espectador, Tokio

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