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11 Apr 2021 - 2:00 a. m.

Torre de Tokio: pobreza japonesa

Columna para acercar a los colombianos a la cultura japonesa.

Gonzalo Robledo * @RobledoenJapon / Especial para El Espectador, Tokio

Hombre con su casa hecha de cajas de cartón en el parque de Yoyogi, en el centro de Tokio.
Hombre con su casa hecha de cajas de cartón en el parque de Yoyogi, en el centro de Tokio.
Foto: Foto de Gonzalo Robledo

El diario Asahi Shimbun, uno de los de mayor circulación en Japón, publicó en la portada de su edición vespertina del pasado 29 de marzo un extenso artículo titulado “Pobreza y cuentas bancarias conectadas a través del celular”, basado en una entrevista telemática con el director del Departamento Nacional de Planeación (DNP) de Colombia, Luis Alberto Rodríguez. Tras explicar el programa de inclusión financiera Ingreso Solidario, y destacar que en “solo tres semanas” logró entregar los subsidios, el artículo hizo referencia a los 1.700 millones de adultos del mundo que carecen de cuenta bancaria, la mayoría en países en desarrollo, el 56 % de los cuales son mujeres. (Recomendamos más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).

Firmado por su corresponsal en São Paulo y publicado en una serie sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), el informe me remitió de inmediato al creciente y poco divulgado problema de la pobreza en Japón. La tercera economía del mundo tiene estadísticas parciales sobre sus ciudadanos desamparados, debido, según algunos analistas, a que muchos japoneses evaden esas encuestas por el estigma asociado a depender de ayudas sociales.

“Pobre”, según el Instituto Nacional de Investigaciones sobre la Población y la Seguridad Social de Japón, significa: vivir con menos de la mitad del ingreso medio mensual”; es decir unos 85.000 yenes (US$766 por mes). El salario mínimo en Japón ronda los US$1.400. El universitario promedio que vive solo deberá contar con unos US$500 para vivienda, US$250 para alimentación y unos US$100 o más para transporte.

Desde el estallido de la burbuja económica del siglo pasado, pasando por la crisis de Lehman Brothers, en 2008, y el triple desastre de terremoto, tsunami y accidente nuclear de 2011, cada vez más corporaciones japonesas apoyan la abolición del sistema de empleo vitalicio —que imperó a lo largo del siglo XX—, y la precariedad laboral está cada vez más implantada.

Con la pandemia, un gran número de mujeres que sobrevivían con empleos a tiempo parcial han visto sus ingresos recortados o han sido despedidas, y ahora engrosan las filas de los más vulnerables. Reportajes dedicados al tema cuentan cómo mujeres que se divorcian tras criar a sus hijos, y sin conexiones con el mundo laboral, caen en un limbo de soledad y penuria cuya salida es la prostitución o la depresión.

También con la pandemia, aumenta el número de niños pobres. Comparado con otros países desarrollados, Japón tiene un alto índice de pobreza infantil, que al no desembocar en delincuencia juvenil y otras expresiones de inconformidad da lugar a lo que los expertos califican de “pobreza invisible”. Los partidos de la oposición pidieron el mes pasado al primer ministro, Yoshihide Suga, empezar cuanto antes los subsidios para las familias vulnerables en Japón, pero, según la prensa, el mandatario se mostró “evasivo”. Cuando Suga se decida, el primer reto de su equipo será igualar lo expeditivo del programa colombiano.

* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.

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