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Columna para acercar a los colombianos a la cultura japonesa.

Después de escuchar que el fuego de la antorcha olímpica se apagó por treinta segundos el día de su partida, en lo que técnicamente se considera el inicio de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, decidí buscar alguna buena noticia sobre el magno evento, que va camino de convertirse en el acontecimiento internacional más accidentado en la historia moderna de Japón.
Aplazados un año por culpa de la pandemia y aquejados por una larga cadena de infortunios, que incluye la reciente dimisión de su máximo directivo tras despreciar a las mujeres por parlanchinas, los juegos de Tokio serán un experimento masivo de protocolo antipandemia con la participación de miles de extranjeros. (Recomendamos: Lea otras columnas del Gonzalo Robledo sobre Japón).
A los periodistas nos mostraron ya un colorido librito de obligaciones preventivas que en su prólogo advierte: “Algunas de las medidas descritas en este documento pueden parecer restrictivas, pero puede estar seguro de que su objetivo es permitirle ejecutar su trabajo en un entorno seguro para usted, los atletas y el pueblo japonés”.
Las reglas, pensadas por el Comité Olímpico Internacional y los organizadores japoneses, tienen un rigor y minuciosidad que evocan los detallados manuales que se preparan en los colegios japoneses para las excursiones escolares y en los que se forja el espíritu espartano y metódico de sus ciudadanos. Tokio 2020 nos pide empezar con chequeos médicos diarios catorce días antes de viajar a la capital nipona. Tanto prensa residente como la venida de fuera deberán tener una lista de todas las personas con las que se contactarán en Japón. Las entrevistas se deberán hacer a dos metros de distancia y cada equipo periodístico deberá nombrar a un delegado especial dedicado solo a la coordinación de los controles del COVID-19.
La prensa japonesa recomienda a Tokio 2020 aplicar las lecciones de dos exitosos eventos deportivos celebrados en EE. UU. en medio de pandemia y lograron salir invictos con muy pocos contagiados: el final de la temporada de baloncesto de la NBA, celebrado en Disney World en Florida, y el US Open de tenis, que tuvo lugar en Nueva York.
Sendos eventos usaron “burbujas”, un eufemismo para campo de concentración deportiva en el que los atletas, dotados de sensores, quedaban equiparados a presos con brazaletes que hacían sonar las alarmas si entraban a zonas no autorizadas.
Pero las graves pérdidas que sigue generando el retraso de los Juegos Olímpicos de Tokio hace pensar que no quedan fondos para aplicar la costosa tecnología de rastreo electrónico permanente. Por eso el librito recomienda “tener una actitud adecuada”, es decir un llamado a la buena voluntad para unos Olímpicos que sentarán las pautas para futuros acontecimientos internacionales.
* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.