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El régimen de Teherán cede en principio a la presión internacional, pero sólo en parte, ya que sigue condenada a muerte. Amnistía Internacional (AI), que lleva a cabo una campaña de firmas para salvarla, asegura que en el comunicado del gobierno iraní sólo se dice que no va a ser lapidada, pero no menciona que vaya a conmutarse su pena de muerte, por lo que puede ser ejecutada “en cualquier momento”. El método de ejecución más usual en Irán es “el ahorcamiento”, añade AI.
La sentencia a muerte por lapidación para Ahstiani, de 43 años y madre de dos hijos, implicaba ser enterrada hasta el pecho y golpeada hasta la muerte con piedras que no sean tan grandes como para matarla de forma instantánea ni tan pequeñas que no le causen daño, tal como establece el código penal de la República Islámica. El código penal vigente en Irán desde la revolución islámica de 1979 establece la lapidación para los adúlteros, pero de acuerdo con esa polémica interpretación de la sharía (ley islámica), el delito debe probarse por la confesión repetida del acusado o el testimonio de cuatro testigos varones (o de tres hombres y dos mujeres). Pero a Sakineh no le han hecho un juicio justo, denunció su hijo de 22 años. Y ya recibió un castigo: lleva cinco años presa y la han azotado 99 veces.