28 Jun 2019 - 3:00 a. m.

Un cementerio en el río Bravo

Este año han muerto 14 niños y 343 adultos intentando cruzar la frontera entre México y Estados Unidos. El desierto y el río Bravo son los lugares en donde más inmigrantes pierden la vida.

- Redacción Internacional

Un hombre pesca cerca a una cruz que conmemora a un migrante que murió intentando cruzar el río Bravo, fronterizo entre México y Estados Unidos.  / AP
Un hombre pesca cerca a una cruz que conmemora a un migrante que murió intentando cruzar el río Bravo, fronterizo entre México y Estados Unidos. / AP

Valeria, de 23 meses, se ahogó en el río Bravo junto a su padre, Óscar Martínez, un salvadoreño de 25 años, cuando intentaban llegar a Estados Unidos a bordo de una improvisada lancha que se volcó en la mitad del trayecto. Una tragedia que se visibilizó por una fotografía, pero que se repite casi a diario en este lugar, que marca la frontera natural entre EE. UU. y México.

(En contexto: La foto de un padre y su hija ahogados que refleja la crisis migratoria en México)

A pesar de las advertencias sobre cruzar el río, que parece tranquilo pero que es rápido y de corrientes peligrosas, miles de migrantes centroamericanos, africanos y haitianos se aventuran a atravesarlo a bordo de lanchas inflables que no soportan el número de pasajeros, o de improvisadas barcazas que terminan hundiéndose. Eso fue lo que les pasó a Valeria y su papá. La lancha se volteó y la corriente se llevó a la niña, el papá intentó salvarla, pero también fue arrastrado.

Según la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP por su sigla en inglés) en 2018 se registraron un total de 283 muertes por intentos de cruzar la frontera, aunque organizaciones de derechos humanos dicen que esos números no revelan la realidad. Los datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) informan que 343 personas murieron en la frontera entre México y Estados Unidos en 2018, casi el doble de las que registra la CBP.

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El río Bravo o río Grande, como se le conoce en Estados Unidos, es un largo río del sur de ese país y del norte de México que fluye a lo largo de 3.033 kilómetros y que, de acuerdo con autoridades de Centroamérica —de donde sale la mayoría de migrantes que intentan cruzarlo—, es el que más vidas se lleva. Según sus cuentas, el año pasado murieron ahogadas 96 personas, y en el desierto muere un número parecido.

Agentes fronterizos le dijeron a The New York Times que desde octubre del año pasado han arrestado a 18.000 migrantes en la zona del río Grande, en comparación con 1.387 que fueron detenidos en 2018. Y dicen que han rescatado tres veces más cantidad personas en el agua que lo que se hace en el resto de la frontera.

 

 

El río Bravo es un cementerio de migrantes. Durante años ha sido una de las rutas más usadas para el cruce ilegal hacia Estados Unidos, por la falta de patrullaje en la zona. Sin embargo, después de las caravanas de migrantes que salen de Honduras y El Salvador desde 2018, hay más control y por eso se rescatan más personas y se conocen más casos de muertes.

A pesar de las amenazas del presidente Donald Trump, solo en mayo la CBP detuvo a más de 144.000 migrantes. La cifra más alta en trece años. Las recientes medidas tomadas por México, ante la amenaza de Washington de imponer aranceles a sus productos, solo ha empeorado la situación. Miles de migrantes se represan en Ciudad Juárez y muchos optan por cruzar el río, en donde las autoridades han detenido a 315 migrantes solo en el tramo del río Bravo.

(Puede leer: La historia de Óscar y Valeria, los salvadoreños que se ahogaron en la frontera estadounidense)

Más víctimas

Apenas unas horas después del caso de Valeria y su papá, las autoridades estadounidense encontraron el cuerpo de una mujer flotando en Clint (Texas) cerca del río Grande, de acuerdo con la oficial del alguacil del condado de El Paso.

Era Natividad Quinto Crisóstomo, de 19 años, proveniente de Paracho, en Michoacán (México), según recoge el medio local KTSM.com. El domingo también fueron hallados los cadáveres de tres niños y una mujer en Texas, muy cerca de la frontera con México. Eran de Guatemala, según confirmaron oficiales de ese país. Los cuerpos sin vida fueron encontrados en las cercanías del río Bravo y de los matorrales de Anzalduas, en la ciudad tejana de Mission. Las víctimas intentaron cruzar el río a bordo de balsas improvisadas, pero fallecieron a causa de una posible deshidratación, expusieron las autoridades.

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A principios de mayo, el cuerpo de un bebé de diez meses fue recuperado de las aguas del río Grande por el Departamento de Bomberos de Eagle Pass, en Texas. El pasado 13 de junio, la Patrulla Fronteriza Sector Tucson (Arizona) descubrió en el desierto el cuerpo sin vida de una niña de siete años originaria de la India.

“Los migrantes continúan ignorando la seguridad de sus vidas, así como a sus hijos cuando intentan cruzar el río Grande”, dijo Raúl L. Ortiz, agente de la patrulla de ese sector.

Migrantes entrevistados por The New York Times en Eagle Pass a finales de mayo confesaron ser conscientes del peligro que corren al cruzar el río Bravo, pero comentaron que los “coyotes” los convencen de que cruzar el río Bravo es la manera más rápida de pedir asilo.

La Patrulla Fronteriza, dice el periódico estadounidense, ha emitido advertencias sobre los peligros de cruzar el río Bravo. Incluso, señalan agentes, que los niveles se han elevado en los últimos días debido a la liberación de agua de una presa hidroeléctrica y a las fuertes lluvias.

(Ver más: México no detendrá a migrantes que crucen la frontera a Estados Unidos: López Obrador)

“¿Cómo podría el presidente Trump ver esta imagen y no entender que se trata de seres humanos que huyen de la violencia y la persecución?”, se preguntó Chuck Schummer, senador demócrata por Nueva York, al mostrar la imagen de Valeria y su papá.

Estas muertes “representan un fracaso en la respuesta a la violencia y la desesperación que empujan a las personas a emprender viajes peligrosos en busca de una vida digna y segura”, dijo Filippo Grandi, alto comisionado de las Nacionales Unidas para los Refugiados (Acnur).

Sin embargo, la foto de la menor y su padre parece haber logrado lo que no logró ninguna política de Trump: “En mi cabeza no está cruzar por el río, y ya tengo aproximadamente tres meses de estar aquí. Estuviera sola, lo hago, pero con el niño no”, asegura Emily, una migrante hondureña que sigue esperando que la llamen a la audiencia de asilo.

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