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Una década de purgas: ¿por qué Xi descabeza su maquinaria de guerra?

Una purga sin precedentes deja al mayor ejército del mundo bajo el control absoluto de Xi Jinping, que pondría en riesgo la estabilidad en el Pacífico.

Camilo Gómez Forero

27 de enero de 2026 - 08:08 p. m.
Un soldado chino saluda durante una ceremonia en Beijing, China.
Foto: EFE - Maxim Shemetov / POOL
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Mientras que sus predecesores, como Hu Jintao y Jiang Zemin, prácticamente no tocaron la cúpula militar china para evitar inestabilidad, el actual presidente chino, Xi Jinping, ha convertido la purga en un estado permanente. Desde 2012, cuando llegó al poder, Xi ha investigado o destituido a más de 100 generales, algo sumamente llamativo para una potencia en períodos de paz. Su cruzada ha causado la caída de más generales que los que murieron en los campos de batalla del siglo XX, según el “South China Morning Post”, y más de 1,3 millones de militares investigados.

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Zhang Youxia, vicepresidente de la Comisión Militar Central de China (CMC) y confidente histórico de Xi, se sumó esta semana a la lista de purgados. Fue una decisión tan sorpresiva como aparatosa. Sin Youxia, el CMC pasa de ser un cuerpo colegiado de siete líderes a un dúo compuesto solo por Xi y Zhang Shengmin, su policía interno y encargado de ejecutar las purgas. Es un nivel de centralización que China no veía desde Mao Zedong y deja al ejército más grande del mundo bajo el control absoluto de un líder político y su principal “auditor” de lealtades.

En un mundo en guerras, y donde la paz en el Pacífico depende de China, la purga de Xi no solo sacude al país a nivel interno, sino que genera una incertidumbre que sacude todo el tablero. ¿Por qué ahora?

¿Corrupción o paranoia?

Youxia, como otros generales, fue acusado de “graves violaciones de disciplina”, un eufemismo que en el pasado se ha usado para denunciar corrupción. Cabe recordar que Xi tiene una política de “tolerancia cero” frente a estas prácticas, y que sí hay casos de desfalcos comprobados por la inteligencia occidental.

Informes del Pentágono de EE. UU. señalaron que entre 2023 y 2024 se encontraron misiles llenos de agua en lugar de combustible (para ocultar el robo del presupuesto) en el oeste chino, con tapas que además no funcionaban para el lanzamiento. Esto llevó a la caída del ministro de Defensa, Li Shangfu, una que no fue reconocida por el gobierno, sino hasta dos meses después de la desaparición de Shangfu de la escena pública. Li Yuchao, comandante de la Fuerza de Cohetes, también fue destituido junto a su segundo al mando, Liu Guangbin.

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También hay casos de generales que vendieron ascensos o que compraron equipos de baja calidad a empresas de amigos o familiares. Según investigaciones internas, había una “lista de precios” en la que un ascenso a general de brigada podía costar aproximadamente USD 1,5 millones.

Pero si bien es cierto que Xi heredó un sistema corrupto, dañado por las direcciones de generales como Guo Boxiong y Xu Caihou, que operaban como “señores feudales”, el caso de Youxia no deja de ser llamativo por otras razones. Como señaló “The Economist” en su análisis, si las purgas llevan 14 años y han alcanzado a más de 100 generales, el problema no es solo de “manzanas podridas”, sino de un sistema realmente podrido.

Para el profesor de la Universidad de Georgetown Dennis Wilder, el asunto es que esto, la corrupción, es la excusa perfecta para llevar a cabo más que una limpieza de las fuerzas, una purga política que busca Xi para quedar como el único hombre fuerte. Hace unos meses Youxia intentó impedir el ascenso de una nueva generación liderada por He Weidong, quien fue el comandante del Teatro de Operaciones Oriental, el mando que supervisa directamente a Taiwán, y un hombre de confianza de Xi.

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Este ascenso era visto como una señal clara de que Xi estaba poniendo a sus “guerreros” en los puestos de máxima decisión para preparar una posible invasión o bloqueo a la isla. Su frustración habría sido una de las razones por las que Xi tomó represalias contra Youxia, quien, al ser hijo de Zhang Zongxun, uno de los generales de confianza de Mao Zedong durante la Guerra Civil china, tenía un lazo casi familiar con Xi. Este componente hace más llamativa la destitución: su caída simboliza que ni el linaje revolucionario ofrece inmunidad.

Adentro de las filas chinas, además de corrupción, hay una lucha de facciones por el control de las fuerzas armadas, y Youxia ya se había hecho muy poderoso para Xi, quien, además, destituyó al propio Weidong. El mensaje ahora, entonces, es para la élite de Pekín, a la que le dice que la supervivencia solo tiene rostro de sumisión absoluta a su autoridad. Sin embargo, no todos los analistas coinciden en que se trate de una cacería de brujas personalista.

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Para David Castrillón-Kerrigan, profesor e investigador de la Universidad Externado de Colombia, lo que estamos presenciando es la maduración de un sistema que, tras una década, “finalmente tiene la fuerza para limpiar sus sectores más sensibles y opacos”. Según el académico, “lejos de ser una reacción paranoica contra competidores inexistentes, la caída de figuras como Youxia refleja un ‘verdadero deseo de eliminar la corrupción’ alineado con la ideología marxista-leninista. Desde esta perspectiva, Xi no está destruyendo el sistema para salvarse, sino que está logrando llegar a estamentos de poder que antes eran intocables —como la alta cúpula militar o el sector financiero— para asegurar la supervivencia a largo plazo del partido”.

Taiwán y el factor 2027

La meta de Xi Jinping ha sido clara: que el ejército chino sea capaz de tomar Taiwán para 2027. No obstante, la purga de generales genera una paradoja estratégica. Mientras Xi busca limpiar la corrupción para asegurar que los misiles funcionen y los contratos sean reales, está eliminando la memoria institucional de su ejército y sus posibilidades tácticas.

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Al purgar a los comandantes del Teatro Oriental, el frente directo hacia Taiwán, China se arriesga a entrar en combate con un liderazgo aterrorizado por la auditoría política más que por el enemigo. Por otro lado, la lectura internacional, especialmente desde el Pentágono, es de una cautela ambivalente. Un ejército así de corrupto sería una amenaza degradada a corto plazo, pero un líder rodeado de oficiales que no se atreven a decirle la verdad es más propenso a errores de cálculo.

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