Las encuestas son concluyentes y todas apuntan de manera consistente a validar el triunfo demócrata. Hasta la segunda semana de septiembre las cifras indicaban una marcada inclinación de los electores en favor del candidato republicano. Pero en los días siguientes al anuncio del gobierno estadounidense de intervenir las principales compañías hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac, y la posterior declaratoria de quiebra de Lehman Brothers, las encuestas registraron un cambio radical.
El 9 de septiembre, los sondeos mostraban a McCain vencedor en 23 estados que sumaban 211 delegados, mientras Obama apenas ganaba en 16 estados y sumaba 197 delegados; quedaban 11 estados indecisos. El punto de quiebre de la actual campaña se produce una semana después con la abrupta caída en la intención de voto republicana, perdiendo 4 estados y 58 delegados, mientras que, en sentido opuesto, los demócratas pasaron de 16 a 26 estados y de 197 a 322 delegados.
¿Qué ha pasado desde entonces? Nada. Un mes después del crash de septiembre, los resultados de Obama y McCain apenas han sufrido ligeras variaciones.
Todos los esfuerzos de los republicanos para revertir la situación han sido infructuosos al producirse una cristalización en las preferencias de los electores. El ostensible retroceso en estados decisivos donde disponía de una confortable ventaja, como Florida y Georgia, e incluso en bastiones tradicionales del partido, como Carolina del Norte, Virginia, Missouri y, quién lo diría: en Montana y Dakota del Norte, explican el hueco negro en el que parece haber caído la campaña republicana.
A escasas dos semanas de la elección, es apenas comprensible que las esperanzas republicanas empiecen a desvanecerse por el precario margen de crecimiento y la fijación de las preferencias electorales. La tarea en sí es prácticamente imposible. Se requeriría una subida inesperada de McCain en múltiples frentes de batalla, pues si en teoría quedan entre seis y siete estados indecisos, tendría que ganar en todos ellos —cosa de por sí bastante improbable—. El tiempo corre contra el candidato republicano en un país que, como Estados Unidos, responde a geografías electorales marcadas por una fuerte heterogeneidad. En fin, se requiere de algo más que un impulso para cruzar una meta que por ahora parece bastante lejana, aun para un corredor tan persistente como McCain.
* Doctor en Ciencia Políticas. Catedrático, Universidad Externado de Colombia.