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Una revolución por Cuba

Después de que la isla desistiera de su intención de asistir a la Cumbre de las Américas, ahora Ecuador analiza su presencia.

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Diego Alarcón Rozo
08 de marzo de 2012 - 11:21 p. m.
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Después de una agitada agenda diplomática de Colombia, lo que viene ahora es un tiempo de reflexión para Ecuador. Al menos ese parece ser el balance inicial de la pequeña tempestad que el presidente Rafael Correa desató a comienzos de febrero, en la Cumbre de Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba), cuando invitó a sus miembros a no asistir a la próxima Cumbre de las Américas en Cartagena, en caso de que Cuba no fuera invitada.

En efecto, Cuba quería ser invitada, pero ya no. Quiso cuando la canciller María Ángela Holguín visitó La Habana reaccionando a la propuesta de Correa y el gobierno de la isla aceptó sus intenciones, pero dejó de querer cuando el presidente Juan Manuel Santos acudió también, buscando persuadir al presidente Raúl Castro de desistir. El propósito se cumplió: ante una “falta de consenso” para la presencia de Cuba en la reunión, como explicó Santos, la isla prefirió dar un paso al costado para no entorpecer la realización de la Cumbre y no afectar las relaciones diplomáticas entre Colombia y Estados Unidos.

Nadie habló de Estados Unidos directamente, sin embargo, resultaba evidente que el gran contrapeso a la presencia de Cuba y, de paso, a la propuesta de Rafael Correa, era el gobierno de Washington, que a través de sutiles mensajes de la secretaria de Estado, Hillary Clinton, dio por sentada la no asistencia cubana. La isla no forma parte de la Organización de los Estados Americanos (OEA) y no tenía cabida en la Cumbre a no ser de que una invitación de Colombia llegara a su casillero y Washington aún no tenía noticia de que esto fuera a suceder.

Las palabras entonces dieron pie a elucubraciones simples que hacían sospechar de la presencia irreconciliable de Estados Unidos o de Cuba y el Alba. Las palabras del canciller cubano, Bruno Rodríguez, ratificaron lo anunciado por Santos, aunque en un tono más crudo: “Todos comprendemos que una eventual invitación a Cuba, tal y como ha explicado el presidente colombiano, depende del consenso”, “todos lo entendemos como la autorización de Washington”.

Ahora las cámaras esperan la reacción de Correa, quien ya anunció que “nos encantaría estar en la Cumbre de las Américas (el 14 y 15 de abril), pero tenemos que analizarlo muy profundamente”. Para dicha decisión Colombia cuenta con un gran punto a favor, confirmado por la canciller Holguín: la disposición de Hugo Chávez (visitado por Santos en La Habana, donde se recupera de su segunda cirugía contra el cáncer) de hablar con Correa para que acuda a la Cumbre de Cartagena.

“El panorama ha cambiado. Es diferente cuando Correa condiciona su asistencia a una eventual ausencia de Cuba y otra cuando la propia Cuba, en decisión soberana, opta por no forzar su presencia”, explica el profesor de la Facultad Latinoamericana de Estudios Sociales (Flacso), Simón Pachano, en diálogo con este diario. “Correa podría pensar que de todos modos se hizo el esfuerzo”.

Es posible que después de la visita de Santos a La Habana la presencia del presidente estadounidense, Barack Obama, esté prácticamente garantizada en Cartagena. Igualmente, cabe preguntarse si la sutil reticencia de Washington no concuerda con lo que Obama expresó en su campaña presidencial, cuando sugería que su país podría mejorar las relaciones con la isla. Cabe preguntarse también si la nueva campaña para su reelección, cuando el significativo voto de los exiliados cubanos está en juego y los republicanos se orientan hacia la línea dura de la política exterior, pudo haber tenido que ver en todo este entrevero.

Michael Shifter, presidente del diálogo interamericano, en comunicación con El Espectador, considera que no es así: “Todo es menos flexible en un año electoral. Sin embargo, dudo que Obama hubiera participado en la Cumbre de todas maneras si Cuba estaba. La isla no es tan importante para Obama, pero sí para algunos duros en el Congreso”.

El excanciller de Colombia Guillermo Fernández de Soto igualmente se refiere a este punto, asegurando que “es claro que el año electoral de Estados Unidos tiene importancia, como también que el Alba no agrupa a todos los países del hemisferio”.

Hasta ahora la Cumbre continúa con su curso normal, a pesar de que haya sufrido algunas transformaciones en su agenda. El presidente Juan Manuel Santos se comprometió a poner sobre la mesa el tema de la participación de Cuba en las próximas cumbres, para evitar la incómoda situación con la que tuvo que lidiar. “En eso estamos de acuerdo también con los países del Alba”, puntualizó. En rueda de prensa, ya en Bogotá, la canciller María Ángela Holguín confirmó que la discusión al respecto no se dará a puerta cerrada por petición del gobierno de Raúl Castro, contrario a lo que había propuesto Colombia: “Si el diálogo es privado o público es un asunto menor. Sabemos que el tema se va a dar porque muchos de los países de la región nos lo han manifestado”.

Por Diego Alarcón Rozo

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