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“Vi el triunfo del primer Presidente negro de los Estados Unidos”

Una periodista colombiana narra el día en que cambió la historia política del país del norte.

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Vanessa de la Torre *
27 de diciembre de 2008 - 10:00 p. m.
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Cuando Barack Obama apareció en la tarima del Grant Park de Chicago, a pocos minutos de haber sido elegido el presidente número 44 de Estados Unidos, no pude contener las lágrimas. La emoción que invadía el lugar y la esperanza de la gente reflejada en sus rostros era contagiosa.

Hacía menos de dos años que lo había entrevistado. Fue el 4 de enero de 2007, día en que los demócratas volvieron a ser mayoría en el Congreso de Estados Unidos luego de doce años de dominio republicano. En esos días, Obama caminaba libremente por las calles adyacentes al Congreso, sin el blindaje del Servicio Secreto ni la ola de periodistas y seguidores que ahora no lo dejan ni a sol ni a sombra.

Lo encontré en las afueras del Capitolio, sonriente, triunfante y, con su carisma innegable, accedió a contestarme preguntas por cerca de diez minutos. Confieso que nunca un personaje político me había impactado tanto. Decidí, entonces, conocerlo. Leí sus libros, escuché con atención sus discursos, observé sus derrotas, analicé su defensa cautelosa y astuta ante las críticas de sus adversarios y, sobretodo, traté de entender sus ideas y propuestas.

Con tanta suerte que fui la enviada especial de Noticias Caracol a varias elecciones primarias y debates en donde buscaba desesperadamente ganarle a Hillary Clinton la candidatura única del partido.

Lo volví a entrevistar a mediados de este año, cuando ya su nombre comenzaba a hacer historia, y reconfirmé que, como millones de estadounidenses, yo también quería verlo en la Casa Blanca.

Aún hoy me parece tan increíble como admirable que el pueblo estadounidense haya elegido a un presidente negro. En el Grant Park de Chicago 130.000 personas, según cifras oficiales, gritaban, lloraban, aplaudían y se abrazaban enardecidas. Celebraban, junto al de Obama, el triunfo de la raza negra, de hombres como Martin Luther King, Malcom X, Bob Kennedy, John Kennedy y Abraham Lincoln, quienes buscaron la manera de hacerle entender al mundo que los negros y los blancos tenemos los mismos derechos. Que, de verdad, somos iguales.

Cuando terminé la transmisión en directo para Noticias Caracol, me sumé a la multitud con mi productor Gerardo Pinzón, quien estaba igual o más emocionado que yo. Cerré los ojos por un instante tratando de ser consciente del momento histórico que estaba viviendo, y sentir la euforia colectiva de esa noche que yo sólo había visto en conciertos de rock y finales de fútbol. Fue absolutamente conmovedor.

Por eso la imagen del lugar repleto de seguidores, miles de periodistas y cámaras transmitiendo en directo para todo el planeta, una familia negra celebrando y Barack Obama diciendo que los sueños son posibles, estará tan presente en los libros de historia del siglo XXI como en mi memoria.

Hacía cuatro años que Barack Obama era uno más en la arena política estadounidense. Aunque en la Convención Demócrata de 2004 sorprendió a muchos con sus dotes de orador —“No hay un E.U. blanco y un E.U. negro”, dijo entonces en una invitación a cerrar las heridas raciales abiertas en el país— pocos creyeron que un afroamericano lograra convertirse en el mandatario del país más poderoso del mundo.

Con el sueño cumplido y su promesa de “Cambio” en la mente de millones de personas, Obama tuvo que aterrizar pronto en la realidad. Recibe un país destrozado, una crisis financiera sin precedentes, el empleo en su máximo histórico y un sentimiento antiestadounidense extendido por todo el mundo.

Según ha dicho en dos años cerrará Guantánamo, ese limbo jurídico en Cuba; retirará las tropas de Irak, un país que se está desangrando por la guerra, enviará más tropas a Afganistán, en donde los talibanes están regresando con más fuerza y aliviará las tensiones con Irán, Corea del Norte y otros puntos álgidos del planeta.

Los estadounidenses y miles de personas en el mundo apuestan por el cambio. Ya lo dijo Obama  a la revista Time: “El cambio significa un Gobierno no dirigido por la ideología. Quiere decir un Gobierno competente. Y lo más importante, quiere decir un Gobierno centrado en el día a día, en las necesidades y aspiraciones, en las luchas, esperanzas y sueños de la gente ordinaria”.

* Periodista colombiana, corresponsal de Caracol TV en Washington.

Por Vanessa de la Torre *

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