Poco a poco la frontera entre Siria y Turquía se está convirtiendo en un nuevo campo de refugiados. En las últimas 24 horas, más de 2.000 sirios —la mayoría provenientes de la ciudad de Jisr al Shagur, en donde el asesinato de 80 militares el fin de semana provocó la llegada de 40 tanques y cientos de soldados del régimen del presidente Bashar al Asad— han llegado a la localidad de Hatay, con lo que la cifra de refugiados llega hasta 2.500 desde el pasado martes. Una situación que tiene preocupado al gobierno turco, que no obstante ha asegurado que no cerrará la frontera.
Con la llegada de estas personas a suelo turco, también han arribado cientos de historias sobre la crueldad de la represión del gobierno en contra de los movimientos ciudadanos que piden a gritos la apertura democrática en el país. Mohamed, un joven de 19 años, le contó al periódico El Mundo de España que después de la protesta del lunes pasado “cortaron las carreteras. Ya no llegaban más víveres. Cortaron la luz. Las conexiones telefónicas. Envenenaron el agua. Hubo gente que murió después de beber; lo deben de haber hecho algunos afectos al régimen. Huimos”.
Sin embargo, los relatos más sorprendentes provinieron de algunos exiliados de la ciudad de Idlib, al noroeste de Siria, quienes aseguran que algunos militares iraníes están ayudando al gobierno en la represión de los protestantes. “Había muchos policías vestidos de civiles, pero también muchos soldados iraníes (…) Llevaban barba. Eso está prohibido en el ejército sirio”, asegura Mustafá, un comerciante de 23 años. La afirmación es corroborada por Akram, un estudiante de 17 años que sostiene que “eran sobre todo francotiradores. No hablaban árabe. Además, llevaban un modelo de armas desconocido”.
Esta revelación llega en momentos en que la relación bilateral entre Teherán y Londres pasa por un mal momento luego de que el pasado martes el ministro de Relaciones Exteriores del Reino Unido, William Hague, acusara a Teherán de respaldar y proporcionar material al régimen sirio. En protesta, el Ministerio de Asuntos Exteriores iraní convocó ayer al encargado de negocios del Reino Unido en el país. Según trascendió, durante la reunión, un alto funcionario calificó la denuncia de infundada y sostuvo que “el gobierno británico no está calificado para hacer comentarios sobre otros países debido a su política intervencionista y destructiva en la región, y en particular por su papel como instructor militar en algunos países para enseñar a reprimir a la población”.
Vinculan a Irán con represión en Siria
Los refugiados sirios que llegan a Turquía huyendo de la represión del régimen de Al Asad así lo denuncian. El Reino Unido habla de apoyo.
El Espectador
09 de junio de 2011 - 04:10 p. m.
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