Según testigos, fueron más de 5.000 personas las que se tomaron la sede presidencial de Kirguistán, una ex república soviética en Asia Central. Los manifestantes pedían la renuncia del presidente, Kurmanbek Bakiev, quien en 2005 llegó al poder, por una rebelión igual a la que provocó su renuncia.
El malestar social comenzó a evidenciarse a comienzos de marzo debido a la gran pobreza, la subida de los precios y la corrupción política en el país, en donde Estados Unidos tiene una base militar fundamental para la logística de sus operaciones en Afganistán. La oposición le exigía al presidente desde el mes pasado que combatiera la corrupción y que despida a sus familiares que ocupan altos cargos en el Gobierno. Pero el presidente desestimó las peticiones e incluso el miércoles antes de firmar su renuncia, advirtió que en su país no pasaba nada y que las acusaciones de la oposición eran falsas.
Según Umurbek Tekebajev, uno de los jefes de la oposición, cerca de cien personas murieron durante la revuelta entre los opositores y las fuerzas de seguridad de Kirguistán. Sin embargo, el Gobierno saliente estima que son sólo 40 víctimas mortales y calcula que los heridos ascienden a 180 . La situación política es todavía incierta.