Jardines infinitos, lagos artificiales, órganos sexuales al aire, juegos lésbicos, efectos especiales, pizza y helado gratis... Un geriátrico lleno de cuerpos imponentes. Las fotos censuradas en Italia por iniciativa de Silvio Berlusconi muestran la rutina desinhibida de la mansión sarda del jefe del gobierno, en la Costa Esmeralda de la isla de Cerdeña.
Lunes 1º, jardines del palacio presidencial del Quirinal, fiesta de la República: cientos de prohombres del régimen suben a saludar al primer ministro, acorralado por las reacciones suscitadas a las noticias de su amistad con Noemi Letizia, una chica de 18 años. Un 70% de esos prohombres acude a saludar a Berlusconi con su hija del brazo, en vez de con su mujer. Bienvenidos a ‘Berluscolandia’, el país donde todas las jovencitas quieren ser ‘velinas’ (presentadoras de televisión).
Visitemos ahora Villa Certosa, la misteriosa mansión sarda del magnate milanés que oficia de primer ministro y es el actual presidente de turno del G-8 y líder elegido a mano alzada por el partido Pueblo de la Libertad. Desde que se supo que Noemi Letizia, la joven napolitana de 18 años que llama Papi a Berlusconi, pasó el fin de año en la casa con otras 30 ‘velinas’, todos los italianos fantasean con ese nombre: Villa Certosa. El mar turquesa, la gran casa principal, las estancias secretas, el canal subterráneo que comunica el mar directamente con la villa —inspirado en un filme de James Bond—, el parque con sesenta hectáreas de terreno, los bungalow que el dueño pone a disposición de sus invitadas (siempre más chicas que hombres, proporción de 4 a 1), todo ello reformado y renovado en 2006 por unos módicos 12 millones de euros. Incluso, asegura una fuente muy solvente, la villa esconde un refugio antiatómico en el subsuelo,
Aunque siempre ha sido un secreto a voces, Italia ha convivido sin el menor reparo moral con el hecho de que Silvio Berlusconi haya conocido, cortejado, invitado, recomendado, dado empleo, ayudado y promovido a cientos de ‘velinas’ durante su carrera política.
La política-espectáculo de Berlusconi, su talante personalista y plebiscitario, su fascinación de magnate generoso y mujeriego, han seducido durante tres lustros a las masas de televidentes y votantes italianos con sus chistes, su estilo machista, sus meteduras de pata, su ascenso social, sus triunfos electorales, incluso las victorias y los fichajes de su equipo de fútbol (esta semana paralizó la comunicación del fichaje de Kaká hasta el lunes para no dejarse un solo voto). Todo eso forma parte natural de su bagaje a-político y a-cultural, de su populismo abierto y mundano, que paradójicamente se apoya a la vez en un no-programa no-político, tradicionalista y católico, lejanamente inspirado en la trinidad “Dios, patria y familia”. Habría que añadir: “y ‘velinas’ ”.
Formas de llegar a la mansión
Villa Certosa es el símbolo de estatus del Cavaliere más discreto, su refugio no sólo nuclear. Según narran las fotos de Antonello Zappadu, Villa Certosa es también el lugar donde el magnate megalómano, el personaje excesivo, cómico y mitómano se olvida del abuelo que es (y que se alejó hace una década del dormitorio conyugal) y se convierte en macho otra vez, en el jeque del harén, en el Súper-Silvio moreno perpetuo, y operado (también de la próstata), mientras Italia susurra preocupada que toma demasiado Viagra y que sus médicos temen por su corazón.
Villa Certosa es además el lugar donde su amiga napolitana Noemi Letizia, de 18 años recién cumplidos, fue invitada a pasar las vacaciones de fin de año con otras treinta colegas y una docena de próceres del berlusconismo, casi todos setentones como él: gerontocracia y chavalas de bandera. A algunos les parecerá repugnante; a otros, pragmática y humana esa idea del mundo y del ascenso social. Pero, ¿qué mejor forma de triunfar en la Italia de la televisión que estar cerca, muy cerca, del gran patrón de la televisión europea y quizá mundial?
Acudir a Villa Certosa asegura a las chicas un teléfono al que poder llamar, quizás una recomendación del emperador, un pulgar hacia arriba, un casting al que acudir a la vuelta a Roma o a Milán, el domingo por la noche o el lunes por la mañana, tras las noches largas y divertidas, las charlas políticas de Silvio, los paseos, las salidas a comprar al centro comercial de Porto Rotondo (paga Papi, hasta 1.500 euros por chica), los bailes desenfrenados, algún striptease más alcohólico que pagado, el machismo en su índole peor. No es fácil estar entre las elegidas, llegar a vestal de Villa Certosa, insiste un político que prefiere no identificarse por seguridad: “El que va a la villa, cuenta; el que duerme allí, cuenta mucho, y el que pasa las vacaciones, está en el corazón del César”.
Incluso los ministros y ministras del Gabinete se dividen entre los muy habituales (como el silencioso Gianni Letta) y los ocasionales. Entre las ministras, la que más ha estado es Mara Carfagna, la titular de Igualdad de Oportunidades. A su juicio, Berlusconi está siendo atacado por envidia y sin razón, porque es una persona “buena”.
Para las chicas, la mejor forma de entrar es captar el ojo experto del viejo calavera. Como le pasó a Noemi Letizia o a la propia Carfagna y a tantos otros cientos de muchachas. Noemi, una dulce muchacha criada en ambientes cercanos a la Camorra napolitana, quería ser artista. Así que se hizo un libro de fotos y lo mandó a una agencia de Roma. El periodista de Canale 4, Emilio Fede, íntimo de Berlusconi, lo recogió y se lo llevó bajo el brazo, casualmente lo olvidó sobre la mesa, su capo cogió el teléfono y marcó el móvil de la joven. Le dijo que tenía una mirada angelical y que debía conservarse así, pura.
Eso era en octubre, reveló Gino, el obrero que fue novio de Noemi hasta que apareció Papi, en una entrevista a La Repubblica. Poco después, Noemi fue vista en una fiesta de la moda en Villa Madama, y en otra del Milán. En ambos casos la sentaron en las mesas presidenciales. Según han contado tanto Berlusconi como sus padres, la amistad venía de antiguo; Gino y una tía de Noemi lo han desmentido.
El caso es que, en diciembre, Noemi estaba ya en Villa Certosa. Aunque quizá fuera antes, porque ella declaró al empezar a ser famosa que había visto a Papi a menudo, que él no siempre podía ir a Nápoles con lo ocupado que estaba, y que ambos cantaban juntos las canciones de Apicella. Ahora la joven, en un último intento desesperado de salvar los muebles, ha dicho en una entrevista a la revista Chi, por supuesto de Berlusconi, que sigue siendo virgen.
Otra forma de llegar a Villa Certosa es conocer a los amigos del Sultán. Mejor si son empresarios VIP del círculo estrictamente judicial (lo judicial une mucho), como Marcello dell’Utri o el patrón de la escudería de Renault y compañero de fatigas off shore Flavio Briatore (que le recomendó a Berlusconi al abogado británico David Mills, creador corrompido del imperio Fininvest B), o el complaciente Fede Confalonieri, presidente de Mediaset.
Sólo helado
La entrada de las ‘velinas’ en la política, que se encuentra en el origen de esta crisis moral, era la consecuencia inevitable de la historia y del sistema. Forza Italia nunca ha sido un partido, sino un grupo de tifosi, de empleados comandados por Dell’Utri que reclutaron a toda prisa a la plantilla entera de secretarias de la empresa Publitalia en 1994 para llenar a tiempo las listas de candidatos. Su sucesor, el Pueblo de la Libertad, tampoco es un partido, más bien un aluvión de consejeros medianos, gestores sumisos y rostros bonitos sin tradición, ideología, bases. La televisión y la propaganda como única política; y la política se hace en televisión. Italia sigue siendo el paraíso del enchufe, el que no tiene un amigo está huérfano, y el gran jefe electricista se llama Silvio. Silvio aggiustatutto (Lo arregla todo con dinero). Los colegios y las casas están llenos, rebosantes de bellas Uranitas, y el sitio donde ellas se ponen a tiro es Villa Certosa.
Elisa Alloro, una de las ‘velinas’ que han estado en la casa madre, publicó esta semana un libro en el que revela que la primera que llamó Papi a Berlusconi fue Renata, una ‘velina’ brasileña. El apelativo se extendió como un virus. Y ahora, muchas ragazze se dirigen a él con ese nombre.
Eso es Italia, ya lo ha dicho la primera dama, Verónica Lario, mucho menos despechada que harta, lisístrata, patriota y revolucionaria, al condenar la podredumbre del berlusconismo-velinismo: “'Padres dispuestos a ofrecer a sus vestales al Dragón”, “quincalla política y machista sin pudor”, un marido y primer ministro que “frecuenta menores y no está bien”. Imposible decir más en menos palabras.
El equipo del Cavaliere está al tanto de las necesidades. Los periodistas que cubren los movimientos del premier cuentan que hay una guapa moza en su escuadra de prensa que viaja con él a todas partes aunque no sabe hacer la “o” con un canuto. Su asesora de imagen, Miti Simonetto, le cubre las flaquezas como puede e intenta que el César parezca honrado.
Como ha afirmado Lario, la historia política que está en juego va mucho más allá del caso Noemi. La pobre Noemi es sólo la última víctima de este gigantesco Gran Hermano. ¿Será la casa, Villa Certosa, como Las mil y una noches, un búnker de lujo algo hortera con juegos eróticos? ¿O ‘Berluscolandia’? ¿O quizás algo peor y más lujurioso?
Pero no sufran las almas cándidas. Ninguno de los miles de visitantes de Villa Certosa ha hablado nunca de sexo. Allí no hay sexo. Lo más, helado y como otros visitantes han confesado, la finca siempre está llena de jovencitas bellísimas, que pasean y se bañan, se duchan y se exhiben. Lo más complicado para Berlusconi no será justificar estas fotos, que ya ha definido como “inútiles”. El problema es que haya otras más comprometedoras.