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Vladimir Katriuk, el fallecido genocida nazi

Katriuk hizo parte de una unidad militar ucraniana al servicio del ejército de Adolfo Hitler. En el último año, Moscú lo pidió en extradición a Canadá, donde vivió desde los años cincuenta.

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Redacción Internacional
02 de junio de 2015 - 12:49 a. m.
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Vladimir Katriuk vivía en Ormstown, Canadá, cerca de la frontera con Estados Unidos, y era criador de abejas. A los 93 años, Katriuk era ya un pasivo adulto mayor que no presentaba conflictos en su sociedad.

Sin embargo, varias entidades judías tenían de él una imagen por completo distinta: lo acusaban —y tenían pruebas explícitas— de haber participado en numerosas masacres contra el pueblo bielorruso y judío a principios de los años 40, cuando Katriuk se enroló en una unidad militar ucraniana a las órdenes del ejército nazi.

Katriuk —está registrado en documentos que fueron desclasificados en 2008— fue una de las personas que masacró, por ejemplo, a los habitantes de Katyn (entonces Unión Soviética) en 1943.

Los nazis incendiaron una granja y encerraron allí a más de 200 personas de la zona, como una forma de retaliación contra el gobierno soviético, con el que Adolfo Hitler había roto relaciones. Quien salía de la granja era asesinado. La descripción que se da de Katriuk durante la masacre es diciente: “particularmente activo en la atrocidad”.

El diario The New York Times dedica un perfil a Katriuk con base en las voces del Centro Simon Wiesenthal y del abogado de Katriuk, Orest Rudzik. El centro puso a Katriuk como el segundo militar nazi más buscado en la actualidad —después de Gerhard Sommer, alemán— y lo ha acusado del asesinato de “judíos y no judíos” en varios lugares.

Por esa razón, a principios de los noventa, Canadá comenzó una investigación en su contra y pretendió quitarle la nacionalidad de ese país, que, de acuerdo con las autoridades, fue adquirida de manera irregular. Katriuk fue, casi toda su vida, una persona sin ciudadanía.

Nació en Bielorrusia cuando este país oscilaba entre un territorio propio y la colonización por parte de Rumania. Luego terminó en París, en un negoció de empaques, y después emigró a Canadá. Un juez canadiense, a pesar de que recordó que sus papeles de nacionalidad tenían un extraño origen, aseguró que Katriuk no tenía antecedentes y que las pruebas en su contra eran frágiles. Un nuevo intento fue anulado después a causa de su edad.

Sin embargo, en el último año el gobierno ruso lo pidió en extradición, como principal afectado por las masacres que entonces se cometieron en la zona. El gobierno canadiense respondió con evasivas y decidió cerrar el caso, justo en un momento diplomático donde Rusia tiene unas relaciones desastrosas con el resto del mundo por su intrusión en Ucrania.

Katriuk siguió, entonces, su vida normal en Canadá sin que se lo juzgara por ningún delito, como ha sucedido en los últimos años con numerosos jefes militares nazis que han sido apenas señalados y recordados por la comunidad judía, pero no han tenido un juicio justo por razones que varían desde la muerte de los testigos hasta el olvido y la falta de pruebas 70 años después del término de la guerra.

 


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Por Redacción Internacional

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