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Con un lacónico comunicado de Xavier Romatet, presidente del grupo editorial Condé Nast Francia, anunció la salida de una de las cabezas emblemáticas de la contestataria revista de moda Vogue Francia, Carine Roitfeld, tras el escándalo que generaron las fotos de unas niñas posando como adultas.
Como si fuera parte de un juego infantil, estas fotos dieron al traste con 10 años de éxito construyendo una imagen y un estilo que la ex modelo Carine Roitfeld denominó PornoChic, una década que había culminado por lo alto cuando el año pasado celebraron 90 años de la revista más provocadora de la moda, hasta que la provocación dejó de ser un juego.
Aunque ningún vocero del grupo confirma que la salida de la editora jefe Carine Roitfeld es consecuencia directa del escándalo que causó la editorial del número de diciembre, sí es cierto que los principales medios europeos (El Mundo, Il Corriere della Sera, entre otros) han registrado la molestia de los anunciantes y de los defensores de derechos de los menores.
Aunque el artículo trata de esa fascinación infantil de imitar a las madres, y en ningún momento invitaba directamente a volver objetos de deseo a las pequeñas, las imágenes del fotógrafo Sharif Hamza en las que las menores entre los 5 y los 8 años aparecen maquilladas, vestidas y posando como adultas con accesorios, zapatos de tacón y complementos de Versace, Yves Saint Laurent, Bulgari, Boucheron, Balmain, causaron escozor entre organizaciones atentas a la protección de menores y anunciantes del grupo Condé Nast.
Sin confirmarlo, así lo sugirió el diario El Mundo en su artículo del pasado miércoles cuando afirma que: “Circula por los mentideros parisinos el rumor de que fue el mismísimo Bernard Arnault, presidente del gigante del conglomerado de lujo, LVMH, y uno de los hombres más ricos del mundo, quien llamó personalmente a Romalet para advertirle de que su grupo de empresas eliminaría a Condé Nast de sus planes de medios si no tomaba cartas en el asunto”.
Cierto o falso, a la nueva editora, Emmanuelle Alt, le quedará más difícil jugar con imágenes ambigüas que puedan entenderse como una invitación a la pedofilia pues la sensibilidad mundial en torno al tema está a flor de piel. Algo que Roitfeld y su colaborador invitado para esta polémica edición, el gran diseñador Tom Ford, intuyeron pero, tal vez, no alcanzaron a medir.