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Al menos desde 1960, Estados Unidos ha transitado lentamente por el camino que va desde la radical prohibición del cannabis hasta una mayor aceptación. La legalización en la capital del país, aprobada el martes mediante referendo, es una victoria simbólica por ser Wahington D.C. el lugar de nacimiento de la fallida “guerra contra las drogas”.
En la capital estadounidense se había aprobado la venta de marihuana medicinal desde 1998, pero las trabas impuestas por el Partido Republicano postergaron 11 años la promulgación de la ley. El primer dispensario de marihuana medicinal se abrió finalmente el año pasado. Además de la capital, otros 23 estados del país han legalizado el uso medicinal del cannabis.
Pero sólo en 2012 los estados de Washington y Colorado dieron el histórico paso de legalizar la comercialización y posesión en pequeñas cantidades con fines recreativos. Desde entonces no se daba un giro tan importante en la política del cannabis como el que acaba de presentarse en la capital estadounidense. Y no sólo en la capital, también Oregón y Alaska aprobaron iniciativas similares.
Los ciudadanos de Washington votaron por permitir a los adultos mayores de 21 años poseer poco más de 50 gramos, entregar (no vender) hasta 25 gramos a otros adultos y cultivar hasta tres plantas en sus casas. Bajo esta medida, la venta sigue siendo ilegal, pero el Consejo del Distrito de Columbia está considerando impulsar un proyecto de ley para la regulación y los impuestos de la venta, una medida similar a las que rigen en los estados de Colorado y Washington, donde podrían representar alrededor de US$800 millones las ganancias en los próximos años.
La legalización del cannabis en Washington D.C., sin embargo, aún está sujeta a la revisión en el Congreso y representantes republicanos como Andy Harris han dejado claro sus planes de impugnarla. No sería extraño que, como sucedió con el cannabis medicinal, la oposición en un Congreso ahora dominado por el Partido Republicano intente dilatar al máximo la promulgación de la ley.
* En el patio trasero del Congreso
A nivel federal, el cannabis sigue siendo ilegal. EE.UU. sigue siendo defensor del modelo tradicional que lo considera una droga más peligrosa que la cocaína y tan dañina como la heroína o el LSD. No obstante, frente a las iniciativas que han surgido en diversos estados durante los últimos años, el presidente Barack Obama ha tenido una especie de liderazgo sin palabras.
En vez de tomar medidas para presionar a los estados a cumplir la ley federal al pie de la letra, Obama ha permitido que experimenten con políticas alternativas y ha creado limitaciones necesarias, como no permitir la venta a menores, la no intervención de grupos criminales, la no venta fuera del sistema estatal, que no se permitan la violencia ni el uso de las armas y que no haya cultivos en espacios públicos.
Esa actitud marca cierta flexibilización en la postura de Obama frente a la guerra contra las drogas, aunque no haya cambios en el plano más formal. La legalización en la capital puede ser la semilla de esos cambios, precisamente porque Washington D.C. es el hogar de las agencias federales que han impulsado el modelo prohibicionista en el país y el mundo. Ahora que el cannabis es legal allí, será cada vez más difícil ignorar la creciente aprobación social de esta droga, así como las ganancias y los réditos políticos que pueden traer los modelos alternativos.
Ethan Nadelman, director ejecutivo de Drug Policy Alliance, dice a este diario que “no sólo Washington D.C. ha enviado un mensaje, sino también Oregón y Alaska. Pero dos cosas hacen distinto al D.C.: es el patio trasero del Congreso, por lo que los cambios en las políticas de la marihuana son literalmente visibles para los miembros del Congreso al ir y volver de su trabajo, y el Congreso tiene poder sobre la legislación de D.C. en formas que exceden su autoridad sobre la legislación estatal”.
Los avances en Colorado, Washington, Alaska, Oregón y Washington D.C. son suficiente evidencia de la creciente aprobación social del cannabis. Nunca en el país norteamericano se había visto una aceptación tan masiva como hoy. Siendo así, parece imposible que la legalización no sea un tema importante en los debates de las elecciones presidenciales de 2016. Y una vez el principal consumidor del planeta empiece a contemplar alternativas a nivel federal, se acelerará también el cambio en el debate internacional.
Beau Kilmer, uno de los más reconocidos expertos en política de drogas en EE.UU. e investigador de Rand Corporation, coincide en que “todas las recientes votaciones envían una señal al gobierno federal. Mientras tanto la administración Obama tolera estos experimentos, pero vamos a tener un nuevo presidente en 2017 que podría cambiar este enfoque. Será fascinante ver cómo se desenvuelve el asunto, especialmente en el patio trasero del Congreso”.
dsalgar@elespectador.com
@DanielSalgar1