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Son de poca monta los papeles que generaron el escándalo por la publicación del libro de Gianluigi Nuzzi, Su Santidad. Las cartas secretas de Benedicto XVI, aunque es muy grave que se hayan obtenido mediante el trámite criminal de extraer algunos de ellos —no todos— de la oficina del papa. La mayoría eran papeles no archivados y sus temas ya habían sido filtrados en otros documentos.
De ellos son importantes los referentes a la Eta, el balance de la Fundación Ratzinger, notas sobre Marcial Maciel —fallecido fundador de los Legionarios de Cristo, acusado de pederastia— y otras generalidades ya sabidas con referencia a la Secretaría de Estado, como algunas cartas del depuesto presidente del poderoso Instituto para las Obras Religiosas (IOR), más conocido como el Banco Vaticano, Ettore Gotti Tedeschi.
Prestarse para revelarlos a todo el mundo es el crimen del mayordomo Paolo Gabriele, miembro de la llamada “familia pontificia”, integrada por quienes están al cuidado del pontífice. La destitución del mayordomo, ciudadano vaticano que vive con su señora y tres hijos en el Vaticano, y su prisión, calificada gentilmente en la Santa Sede como “días de silencio y de oración”, a pesar de que ocurrió con un día de diferencia con la destitución de Gotti Tedeschi, como dicen aquí los banqueros laicos “sin presión de la Secretaría de Estado”, ponen a la administración vaticana en jaque en su dimensión temporal, pero con indudables repercusiones en su credibilidad pastoral.
Lo grave de este caso no sólo es el asalto a la intimidad del papa, puesto que los papeles no habían sido archivados, sino la coincidencia con los desacuerdos en el Banco IOR, que unidos señalan —como es cierto— un complot contra las más altas autoridades vaticanas.
No se puede, en efecto, relativizar la autoridad del cardenal Tarcisio Bertone y la certeza de su poder, ya que por tradición a la Secretaría de Estado no se le discute. En cambio, es para los laicos que administran recursos y decisiones financieras o de cualquier tipo un verdadero triángulo de las Bermudas cuando tienen la desdicha —como ahora— de no ser monolíticos en las metas a lograr, en los intereses a favorecer, en los instrumentos a emplear.
Esta semana se tocó un instrumento vital del poder temporal y cualquier noticia que de allí provenga pone en tela de juicio la honorabilidad que sólo se defiende con el martirio del silencio o con el “esplendor de la verdad”. Se trató de mostrar a Gotti Tedeschi como uno de los que filtraban noticias y los acusadores tuvieron que bajarle rápidamente de volumen a las acusaciones, debido a que si el exbanquero habla no sólo es dueño de informaciones sino de las circunstancias de las decisiones tomadas.
Se intentó hacer del mayordomo del papa “un gran cuervo”, luego de que el jefe de la Gendarmería, Domenico Giani, lo detuviera. Es un “topo” que no pasará de ser un pequeño “chivo expiatorio”, ya que los tiempos no están para aplicar la ley en estratos superiores, pero eso llegará luego de un pacto de “confesión”, de cuyos verdaderos protagonistas sólo se hablará en décadas.
Probablemente, el mayordomo será condenado por el juez único Picardi Nicola e indultado seguidamente por el papa. Por todos lados se intenta presentar el caso de las filtraciones de los documentos pontificios con una “gravedad plena”.
Como he dicho, lo único que es grave es que hayan salido del escritorio del pontífice, por aquello de la confidencialidad y de la autenticidad, y es de imaginar que se trate de fotocopias y no de originales.
La pregunta es mucho más esclarecedora y no es otra que la de averiguar qué gran personaje del interior del Estado le ha encargado a un simple sirviente fotocopiar para hacerle llegar esos documentos luego a un editor, que los ha hecho conocer de todos como la piedra de la corona.
Queda en evidencia la fragilidad de un pontífice que requiere urgentemente de un nuevo secretario de Estado capaz de manejar circunstancias adversas y de preparar adecuadamente la fase final de un pontificado robusto doctrinalmente pero famélico —según dicen aquí— administrativamente.
¿Qué piensa el papa?
El papa es consciente de que la crisis de la Iglesia es de sentido, de coherencia con el mensaje de Jesucristo, y quiere insistir en ello. Pero el ente político de la Santa Sede no es extraño a esta línea de separación que sitúa al pontífice entre el ayer y el hoy, entre los defectos del testimonio cristiano y la exigencia de procurar una institución modelo que no ahogue, en medio de los escándalos cotidianos, los continuos testimonios de quienes son fieles —en verdad— al Evangelio.
Esto más ahora cuando ha producido un documento excepcional como el titulado Puerta de la fe, que inaugura un año de reflexiones y de acciones, correspondiéndose con la celebración de los 25 años del catecismo —elaborado por el propio Ratzinger— y la memoria de los 50 años del Concilio Vaticano II, que en el pensar de Juan XXIII debía producir a fondo una transformación de la Iglesia, un aggiornamiento que le permitiera ir, sin temor alguno sino con optimismo, al porvenir, y que aún se espera —así sea tardíamente— los frutos que se esperaban.
Este propósito tiene a más de uno en expectativa, ya que no imaginaron nunca un papa capaz de entrar a liderar una renovación de la curia.
El expediente de Su Santidad
El libro del periodista italiano Gianluigi Nuzzi, Su Santidad. Las cartas secretas de Benedicto XVI, salió este mes a la venta en Italia y reproduce 23 documentos privados del Vaticano, sobre diferentes asuntos de índole interna e internacional. A lo largo de 352 páginas, el texto muestra cartas confidenciales al papa y al secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Tarcisio Bertone, así como documentos reservados, entre otros, de monseñor Georg Gänswein, secretario particular del papa. También incluye un documento sobre la inconveniencia de reunirse con miembros de la banda terrorista Eta en la sede de la Nunciatura en España. Otros textos hablan de encuentros con el gobierno italiano, la canciller alemana Ángela Merkel, Silvio Berlusconi, entre otros.
* Exembajador de Colombia ante la Santa Sede, profesor de la Universidad Gregoriana y actual consultor pontificio. Espere mañana: el papa en medio de las intrigas de poder en el Vaticano.