Eran las siete de la mañana del pasado domingo cuando un grupo fuertemente armado de la guardia imperial iraní irrumpió en un complejo de apartamentos al sur de Teherán donde se hallaba Maziar Bahari, un reconocido periodista y documentalista de origen canadiense. Desafiando todos los llamados de misericordia por parte de su madre, quien se encontraba en el lugar, el comunicador de 41 años fue conminado a abandonar su apartamento esposado, no sin antes de ser despojado de su computador personal, todas sus cintas de grabación, así como decenas de documentos. Desde entonces no se sabe nada de él.
Para Soazig Dollet, miembro de la organización internacional Reporteros sin Fronteras para el Medio Oriente, esto no es nada extraño, según sus fuentes, dentro del país árabe ya son 35 los periodistas detenidos desde el 12 junio, día cuando iniciaron las protestas por los resultados electorales que le dieron la reelección presidencial a Mahmud Ahmadineyad, denunciada como fraudulenta por la oposición.
“Primero se restringieron las transmisiones vía satélite, luego se cancelaron las credenciales de la prensa internacional, después se bloqueó la internet, ahora estamos recibiendo los reportes de encarcelamientos selectivos”, añade Dollet.
La revista Newsweek, perteneciente al Washington Post, al igual que el primer ministro de Canadá, Stephen Harper, condenaron abiertamente la detención de Bahari e hicieron un llamado por la inmediata liberación del comunicador. Pero según expertos, este será un proceso más largo y difícil que el que se vivió hace pocos meses con la periodista estadounidense Roxana Saberi, quien sólo fue liberada en Irán después de una agresiva e incómoda campaña diplomática estadounidense, liderada por la propia Secretaria de Estado Hillary Clinton, la cual evitó una condena de 40 años para la periodista de la BBC por presuntos cargos de espionaje militar.
“En estos momentos de extrema turbulencia los periodistas son para el régimen un objetivo político en su afán de acallar la voz del movimiento opositor, así como de evitar la expansión de su misiva al mundo entero”, explica John Nichols, analista político de la revista The Nation. El futuro de estos comunicadores dependerá de la resolución de la disputa en torno a los comicios electorales, así como al papel que tome la comunidad internacional. Por su parte Hadi Ghaemi, director de la Campaña Internacional de Derechos Humanos en Irán, con sede en Nueva York, dice que la cárcel de Evin, donde según reportes locales estarían algunos de los periodistas detenidos ha sido aislada por completo. “Se ha cortado todo tipo de comunicación con el centro de reclusión, así como todas las visitas. Lo más preocupante es que hemos recibido reportes de tortura, que como en el pasado ha sido utilizada para forzar confesiones autoincriminatorias por parte de los detenidos”.
Se espera que la suerte de todos los comunicadores detenidos no termine como el caso de Euna Lee y Laura Ling, las dos periodistas estadounidenses de origen asiático, quienes fueron sentenciadas el pasado 8 junio bajo cargos de espionaje a doce años de trabajos forzados en una cárcel de máxima seguridad en Corea del Norte. Las periodistas de Current Tv, canal fundado en 2005 por Al Gore, fueron arrestadas cuando realizaban un reportaje que denunciaba la situación de los refugiados norcoreanos provenientes de China.