
Los milicianos Huthi desfilaron en Yemen como una muestra de resistencia ante los bombardeos saudíes. /AFP
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Las dos grandes facciones del Islam, sunníes y chiíes, tienen principales representaciones políticas en Oriente Medio. Arabia Saudita e Irán, respectivamente, son los focos de poder más grandes de la región y su tenso relacionamiento escribe, por estos días, su más reciente capítulo en Yemen. Entre la inestabilidad propia de un Estado débil y los rezagos aún palpables de la Primavera Árabe, este país peninsular pasa por uno de los momentos más difíciles de su historia reciente, un escenario que tiene como último precedente el bombardeo lanzado por Arabia en territorio yemení, que de acuerdo con los reportes, pretende frenar el avance de los rebeldes Huthi (una minoría de orientación chií) hacia la ciudad de Adén.
Muchos nombres, muchos lugares y diversos intereses político – religiosos. Convendrá comenzar estableciendo la distinción entres chiíes y sunníes: los primeros consideran a Alí (yerno y primo de Mahoma) como primer Imán, a quién le otorgan cierto halo de divinidad por su vínculo sanguíneo con el profeta. Los imanes son descendientes de los hijos de Alí y son los jefes supremos, sin embargo, esta facción todavía espera devotamente la llegada del último imán, llamado Ismael, quien desapareció en el siglo XIX por medios sobrenaturales y se escondió hasta el fin del mundo, cuando aparecerá para salvar a los fieles de la tragedia.
Los segundos, los sunníes, tienen en Abu Bakr su primer referente después de Mahoma, quien a su vez es suegro del profeta. Reconocen a Alí como cuarto califa, pero no le atribuyen dimensión sobrenatural. No obstante, con la muerte de Alí, esta facción creció de manera exponencial en el mundo islámico. El nombre sunní proviene de “sunna”, que significa "código de conducta", y consiste en los preceptos que todo musulmán debe seguir en el día a día basados en la vida del profeta.
Con esto claro, regresar a la actualidad yemení resulta un asunto menos intrincado. Los Huthi son reconocidos con este nombre por cuenta de Husein Badreddin al Huthi, un clérigo musulman que en 2003 lanzó una insurrección contra el gobierno de Yemen, a manera de reclamo por la discriminación sufrida por la minoría zaydí, una rama del islám chií que aglutina a un tercio de la población total del país. La invasión estadounidense a Irak avivó el rechazo huthi a la intervención occidental en la región y en franca oposición, política y armada, se enfrentaron al gobierno de Ali Abdalá Saleh (aliado de Washington), en una guerra que se llevó la vida del propio Husein en 2004.
La situación que vive hoy Yemen es la herencia de gran parte de ese conflicto. Con el estallido de la Primavera Árabe, los Huthi elevaron sus reclamos a la capital y bajo el liderazgo de Abdel Malek, se unieron a las protestas que terminarían con la caída de Saleh en febrero de 2012. El proceso de transición que vino después dejó mucho que desear para los Huthi, quienes rechazaron frontalmente el referendo que llevó al sunní, Abdrabbo Mansur Hadi, a liderar Yemen.
Desde entonces, la guerra se libra en la capital, desde el sector político y en las regiones desde la lucha armada. El avance de los Huthi los llevó a pactar con Hadi, quien se vio obligado a renunciar a su cargo como presidente en enero pasado. Sin embargo, para Arabia Saudita, Haidi nunca ha dejado de ser el mandatario legítimo y muy preocupada por el acomodamiento de los cerca de 100.000 hombres con los que cuenta la milicia huthi, decidió el jueves bombardear los enclaves del grupo.
La reacción de Irán no tardó en aparecer: su ministro de Exteriores, Mohamed Javad Zarif declaró que “cualquier acción militar extranjera contra la integridad territorial de Yemen y su pueblo sólo aumentará los muertos y el derramamiento de sangre”. No obstante Arabia confirmó el despliegue de 150.000 soldados para continuar la operación de control, en la que cuenta con el apoyo político del Consejo de Cooperación del Golfo (con excepción de Omán) y militar de Jordania y Sudán. De otra parte, la Casa Blanca ha confirmado que el presidente, Barack Obama, autorizó la entrega de "apoyo logístico y de Inteligencia" a las operaciones militares.
A la confusión que reina en Saná se suma ahora el efecto bélico extranjero, que como si se tratara de una conspiración, otorga una casilla más a la lista de plagas que Yemen ya arrastraba hace meses: la irrupción del Estado Islámico en su territorio, la caída de los precios del petróleo, las disputas tribales entre grupos sunníes y chiíes y un Estado ausente.
Por Redacción Internacional
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