Existen miles de leyendas alrededor del origen de la yerba mate, la infusión más consumida por los argentinos. Lo cierto es que hoy, el mate tiene una penetración del 98,1% en los hogares de este rincón del Cono Sur, según las estadísticas del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM). Y le gana la pulseada al café y al té. Sin ir más lejos, sólo el año pasado se consumieron 1.688 millones de litros de mate, que en Argentina es un símbolo de amistad, de compartir.
Amargo o dulce, siempre con agua tibia para no quemar el contenido de ese recipiente que se fabrica con calabaza cruda, siempre hubo yerba en Argentina. Hasta hace un mes, cuando empezó a escasear. Y si durante el gobierno de Cristina Fernández hubo problemas con los ganaderos por el precio de la carne y las retenciones, el conflicto de turno puso en jaque al mate, cuyo precio al consumidor, en algunos casos, se elevó hasta en un 200 por ciento.
Bajo esta coyuntura, muchos molinos se guardaron la mercadería en una clara señal de especulación, en las grandes cadenas de supermercados sólo se consiguen paquetes de medio kilo y en los negocios minoristas el valor se fue por las nubes. Hoy, tomar mate y que no se lave la yerba (es decir, el mate aguado) es un privilegio recortado.
Ese chiste típicamente argentino, que encuentra a un chico y a una chica aburridos, preguntándose si tomar mate o hacer el amor, con la respuesta “y si yerba no hay…”, es una realidad maquillada. Yerba hay, y de sobra. El problema está en el primer eslabón de la cadena de producción. La Secretaría de Agricultura de la Nación publicó en el Boletín Oficial de marzo un aumento del 108 por ciento para los pequeños productores, lo que elevaba el precio del kilo de hoja verde de 0,20 a 0,38 centavos de dólar y el de la yerba de canchada o seca (la que llega a los molinos, que a su vez elaboran el producto final, listo para consumir) de 0,74 a 1,55.
El objetivo fue mejorar la situación de los trabajadores rurales de Misiones y Corrientes, provincias donde radican los más importantes campos yerbateros, y a su vez, la de los productores primarios. Pero esos incrementos no tuvieron una buena recepción en las industrias que se ocupan de la elaboración. “Si las industrias elaboradoras de yerba mate obtuvieran como resultado final la aprobación de un valor que oscilara entre 2,70 y 3,15 dólares por la yerba mate salida del molino, el conflicto se solucionaría”, explicó el director ejecutivo de la Cámara de Molineros de Yerba Mate de la zona productora, Roberto Montechiesi, que agrupa a 22 molinos asociados y 140 industrias yerbateras. Si a esos valores que propone la industria se les adicionan el Impuesto al Valor Agregado (IVA) y los costos del circuito comercial, un envase en la góndola de un supermercado podría oscilar entre 4,06 y 4,74 dólares.
Ante este panorama, Cristina Fernández montó en cólera. “No voy a tolerar precios ridículos”, disparó la presidenta, que cargó las tintas contra los empresarios: “Hablan de un precio que puede llegar a los 40 pesos (casi 10 dólares), no es de gente inteligente pensar que sólo a partir del precio se dará una mayor rentabilidad, sino a través del mayor volumen y oferta, y de incluir a mayor cantidad de gente”, manifestó la mandataria, quien amenazó con “abrir las importaciones” para que los argentinos “tomen mate como corresponde”.
Y tocó un tema sensible. El de las fronteras vedadas para los inversores extranjeros, que no pueden ingresar sus productos al país. Razón por la cual las grandes marcas están en retirada. Cristina también sugirió que podría aplicar la Ley de Abastecimiento, promulgada en 1974, que dispone la congelación de precios y dicta normas de comercialización, distribución y producción, obligando a las industrias a la prestación de servicios.
En tanto, el ministro de Agricultura, Norberto Yauhar, afirmó que el abastecimiento tiende a normalizarse y ratificó que existe un compromiso de los productores e hipermercadistas. Sin embargo, Luciano Greco, delegado de la planta de Molinos Río de La Plata en Barracas, que elaboran las yerbas Nobleza Gaucha y Cruz de Malta, denunció: “Hay miles y miles de kilos sin salir a la calle”. Y pidió por la reinserción de 23 despedidos: “Pagamos los platos rotos por algo que no nos corresponde”.
En las últimas horas, la empresa yerbatera Las Marías, que produce Taragüi y Unión poblando el 90 por ciento del mercado, recibió una multa de 17.300 dólares por incumplir el compromiso de inversión firmado hace 14 años. El Gobierno, por otro lado, le quitó los beneficios fiscales. Ante esta situación, muchos de los molinos están bajando los precios del paquete.
En un país convulsionado por las restricciones a la compra y venta de dólares, la expropiación de YPF y una inflación imposible de disimular, la yerba es otra piedra en el camino. Su único reparo parece ser el 0-800-Yerba, establecido por la Subsecretaría de Defensa del Consumidor para recibir las quejas por los precios que sacuden esa costumbre tan argentina.