El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Pensadores globales 2026. Factores de la seguridad continental: Asia a la deriva, Asia sola

Un exasesor de seguridad nacional de Japón y su llamado a “construir una estructura de paz estable, segura y viable para el continente asiático” sin depender de la política contradictoria de Estados Unidos. Decimosexta entrega.

Akihisa Nagashima * / Especial para El Espectador, TOKIO

28 de enero de 2026 - 10:00 a. m.
PIONYANG (COREA DEL NORTE), 03/01/2026.- Fotografía cedida por la agencia estatal norcoreana KCNA del líder de Corea del Norte, Kim Jong-un (d), inspeccionando una fábrica de municiones militares este domingo, en Corea del Norte. Corea del Norte lanzó un proyectil no identificado hacia el mar de Japón (llamado mar del Este en las dos Coreas), según las autoridades de Seúl y Tokio, el mismo día en que el presidente de Corea del Sur, Lee Jae-myung, tiene previsto viajar a China para una visita de Estado.
Foto: EFE - KCNA
PUBLICIDAD

La seguridad en Asia no se veía tan frágil desde la guerra de Vietnam. Cuando Estados Unidos se retiró tras una década de combates en Indochina, habían muerto entre uno y tres millones de vietnamitas y más de 58 000 soldados estadounidenses; la política interna de los Estados Unidos estaba en ruinas; empezaba un período de estanflación que duraría varios años; y muchos observadores en todo el mundo consideraban que la Unión Soviética estaba ganando la Guerra Fría. En toda Asia, que Estados Unidos hubiera abandonado a sus aliados survietnamitas parecía el presagio de un futuro aciago de inestabilidad económica y política.

Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO

¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar

Hoy, apenas una década después del anuncio de un “giro” en dirección a Asia por parte del presidente Barack Obama, el compromiso de Estados Unidos con la región es tan tenue como en 1975. Es verdad que los tratados formales de defensa mutua con Japón, Australia, Nueva Zelanda, Filipinas y Corea del Sur siguen en vigor, y que Estados Unidos conserva bases (y el derecho a instalarlas) en muchos otros lugares, incluido Singapur. Pero las relaciones entre la administración Trump y los gobiernos de las democracias asiáticas distan mucho de las que suelen darse entre viejos aliados. En vez de eso, se parecen más a las que se ven en las transacciones comerciales, sin ninguna consideración hacia los valores compartidos y las cuestiones de seguridad.

Otra vez abandonados

A los líderes democráticos de Asia, la situación les provoca una ominosa sensación de “déjà vu”. Muchos saben lo rápido que se desmoronaron después de 1975 las estructuras de seguridad estadounidenses establecidas en la región tras la Segunda Guerra Mundial. En el transcurso de cuatro años, los victoriosos comunistas vietnamitas establecieron la hegemonía en Indochina mandando a su experimentado ejército a invadir Camboya, derrocando al régimen asesino de los jemeres rojos y poniendo en riesgo la viabilidad de la monarquía tailandesa.

Read more!

En tanto, la flota de la URSS en el Pacífico (entonces parte de la segunda mayor armada del mundo) se instaló en una gigantesca base naval que había construido Estados Unidos en la bahía de Cam Ranh, en la costa sudoriental de Vietnam. El derecho a instalar bases en Vietnam permitió al Kremlin bajo Leonid Brézhnev proyectar el poder soviético a gran distancia en el Pacífico, lo que planteó un riesgo directo a los corredores marítimos que llevaban petróleo y gas importados desde Medio Oriente a Japón y Corea del Sur, en una etapa crítica de su período de crecimiento acelerado.

Tras realizar en 1976 sus últimos ejercicios conjuntos, la Organización del Tratado del Sudeste Asiático (el principal componente institucional de la estructura de seguridad regional diseñada por Estados Unidos) se disolvió al año siguiente. El mensaje para Japón, Corea del Sur, Filipinas, Singapur y Tailandia (que habían dado apoyo al esfuerzo bélico estadounidense en Vietnam) fue claro: a partir de ahora estrían solos.

Por suerte para esa generación, China todavía no representaba la amenaza que es hoy. Seguía atrapada en la locura de las políticas del presidente Mao Zedong, cuya Revolución Cultural había dejado heridas profundas y duraderas. Es verdad que la apertura a China del presidente estadounidense Richard Nixon (que se produjo cuando Mao estaba deshaciendo la Revolución Cultural) fue un gran avance estratégico; pero el objetivo de Estados Unidos era contrarrestar el poder mundial de la URSS, no crear una nueva estructura de seguridad regional para Asia.

Read more!

En aquel momento, todavía faltaban décadas para el impulso que daría a las economías asiáticas la transformación económica de China. La economía china post‑Mao estaba en tan mal estado que cuando Deng Xiaoping envió al Ejército Popular de Liberación a Vietnam para “castigarlo” por invadir Camboya, los vietnamitas derrotaron al EPL con facilidad (y unos 25.000 soldados chinos murieron en un mes). Deng aprendió la lección: China estaba tan atrasada que tenía que cambiar, y pronto, si quería sobrevivir en un mundo dominado por una URSS hostil y un Estados Unidos herido pero económicamente poderoso. Fue así que aceleró la puesta en práctica de su política de “reforma y apertura” iniciada el año anterior.

La primera ministra Sanae Takaichi reavivó una crisis que Japón podía evitar: su advertencia sobre intervenir en Taiwán encendió a China y abrió un nuevo frente de tensión regional.
Foto: Agencia AFP

Un giro hacia ninguna parte

¿Qué llevó al presidente Donald Trump a dilapidar la sólida posición de Estados Unidos en Asia, construida sobre la base de aliados leales como Japón, Australia y Corea del Sur, a la que se sumaba desde hace poco tiempo una incipiente asociación estratégica con la India? La explicación tiene que estar en parte en su política aislacionista de “Estados Unidos primero”, que concede poco valor a las alianzas y somete incluso las cuestiones de seguridad más fundamentales al prisma de la negociación mercantil.

No ad for you

Es verdad que los aliados de Estados Unidos en Asia nunca tuvieron nada parecido al compromiso de defensa mutua que ofrece el artículo 5 del tratado de la OTAN. Pero ahora que Trump pone en duda incluso esa garantía que parecía tan firme, los líderes democráticos de Asia han tenido que aceptar que este gobierno estadounidense tal vez no cumpla sus compromisos de seguridad con ellos. Por supuesto, esta constatación no es consecuencia de algún momento decisivo como la caótica evacuación de la embajada estadounidense en Saigón o el “Shock de Nixon” que sufrió Japón como resultado de la apertura a China. Pero en toda la región predomina una sensación similar de abandono y traición.

¿Cómo podría ser de otro modo? Trump lanzó guerras arancelarias contra países amigos de Estados Unidos en Asia, y lisonjea a dictadores como el norcoreano Kim Jong‑un. Exige que los aliados de Estados Unidos paguen la protección estadounidense por adelantado, y sin embargo parece reacio a reafirmar los compromisos de seguridad de Estados Unidos según los tratados vigentes. En septiembre, cientos de trabajadores surcoreanos de la industria automotriz que estaban ayudando a poner en marcha una fábrica de Hyundai en Georgia fueron detenidos de mala manera, esposados y expulsados del país. Y en las negociaciones sobre acuerdos arancelarios “recíprocos”, la administración Trump ha exigido cifras astronómicas (550.000 millones de dólares a Japón y 350.000 millones a Corea del Sur) con una amenaza tácita (“o si no…”) siempre flotando en el aire. La cifra para Corea del Sur ronda nada menos que el 20 % de su PIB; si el país acepta, su economía perderá el equivalente a dos tercios de la inversión de un año.

No ad for you

El intento de Trump de montar un negocio de protección mafiosa (poniendo precio a los compromisos de defensa) es igual de dañino. Parece que pensara que a Estados Unidos la posibilidad de estacionar tropas en la isla japonesa de Okinawa y en Corea del Sur y de construir instalaciones navales, aéreas y militares en la isla filipina de Luzón (a un paso del Mar de China Meridional y del estrecho de Taiwán) no le reporta ningún beneficio. Aparentemente, al actual gobierno estadounidense lo tienen sin cuidado los intentos del presidente chino Xi Jinping de convertir ese mar en un lago de China.

Librados a nuestra suerte

Por supuesto, la coerción estadounidense no es nada nuevo para los asiáticos. Lyndon Johnson presionó a Australia y Corea del Sur para que enviaran tropas a Vietnam, y Ronald Reagan hostigó al primer ministro japonés Yasuhiro Nakasone para obligarlo a firmar el Acuerdo del Plaza (un hito clave en el camino hacia dos décadas perdidas de crecimiento en Japón). Los líderes actuales comprenden que, igual que hace cincuenta años, tendrán que tomar medidas para promover la seguridad y proteger la prosperidad económica de sus países.

No ad for you

La retirada estadounidense de Vietnam auguraba un largo período de inseguridad e incertidumbre económica. Pero muchos países asiáticos consiguieron estabilizar sus posiciones adoptando políticas que, además de impulsar un auge económico regional, también establecieron nuevos mecanismos para la mejora de su seguridad.

Los gobiernos de toda la región reconocieron que la dependencia total de Estados Unidos ya no era una estrategia viable. Los del sudeste asiático (tal vez porque se sentían los más vulnerables en el vacío de seguridad dejado por la retirada de Estados Unidos) redoblaron la apuesta por el modelo exportador de desarrollo que habían adoptado bajo el paraguas de la protección estadounidense.

Si Washington no se comprometía con la seguridad de la región, los gobiernos asiáticos iban a conseguir compromisos nuevos del sector privado estadounidense. Las empresas estadounidenses serían sus aliadas en el debate sobre la seguridad asiática en los Estados Unidos. Al final, estas iniciativas superaron con creces las expectativas más optimistas de la dirigencia política. Hasta bien entrados los primeros años de este siglo, la inversión extranjera directa estadounidense fue la principal fuente de inversión en la región.

No ad for you

Hoy los líderes asiáticos siguen estrategias de autosuficiencia similares. Un ejemplo es Japón, que ha estado particularmente activo. Cuando en su primera presidencia Trump abandonó el Acuerdo Transpacífico, el primer ministro japonés Abe Shinzo (quien, como era su costumbre, supo ver de dónde soplaba el viento antes que nadie) salvó la iniciativa y reunió a doce economías dinámicas bajo el Acuerdo Amplio y Progresista de Asociación Transpacífico.

Asimismo, bajo el liderazgo del primer ministro malasio Anwar Ibrahim, los once países que componen la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático eliminaron barreras al comercio y la inversión transfronterizos. Y la India, a la que en agosto Trump aplicó un arancel del 50 %, empezó a reorientar su comercio hacia nuevos socios regionales.

Pero los avances más importantes de los gobiernos asiáticos se ven en el área de la seguridad. Aquí también Japón asumió un papel de liderazgo e impulsó una cooperación más estrecha en el contexto del “Quad” (el cuadrilátero de naciones formado por Japón, Australia, Estados Unidos y la India). Además, se prevé que el presupuesto de defensa japonés (que ya crecía antes de que Trump volviera a la Casa Blanca) acelere su expansión. Y que nadie se deje engañar por la cifra de 2 % del PIB de la que se suele hablar; también se están destinando grandes sumas a otros sectores que reforzarán las capacidades militares de Japón.

No ad for you

Japón debe ver el momento actual como una oportunidad para resolver viejas vulnerabilidades estructurales derivadas de una excesiva dependencia de los Estados Unidos y asumir un mayor liderazgo en la promoción de la seguridad regional. Ya se ven algunos pasos trascendentales en esta dirección, empezando por un aumento masivo del intercambio de inteligencia entre las democracias asiáticas. Resulta particularmente importante la reactivación de un acuerdo al respecto entre Japón y Corea del Sur.

El nuevo presidente surcoreano, Lee Jae‑myung, se comprometió a mantener el acuerdo cerrado por su destituido predecesor con Japón. Es un avance importante para la relación bilateral, sujeta por mucho tiempo a fuertes oscilaciones según las alineaciones partidarias internas.

En general, los seguidores de Lee más izquierdistas se opondrían a un acuerdo de este tipo. Pero parece que las condiciones regionales y geopolíticas lograron que todos entiendan que no es momento para divisiones ideológicas en cuestiones de defensa. Lee respalda las declaraciones de su gobierno con dinero, y anunció que tiene intención de aumentar el gasto en defensa mucho más de lo que se esperaba. Quiere que Corea del Sur tenga la cuarta industria de defensa más grande del mundo en 2030.

No ad for you
Gyeongju (República de Corea del Sur), 29/10/2025.- Manifestantes surcoreanos corean consignas cerca del lugar de encuentro entre el presidente estadounidense Donald Trump y el presidente surcoreano Lee Jae Myung durante una concentración contra la visita de Trump al Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en Gyeongju, Corea del Sur, este miércoles. Corea del Sur será la sede de la reunión anual de la APEC 2025 en Gyeongju del 29 de octubre al 1 de noviembre.
Foto: EFE - JEON HEON-KYUN

Después del pacifismo

De cara al futuro, la política de seguridad de Japón seguirá el principio de hacer un “aporte proactivo a la paz internacional”, todo lo contrario de la postura de “pacifismo de un solo país” que dominó la política exterior japonesa en el pasado. Este cambio de estrategia viene tomando forma desde los tiempos de Abe. Sus principales características son el aumento del gasto en defensa; la obtención de capacidades de contraataque; la flexibilización de restricciones a las exportaciones de defensa; la creación de mecanismos oficiales de asistencia para la seguridad con vecinos como Indonesia, Filipinas y Vietnam; y la reconsideración de los “tres principios de no nuclearización” (no poseer armas nucleares, no producirlas y no permitir su introducción).

Para poner en práctica esta estrategia, Japón debe crear una agencia nacional de inteligencia como las que ya existen en las principales potencias mundiales. Felizmente, las nuevas iniciativas de Japón en materia de seguridad militar y económica (centradas en promover capacidades locales en semiconductores, construcción naval, espacio, computación cuántica, inteligencia artificial, minerales críticos y energía nuclear de próxima generación) ya están dando lugar a una arquitectura de seguridad indopacífica más interconectada.

No ad for you

Mediante una cooperación más profunda con socios como Corea del Sur, Australia, la India y los miembros de la ASEAN, los esfuerzos japoneses pueden servir de complemento y refuerzo ante la postura cada vez más ambigua de Estados Unidos en relación con sus compromisos de seguridad tradicionales. Esa cooperación puede aliviar la carga estratégica de la presencia de Estados Unidos en la región (uno de los objetivos en los que más insiste la administración Trump) y así hacerla más sostenible. Este último punto es esencial, porque Estados Unidos sigue siendo la única potencia capaz de brindar el nivel de poder de disuasión y fuerza de contrapeso que se necesita para hacer frente al ascenso de China.

Pero subsiste el hecho de que la tarea monumental de estabilizar lo que tal vez sea el entorno estratégico más tenso y complejo desde la Segunda Guerra Mundial no puede asumirla Estados Unidos solo. Para construir una estructura de paz verdaderamente estable, segura y viable para toda Asia es indispensable una estrecha coordinación entre los países afines de la región, empezando por un Japón consciente de la necesidad de asumir un papel de liderazgo.

No ad for you

* Akihisa Nagashima fue asesor de seguridad del primer ministro de Japón Shigeru Ishiba y miembro de la Cámara Baja del parlamento japonés. Copyright: Project Syndicate, 2025. www.project-syndicate.org

Por Akihisa Nagashima * / Especial para El Espectador, TOKIO

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.