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Torre de Tokio: adiós, Sánchez Dragó

Columna para acercar a los hispanohablantes a la cultura japonesa.

Gonzalo Robledo * @RobledoEnJapon / Especial para El Espectador, Tokio

15 de abril de 2023 - 09:00 p. m.
Foto tomada del Twitter de Sánchez Dragó.
Foto: Archivo Particular
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Un funcionario español me pidió hace años presentar en el auditorio de la Universidad de Naciones Unidas en Tokio una conferencia titulada “Hidalgos y samuráis”, redactada y leída en su habitual tono engolado por el escritor Fernando Sánchez Dragó. (Recomendamos: Más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).

Se trataba de explicar las relaciones históricas entre España y Japón, haciendo hincapié en algunas semejanzas simbolizadas en las cualidades más comentadas de sus respectivas castas guerreras, como la ética y el honor.

El paralelo histórico había sido ya estudiado por otros autores y la conferencia de Sánchez Dragó, autor célebre en España, pero nunca publicado en Japón, se encargaría de recrearlo.

El texto de Sanchez Dragó fue traducido al inglés y al japonés, y sería leído por sus respectivos traductores desde sus cabinas para un público compuesto de diplomáticos, empresarios japoneses y académicos de diversas nacionalidades. Un par de horas antes de empezar el acto tuve oportunidad de leerlo y confirmar que contenía una oda a José Millán-Astray, el fundador de la Legión Española, propagandista de Francisco Franco y recordado por patrocinar la publicación en su país del Bushido, el código de comportamiento samurái.

Por conocer la filiación socialista del funcionario español de mayor rango que estaría sentado en la primera fila, vaticiné un desplante en toda regla y lo imaginé corriendo hacia la puerta en cuanto Sánchez Dragó iniciara su apología del espíritu marcial tan ligado al régimen que mantuvo a España sin partidos políticos de oposición durante casi cuatro décadas.

Comenté mis temores al escritor y, como su texto original excedía con creces el tiempo asignado para su lectura, le sugerí recortar las partes más gráficas de su imaginería fascista.

Un escenario vinculado a las Naciones Unidas no era el más apropiado, argumenté y añadí que un público tan variado e internacional se beneficiaría del paralelo cultural y de los aspectos más generales contenidos en su disertación. Sánchez Dragó se negó. Luego frunció el ceño, agarró el manuscrito, me lo entregó y antes de salir a tomar un café me dijo: “Lo dejo en tus manos”.

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Subí corriendo a las cabinas de los traductores y con un lápiz cruzamos varias parrafadas de retórica nacionalista y creo haber visto volar un águila imperial.

Al invitarlo al escenario hice una breve introducción protocolaria y concluí: “Señoras y señores, créanme que no hay labor más difícil que encontrar palabras para presentar a un gran profesional de la palabra”.

Sánchez Dragó subió en medio de los aplausos y, con el texto tachado en una mano, me guiñó un ojo cómplice que recordé agradecido cuando vi su última imagen en Twitter, horas antes de decirle adiós a este mundo con un gato encaramado en su cabeza.

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* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.

Por Gonzalo Robledo * @RobledoEnJapon / Especial para El Espectador, Tokio

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