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Considerado el barrio con más tiendas de libros usados del mundo y visita obligada de todo bibliófilo que llega a Tokio, Jinbocho recibe un merecido homenaje en la novela Mis días en la librería Morisaki, publicada este año en español (sello Q Plata).
El hilo conductor es la vida sentimental de la protagonista, Takako, sobrina del dueño de la ficticia librería Morisaki, una de las casi 170 compraventas de libros, algunas de ellas especializadas en literatura infantil de épocas remotas, manuscritos originales raros, guiones de teatro noh o poesía clásica china. (Recomendamos más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).
Después de sufrir un desengaño amoroso y perder su empleo, Takako, una mujer de 25 años con poco interés en los libros, es invitada por su tío a trabajar como dependienta en la librería y vivir en la trastienda.
Al vivir rodeada de una muy bien escogida colección de autores japoneses, Takako no tarda en encontrar un relato que la atrapa y le da a conocer el poder que tiene la buena literatura para obrar cambios en nuestras vidas mostrándonos diferentes perspectivas de las cosas.
Por momentos, la novela, firmada por Satoshi Yagisawa, parece un folleto promocional del barrio y a la lista de autores le añade explicaciones sobre cómo se mantiene la frágil economía de un mercado cada vez más amenazado por los libros digitales. En la segunda parte, los libros pasan a un segundo plano y las relaciones personales se apoderan de la historia. El lector aprende sobre los sentimientos de los japoneses y confirma que los hombres del archipiélago nipón también padecen la proverbial dificultad para comunicar sus emociones.
Los residentes que visitamos Jinbocho como vendedores ocasionales de libros y catálogos físicos acumulados debido a nuestro trabajo en oficinas y casas, echamos de menos en la novela una buena explicación sobre el origen de los muchos tesoros bibliográficos provenientes de defunciones, quiebras, donaciones o subastas. También se omiten los centenares de restaurantes de curry originados, según una vieja leyenda urbana, en la posibilidad de comer el plato de origen hindú con una cuchara en una mano mientras se sostiene un libro con la otra.
Como en Jinbocho es posible encontrar libros en otros idiomas, muchos escritores extranjeros se atreven a explorar y algunos de ellos vuelven a su país con alguna rara edición que atesoran como un gran souvenir de su visita. Mi admirado Juan Gabriel Vázquez compró, en 2009, una edición en inglés de La llave, de Junichiro Tanizaki, el relato de la vida íntima de una pareja que reaviva su amor a través de deseos ocultos y fetiches. El libro es un compañero ideal para contrarrestar la parca sensualidad de Mis días en la librería Morisaki.
* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.