Publicidad

Torre de Tokio: religión y Estado

Columna para acercar a los hispanohablantes a la cultura japonesa.

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Gonzalo Robledo * @RobledoEnJapon / Especial para El Espectador, Tokio
04 de septiembre de 2022 - 02:00 a. m.
El reciente asesinato de Shinzo Abe generó sorpresa e indignación en Japón y el mundo, así como una oleada de mensajes de condolencia. Imagen captada durante su funeral.
El reciente asesinato de Shinzo Abe generó sorpresa e indignación en Japón y el mundo, así como una oleada de mensajes de condolencia. Imagen captada durante su funeral.
Foto: AFP - Agencia AFP
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

La práctica de aprovechar el fervor religioso con fines políticos fue llevada a niveles extremos por Japón en tiempos de guerra y vuelve a ser tema de debate en Tokio tras la muerte del exprimer ministro Shinzo Abe, asesinado por apoyar a un grupo coreano, anticomunista y cristiano conocido como la Iglesia de la Unificación. (Recomendamos leer más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).

Abe fue derribado en julio pasado por el segundo disparo de un arma fabricada por Tetsuya Yamagami, individuo de 41 años capturado en el acto y que sigue a la espera de que lo acusen, lo juzguen y lo condenen.

Yamagami citó su resentimiento contra Abe por apoyar una religión extranjera que arruinó su hogar, pues su madre donó al culto, también conocido como “la secta del reverendo Moon”, unos US$700 mil del capital familiar.

Millones de japoneses leyeron atónitos la noticia de que el asesinado político de derechas, nacionalista y militarista simpatizaba con una secta cuyo fundamento es cobrarles, en yenes, los abusos perpetrados por el ejército imperial nipón en la península coreana en la primera mitad del siglo pasado.

Donaciones millonarias como la de la madre de Yamagami tienen por objeto “expiar las culpas” de sus antepasados y convirtieron a Japón en una importante fuente de financiación de la secta, famosa por las bodas multitudinarias y el exuberante estilo de vida del ya fallecido Moon y su familia.

El partido de Abe, el Liberal Democrático (PLD), y la secta de Moon están unidos por un anticomunismo hoy obsoleto y basado en el viejo proverbio “El enemigo de mi enemigo es mi amigo”, me dice un estudioso de los contubernios de la política japonesa.

Abe pertenecía a un excelso club de ultranacionalistas llamado Nippon Kaigi, fundado en 1997 para “establecer el espíritu patriótico adecuado”, devolver el poder al emperador y dotar a Japón de un ejército ofensivo digno de la tercera economía del mundo.

Abe, quien pasó el final de su segundo gobierno (2012-2020) esquivando acusaciones de clientelismo y corrupción, y suscitó enconada oposición en los países de Asia por su visión revisionista de la historia y su abierto militarismo, será despedido a finales de septiembre con un “funeral de Estado”, una antigua fórmula de sepelio abolida, en teoría, al final de la Segunda Guerra.

Las encuestas indican que la mayoría de los japoneses consideran innecesarias unas exequias de cuestionable legitimidad con invitados de todo el mundo. Wikipedia, por su parte, quiso actualizar su panteón de los magnicidios, un pavoroso inventario donde figuran más de 30 emperadores romanos asesinados o ejecutados, pero finalmente concluyó que, por no haber estado en funciones cuando le quitaron la vida, Abe será privado del dudoso honor.

* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.

Por Gonzalo Robledo * @RobledoEnJapon / Especial para El Espectador, Tokio

Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.