Javier Pinto, un traductor colombiano que a finales del siglo XX trabajó en Tokio para una academia de idiomas sospechosa de encubrir la trata de personas y otros negocios turbios, es el protagonista de la novela “La forma de las cosas”, del antropólogo y escritor bogotano Rafael Reyes Ruiz. (Lea más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).
La historia, narrada con ecos de novela policíaca, está poblada por un elenco multicultural de personajes cerebrales que observan, analizan y desmenuzan cada diálogo o jugada.
Está ambientada en el estallido de la burbuja económica, cuando Japón comenzó lo que en la historia de la economía moderna se conoce como el período de las “décadas perdidas”.
El autor, a quien conozco por sus investigaciones sobre la presencia latinoamericana en Japón, se mueve con soltura en las relaciones entre Oriente y Occidente y aprovecha ese saber para sus historias de ficción.
A través de la trama es posible enterarse del paso por Yokohama de estrellas del jazz como Dizzy Gillespie, del profesor caribeño que enseñaba pasos de salsa en los bares de Roppongi, en el centro de Tokio, o la compra de tierras por parte de miembros del Ejército Imperial nipón en la colonia portuguesa de Macao en la primera mitad del siglo pasado.
Reyes Ruiz ha sido comparado con el autor italiano Antonio Tabucchi por su talante de viajero minucioso que convierte los recorridos por ciudades en metáforas del descubrimiento personal.
El título de la novela alude a la importancia que se le da en Japón a la forma, no solo en la estética o en las ceremonias, sino también como base de su orden social, su filosofía de vida y su manera de transmitir el conocimiento. La forma lo impregna todo, desde la apariencia respetable de la empresa de fachada hasta la etnia de su jefe que resulta ser un japonés mestizo.
Pinto, el protagonista, es un idealista que estudia el idioma con la idea de convertirse en el transmisor de la alta literatura japonesa al español y solo encuentra trabajo traduciendo manuales de electrodomésticos.
La forma engañosa de las traducciones es otra de las vertientes de una novela en la que desfilan más de diez nacionalidades. La esposa de Pinto, una alemana políglota, habla de estar en el “tenedor de la carretera”, se corrige a una “bifurcación del camino” y, finalmente, se revela que quería decir encrucijada.
Ella misma invita a investigar la etimología de la palabra “inversión” cuya acepción financiera se origina en la acción de alterar el orden, o la posición natural de algo, para obtener beneficio.
Reyes Ruiz sintetiza sus hallazgos antropológicos sobre la presencia hispanohablante en Asia y, como un sabueso académico, consigue entretener, intrigar y enseñar.
* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.