Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta política.

Torre de Tokio: Samurái desempleado

Cuando un samurái se quedaba sin empleo, por la muerte de su amo, por despido o por haber sido incapaz de reparar una falta grave con su suicidio ritual, adquiría la categoría de ronin.

Especial para El Espectador, Tokio

05 de julio de 2025 - 06:02 p. m.
Japón
Foto: Gonzalo Robledo
PUBLICIDAD

Aunque el término tiene acepciones de “vagabundo” o “disoluto” se usa en el Japón contemporáneo para aludir, con un deje de sorna, a alguien que se queda sin empleo, a estudiantes que suspenden sus exámenes de entrada a la universidad o que, por voluntad propia, deciden tomar un año para viajar o conocer algún aspecto de la vida real y tener una perspectiva más realista de su futura carrera.

Los samuráis desempleados abundaron en la era Edo (siglos XVII a XIX), período de dictadura en el que el archipiélago estuvo casi totalmente cerrado al mundo exterior y durante el cual se disolvieron grandes dominios agrícolas.

Muchos terratenientes se vieron obligados a reducir sus nóminas y, en consecuencia, los caminos y las aldeas se llenaron de guerreros que para ganarse el sustento ofrecían al mejor postor su destreza en la letal, y de ordinario bien afilada, katana.

Gracias al premio León de Plata del Festival de Venecia en 1954 a la película Los siete samuráis de Akira Kurosawa, Occidente conoció un carismático grupo de guerreros desempleados que aceptan el trabajo de defender a un pueblo empobrecido de una banda de forajidos que les roban sus cosechas de arroz.

Kurosawa dirigió su película cuando Japón estaba ocupado por Estados Unidos y, además de realizar una de las obras maestras del cine universal, creó una historia que resonó profundamente con el público japonés de una posguerra llena de miseria y vulnerabilidad.

Tras la derrota bélica de 1945, que dejó ciudades arrasadas por los bombardeos norteamericanos y pobreza generalizada, una película situada en el Japón feudal que hablaba de escasez, precariedad, lucha por la supervivencia y falta de seguridad, conectaba directamente con la mayoría.

Los siete ronin de la película, retratados con sátira y humor costumbrista, son personajes de una gran humanidad que mostraban el gran anhelo de figuras que guiaran y protegieran la sociedad nipona en su proceso de reconstrucción y recuperación.

Read more!

Borges en su “Historia universal de la infamia” recontó el famoso episodio de los 47 samuráis, un grupo de devotos guerreros que se quedan sin amo cuando su señor es obligado a suicidarse por un miembro de la corte.

Su estrategia de disolverse y hacerse casi anónimos durante casi dos años para poder vengar a su amo, los convirtió en uno de los arquetipos más citados a la hora de hablar del bushido (el compendio de ideales del guerrero) y hoy se recuerdan como el epítome del soldado leal, perseverante y sacrificado.

Por Especial para El Espectador, Tokio

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.