Muchas inmobiliarias en Occidente venden o arriendan apartamentos diminutos etiquetados “estilo japonés”, pues justifican precios suntuosos, asociando la falta de espacio con la refinada sobriedad zen. No advierten al usuario que para vivir en esos microespacios lo ideal es ser enjuto y se debe estar preparado para usar muebles plegables, ver torneos de golf en tableta y minimizar los movimientos cuando se practica yoga, karate o pasos de tango. (Recomendamos más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).
Provenir de una familia numerosa y haber crecido durmiendo en escuadrón con hermanos, padres y primos no cuenta, pues los supuestos apartamentos japoneses son espacios unipersonales que fomentan la soledad y largos períodos de introversión.
Sirve el haber vivido confinado en cuarteles, monasterios trapenses o cualquier otro recinto disciplinario donde las pertenencias personales brillan por su ausencia, ya que predisponen al futuro inquilino para la prueba iniciática del espacio japonés: la mudanza.
Impedido de atesorar objetos de recuerdo, el usuario del pretendido apartamento nipón deberá recurrir a esa despiadada Marie Kondo que todos llevamos dentro y pondrá a la venta en internet, o echará a la basura, toda la parafernalia asociada a momentos significativos de su pasado. Con el tiempo se enterará de que en Japón la gente está mejor preparada para los espacios reducidos, pues crece en habitaciones con suelo de impoluto tatami, donde los muebles son redundantes.
En el hogar japonés típico predominan los espacios polivalentes, el más escondido rincón tiene pequeños armarios empotrados y el suelo esconde despensas o bibliotecas. Cualquier tienda de barrio ofrece cajas de diversos materiales y tamaños para clasificar, almacenar y ordenar calzoncillos, sostenes, sombreros o esponjas para limpiar.
Consciente de que muchas personas no logran reprimir las ganas de comprar y acumular cosas, una popular inmobiliaria nipona ideó apartamentos de nueve metros cuadrados donde el inquilino vive literalmente arropado por sus pertenencias, como un gusano de seda antes de convertirse en ninfa, y los bautizó con el termino griego para “capullo” (pronunciado en japonés Ququri).
El aumento de apartamentos para solitarios japoneses obedece a la cada vez más generalizada convicción de que la vida en pareja es un incordio, y al descenso del poder adquisitivo provocado por la economía digital.
En Occidente, las casas unipersonales han sido criticadas por exprimir el máximo de dólares de cada metro cuadrado y bajar la calidad de la vivienda para servir a jóvenes con salarios modestos dispuestos a sacrificar espacio a cambio de estar cerca de sus empresas.
Muchos psicólogos, por su parte, advierten que vivir en espacios reducidos puede causar estrés y afectar la autoestima, y recomiendan buscar más metros cuadrados, dar cabida a la media naranja y dejar de vivir como capullos.
* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.