“¿Se llegará a un acuerdo con Irán o aniquilo a la República Islámica?”. Esta fue una pregunta que hizo el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en su discurso frente a las Naciones Unidas este martes. Una afirmación que no pasa desapercibida dentro de un recinto que fue creado como un espacio neutral para la garantía de la paz en el mundo.
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Donald Trump ha construido durante su segundo mandato un discurso en el que vincula la paz con la presión y el uso de la fuerza. Desde que llegó a la Casa Blanca, ha insistido en que, mientras otros presidentes hablan de paz, él es quien puede garantizarla. Esa visión volvió a quedar expuesta en su discurso ante la ONU, donde combinó llamados al diálogo con advertencias contra sus adversarios.
Después de afirmar que Estados Unidos atraviesa uno de sus mejores momentos, el mandatario defendió las operaciones contra las llamadas “narcolanchas” en el Caribe y el Pacífico como parte de su guerra contra el terrorismo y aseguró que quienes viajan en ellas “deberían morir y ser detenidos”. Sus declaraciones se producen pese a los cuestionamientos de organismos internacionales, que han señalado la falta de pruebas contundentes sobre el supuesto transporte de drogas en algunas de estas embarcaciones y han advertido que las operaciones estadounidenses podrían haber dejado más de 250 ejecuciones extrajudiciales.
El estilo de Trump también ha llamado la atención de analistas internacionales. Robert Tait, periodista de The Guardian, señaló que el mundo puede haberse acostumbrado a las amenazas de Trump contra Irán, que en ocasiones han sido seguidas por altos el fuego o negociaciones. Sin embargo, consideró especialmente desconcertante escucharlas en la ONU, un organismo creado después de la Segunda Guerra Mundial precisamente para prevenir nuevos conflictos.
Durante el discurso del presidente, la delegación cubana se puso de pie y abandonó el recinto mientras Trump afirmaba que “Cuba es un Estado completamente fallido, está fracasando como nunca antes y caerá”. El gesto fue interpretado como una protesta diplomática frente a las duras declaraciones del mandatario contra el gobierno cubano. Trump también aseguró que el secretario de Estado, Marco Rubio, mantiene conversaciones con el gobierno de la isla y que habrá que “ver qué sucede”.
Para Gumbiner, estas declaraciones podrían formar parte de una estrategia para preparar el terreno ante una eventual escalada de la presión estadounidense sobre Cuba, después de las acciones militares de Washington contra Venezuela e Irán. Según el exdiplomático, Trump estaría buscando generar las condiciones internacionales para impulsar un cambio de régimen sin recurrir, al menos por ahora, al envío de tropas ni a un proceso de “nation building”. En ese escenario, explicó, el gobierno estadounidense apuesta principalmente por una retórica de presión, sanciones y amenazas, con la expectativa de que estas medidas impulsen un cambio dentro de la propia isla.
Volviendo a Irán, las declaraciones de Trump también estuvieron marcadas por un tono particularmente duro. Al referirse a los efectos de las acciones militares de Estados Unidos, planteó: “¿Los envío al infierno sin ninguna posibilidad de supervivencia ni esperanza de grandeza futura o de generaciones futuras?”. Sin embargo, poco después matizó su posición y dijo que esperaba alcanzar un acuerdo con Teherán después de las elecciones de mitad de mandato, al considerar que “no tiene sentido que no lo hagan”. Trump sostuvo que Irán está esperando a conocer el resultado de esos comicios para definir su posición frente a Washington. “Están esperando a ver cómo me va en las elecciones de mitad de mandato. Lo que no entienden es que yo no soy candidato. Ya lo hice y gané por una victoria aplastante”, afirmó.
El consultor internacional señaló que este tono también refleja la tensa relación de Trump con los organismos multilaterales, particularmente con la ONU, cuyo prestigio, según Gumbiner, se ha debilitado en Estados Unidos.
Gumbiner también recordó que la retórica diplomática confrontacional no es un fenómeno nuevo y citó como ejemplos las declaraciones de Nikita Kruschev, quien llegó a decir “los enterraremos”, y de Hugo Chávez, quien afirmó que olía a azufre al referirse a George W. Bush. Sin embargo, señaló que Trump lleva este estilo a un nivel particularmente directo y crudo en sus intervenciones internacionales. “Creo que el mundo ya ha reconocido y aceptado que este es el estilo de Trump”, concluyó.
Otro rasgo del estilo de Trump ha sido presentar cifras y afirmaciones que han sido cuestionadas por medios y organismos especializados. Durante su discurso ante la ONU, negó que Estados Unidos se estuviera quedando sin municiones en la guerra con Irán y calificó de “cobardes y traidores” a quienes difunden esa información. Sin embargo, un análisis del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés) estima que entre febrero y julio Estados Unidos consumió cerca del 65 % de los misiles Patriot fabricados por Raytheon, mientras que las reservas de interceptores Terminal High Altitude Area Defense (THAAD) también se han reducido. Adicionalmente, Trump arremetió en varias ocasiones contra la ONU y sus diferentes organismos. Criticó que las Naciones Unidas estuviesen “imponiendo la agenda de extrema izquierda de burócratas globalistas” y celebró su decisión de quitar un 15 % del presupuesto de la ONU.
También dijo que la Corte Penal Internacional era “un grupo de personas malvadas” que debía dejar de investigar a Estados Unidos, justo cuando esta indaga si el país cometió crímenes de guerra al bombardear una escuela primaria de niñas en Irán durante el lanzamiento de su operación contra ese país el 28 de febrero de este año.
“Aunque Trump ha sido más vocal en ese sentimiento, hay muchos países que están perdiendo confianza en esos organismos. Trump está vocalizando lo que muchos creen: que los intereses nacionales son principales en las relaciones internacionales, y las relaciones entre países tienen que ver con cómo avanzar esos intereses mutuamente”, concluyó Gumbiner.
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