Guillermo León Escobar Herrán era el colombiano que más sabía sobre la curia de la Iglesia Católica y, en especial, sobre el poder del Vaticano. Tanto que lo llamaban “el cardenal sin sotana”, pues en la Universidad Gregoriana, en Roma, y a través del Consejo Episcopal Latinoamericano fue profesor de todos los purpurados incluidos los papas Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco.(Recomendamos: El Vaticano incluye la pedofilia en el Código de Derecho Canónico).
Nació en Armenia, Quindío en 1944, y fue un teólogo, sociólogo y diplomático que ejerció como Embajador de Colombia ante la Santa Sede durante dos periodos, primero entre 1998 y 2007 y luego desde 2014 hasta su muerte en Roma, en 2017. Varias veces escribió en El Espectador sobre lo que él bautizó “los abusos de pedofilia de algunos extraviados de sus compromisos”, refiriéndose a los religiosos que desde hoy por fin podrán ser juzgados con base en el Código de Derecho Canónico, que ahora incluyó esta conducta criminal según informó el papa Francisco.
Los siguientes son extractos textuales de algunos de los artículos que el académico escribió para este diario tocando el tema en cuestión:
Cuando Benedicto XVI asumió el papado en abril de 2005 tras la muerte de Juan Pablo II: “Todo cayó sobre él de improviso. No solo el caso de Marcial Maciel Degollado (lea aquí un perfil), fundador de los Legionarios de Cristo, sino las reclamaciones múltiples frente a otros casos particulares de religiosos complicados en acciones violatorias de la integridad de los niños confiados a su protección o prevalidos de su influencia. No solo en la iglesia norteamericana sino también la irlandesa y luego la europea , la latinoamericana y aquellas del Asia y del África.
Es cierto que muchos de esos casos venían siendo tratados directamente por el Cardenal Prefecto para la Doctrina de la Fe. Con muchas dificultades en la información ya que obtener testimonios en esos casos no siempre es fácil y hay que garantizar la “presunción de inocencia” a todo acusado hasta cuando no sea vencido en juicio.
Es curioso que este derecho que se reclama en el ámbito civil no se aplique por los comunicadores y los acusadores en el terreno de lo eclesiástico. Se quiere condena inmediata por sospecha que una vez comprobada deben ser castigados con todo el peso de la ley civil y asumidos para sanción por todo el peso de la ley eclesiástica acompañada en ambos casos del ético proceso de recuperación del culpable implicado quien luego de tantos avatares ha de merecer una segunda oportunidad para rehacer su modo de vivir y atinarle al sentido de la vida.
Se pretende, igualmente, dejar de considerar que una serie significativa de esos casos ha obedecido claramente a estrategias de manipulación en búsqueda de ventajas económicas como fue el caso del cardenal Bernardin narrado en su autobiografía “Don de Paz”, quien acusado por personas ya mayores pero que fueron discípulos suyos de jóvenes, luego someterse voluntariamente a la justicia norteamericana, de entregar (sin estar obligado a ello) su pasaporte diplomático que le confería inmunidad, fue en el juicio declarado plenamente inocente ya que se demostró que quienes lo llevaron a tribunales perseguían tan solo lucrarse de una indemnización millonaria. Y es de observar como muchos otros casos declarados inocentes por tribunales civiles por falta de prueba sólida y otros que han sido declarados prescritos ha llevado al Vaticano –por iniciativa del Papa– a ampliar más allá los términos de prescripción para ofrecer mayor transparencia .
Como es lógico estos episodios de pedofilia dejan muchas vidas destruidas, vidas de víctimas que son difícilmente recuperables a las que se suman de ordinario las vidas de muchos de esos abusadores que en buena parte fueron abusados en el ámbito familiar o en los espacios educativos elementales. También habría necesidad de tener en cuenta las vidas convertidas en escombros de quienes han sido falsamente acusados y de los que desvergonzadamente denominan los enemigos de la Iglesia como costos “colaterales” en el propósito político de dañar la imagen y solvencia moral de la Iglesia.
Cierto es que nada logra ocultar la gravedad y las dimensiones hasta ahora insospechadas de los casos de pedofilia. El Papa ha sido claro al afirmar que los tribunales son dos: El eclesiástico que ha de cumplir su tarea sancionando o liberando y el civil que -actuando a nombre de la sociedad- ha de castigar el crimen cometido una vez compruebe las veracidades de las acusaciones.
Con Marcial Maciel procedió Benedicto XVI de inmediato ya que era quien más conocía el caso y estaba cierto de su culpabilidad y lo hizo de una manera que no dejó lugar a dudas aunque para sus enemigos cualquiera decisión que se hubiese tomado siempre sería insuficiente el castigo que por lo común es lo peor para un clérigo que ha de verse suspenso “a divinis” es decir con la absoluta prohibición de ejercer como sacerdote .En el caso de Marcial Maciel su grave y final enfermedad y la muerte no permitió a los tribunales civiles hacerse a una causa penal que lo castigara merecidamente; pero vale la pena preguntarse si los ofendidos acudieron ante esos tribunales, si alguna vez fue acusado y que sucedió y con cuales resultados para que esa instancia tan eficaz en muchos casos no hubiera actuado implacablemente.
Los herederos de Maciel, sus viudas y huérfanos tienen todo el derecho a ser reparados así como sus víctima de la misma manera que han de ser sancionados quienes sabiendo lo que ocurría no pusieron en sobre aviso a las autoridades civiles y eclesiásticas aportando pruebas que solo ellos estaban en capacidad de aportar.
Los enemigos de la Iglesia fortalecidos por la puesta en evidencia de los pecados y de los crímenes de Maciel plantearon entonces la destrucción de su obra y extendieron a los Legionarios de Cristo el manto general de la sospecha y exigieron de las autoridades eclesiásticas y del Papa la descalificación institucional sin entender ni atender que en esa organización son muchos – la buena mayoría – que han llevado una vida ejemplar y son testimonio viviente del evangelio que profesan. Se pedía el cierre, el ajuste de cuentas a quienes se suponía marcados con este " pecado original .
Pero si algo caracteriza a Benedicto es su sentido de justicia. De hecho los Legionarios de Cristo y la organización laical Regnum Christi son también víctimas de Maciel. Para deslindar responsabilidades han sido intervenidos por la Santa Sede y un cardenal acompañado de eclesiásticos de primera línea buscan crear las condiciones para la continuidad del carisma. Sin embargo hay voces múltiples que no cesan en sus demandas de “castigo ejemplar” para todos -impetrando la inquisición por ellos mismos tantas veces deslegitimada- y que quisieran ver expulsados de la vida religiosa y aún de la consideración social a tantos miembros que a su vez hoy día son conscientes del engaño sufrido a causa de su fundador pero que han renovado la unidad con la Sede de Pedro”.
Antes de la renuncia de Benedicto XVI al papado:
“A este punto nos condujeron episodios como los del IOR (banca vaticana). También el escándalo de los llamados “Vatileaks” y el robo de papeles con responsabilidad del mayordomo papal, Paolo Gabriele, tan publicitado pero ignorando los divulgadores que hubo un hurto masivo y más grave de documentos que un par de años antes fueron publicados en un libro bajo el título ‘Vaticano SPA’ (Vaticano sociedad por acciones), expediente que prolongaba además cerca de 20 publicaciones documentales que siguieron al primer escándalo de documentos filtrados bajo el título “Lo que el viento se llevó en el Vaticano”.
Que hay un fenómeno desarrollado de corrupción nadie lo niega hoy día y es la misma iglesia la que ha dispuesto investigaciones profundas y definitivas. A ello se unen las acusaciones por pedofilia que laceraron el legado de ese gran pontífice que fue Benedicto XVI. Hay cosas que llaman la atención y una de ellas es que Benedicto asume por iniciativa propia el combate contra la “pedofilia” así otros intereses no le reconozcan ese hecho”.
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“Enorme ha sido la lucha interna aún frente a altísimos prelados de diferente pensar y sentir ante la crisis innegable de la Iglesia en el mundo. Había quienes consideraban, por ejemplo, que si bien era grave la pedofilia, la iglesia percibida aún por ellos como sociedad perfecta actuaba contra los infractores hacia adentro y los protegía hacia fuera para no crear escándalo, manejando la terrible ingenuidad de considerar tales hechos como pecado solamente cuando también son en plenitud : crímenes que han de ser castigados por la sociedad civil . Ha sido admirable el papa en su lucha casi solitaria, fuerte y decidido , lleno de dolor pero sin transar y sobretodo señalando con firme delicadeza a aquellos obispos que guardaron silencio y que llevan el peso de los pecados de omisión. Sin embargo el costo ha sido enorme ya que el escándalo golpea la maravillosa obra en todos los campos que cumple la iglesia ; se ha perjudicado su credibilidad porque la iglesia como referente moral ha perdido una cuota inmensa de su buen nombre y de su confianza y ha lastimado gravemente la tarea más delicada de la educación de la juventud”.
El 3 de septiembre de 2017, a propósito de la visita del papa Francisco a Colombia:
“Francisco afrontó con decisión no sólo el problema de la pedofilia y sus innumerables consecuencias, sino también aquellos del poder económico vinculados al manejo de las finanzas del Vaticano, de la destinación de los recursos generados por la economía cuya finalidad ha de priorizar fundamentalmente a los pobres, de las formas del proceder eclesiástico que no ha de percibirse como una tarea sino como una misión, de la búsqueda de la autenticidad de la vivencia del evangelio, así como la decisión superior de gobernar él mismo y por sí mismo la Iglesia y no por interpuesta persona, lo que exige el deber de decidir y de saberse responsable ante la historia.
Hay que notar, sí, que no ha habido desacuerdo con las grandes decisiones que ha tomado Francisco respecto a la pedofilia, a la corrupción y a su capacidad de emprender acciones frente a quienes ejecutan acciones anómalas, frente a los desvalidos o frente a la destinación prioritaria de los bienes de la Iglesia en beneficio de los pobres. Francisco es creíble y es fiable”.